La crisis del coronavirus

Enfermeros españoles para suplir la falta de personal en el sistema de salud alemán

Alemania tiene camas suficientes para atender a los enfermos de covid-19, pero la falta de personal sanitario se ha convertido en su talón de Aquiles

Imagen de una unidad de cuidados intensivos en Essen, al oeste de Alemania esta semana.
Imagen de una unidad de cuidados intensivos en Essen, al oeste de Alemania esta semana.FRIEDEMANN VOGEL / EFE

“Echas la solicitud y prácticamente no hay entrevista de trabajo. Estaban más pendientes de gustarme a mí que de examinarme. Es evidente la necesidad que tienen de encontrar enfermeros”. Esa fue la sensación de Juan Fernández cuando solicitó una plaza en un hospital universitario de Múnich, donde ahora trabaja en la UCI con pacientes con covid-19. Fernández llegó a Alemania hace año y medio, antes de declararse la pandemia y cuando la falta de personal sanitario ya era un problema grave en un país que necesita urgentemente trabajadores, en especial enfermeros.

La pandemia ha agravado un problema, convertido en el talón de Aquiles del sistema de salud alemán, que hasta el momento ha logrado resistir con cierta holgura los embates de la covid-19. Con 83 millones de habitantes, Alemania suma 15.160 muertos desde el inicio de la epidemia y 983.588 contagios, según los datos del instituto Robert Koch, lo que supone una cifra de fallecidos comparativamente baja en relación con otros países del entorno.

“Los hospitales tienen todavía capacidad y en caso de necesidad se pueden trasladar enfermos de un Estado a otro. Nuestro mayor problema no son las camas de UCI, sino las personas que se encargan de los enfermos”, explica por teléfono Franz Wagner, director de la Asociación Alemana de Profesionales de la Enfermería (DBFK, por sus siglas en alemán). “Tenemos un problema general de falta de personal con experiencia. Cuando se va un trabajador, estamos tardando medio año en cubrir el puesto. Hay hospitales que tienen que cerrar unidades enteras por falta de personal”, añade.

De momento, asegura Wagner, no están doblando turnos de forma generalizada, pero el número de enfermeros en cuarentena no deja de aumentar. “La preocupación de todos es qué va a pasar en las próximas semanas. Hasta ahora hemos tenido la suerte de tener pocos pacientes, pero no sé qué hubiéramos hecho de haber tenido tantos enfermos como en España o Italia”. Las restricciones de movimiento entre países no han hecho más que agravar la situación. “El mercado es global y hay una competición para ver quién se hace con más enfermeros. Suiza y Austria, por ejemplo, ofrecen mejores condiciones que Alemania”, afirma.

Los cálculos de la DBFK indican que harían falta unos 100.000 profesionales de enfermería en todo el país. La Asociación Alemana de Cuidados Intensivos y Emergencias (DIVI) calcula que en las UCI la cifra de puestos que faltan por cubrir oscila entre 3.500 y 4.000. “Tenemos una falta dramática de personal de enfermería”, alertaba el mes pasado su presidente, Uwe Janssens, en la prensa alemana, quien recordaba que en esta epidemia hay camas y respiradores suficientes, pero que la escasez de personal es “un problema mucho mayor”.

Primas por trabajar en grandes ciudades

Los datos de la OCDE sitúan a Alemania a la cabeza en camas de UCI con 33,9 por cada 100.000 habitantes frente a las 9,7 de España, por ejemplo. La oficina federal de Estadísticas indica que en las últimas décadas, desde 1991, las camas de UCI han aumentado un 36%, mientras que el resto de camas de los 1.925 hospitales del país han caído un 25%. Desde el pasado abril, el instituto Robert Koch y la Asociación de Cuidados Intensivos (DIVI) mantienen un registro diario de la ocupación en cada hospital. Los datos de este miércoles indicaban que de las 27.816 camas de UCI registradas en el país, 22.041, el 79%, están ocupadas. En total, 3.781 están ocupadas por pacientes con covid-19, de ellas 2.214 (el 59%) con respirador.

La dificultad para encontrar personal se agrava en ciudades grandes, donde el coste de la vida es más elevado. Allí, hay hospitales que desde hace tiempo ofrecen primas de miles de euros solo por entrar allí a trabajar, de las que se va haciendo periódicamente eco la prensa alemana. Conoce bien la situación Borja López de Castro, director en Enfermeras Alemania, una consultora de empleo que ayuda a unos 80 enfermeros cada año a trabajar en los principales hospitales alemanes. España, América Latina e Italia son los principales países con los que trabajan. Confirma que la demanda de enfermeros de fuera es ahora mayor ―“hay más plazas de las que podemos cubrir”―, pero que no ha dejado de crecer desde que ellos empezaron en 2012. “La población alemana envejece y muchos profesionales se jubilan. Además, hay mucha movilidad dentro del país, donde la gente cambia de trabajo porque hay demanda”, explica López de Castro. Su empresa también ofrece primas de hasta 2.000 euros para ayudar a los candidatos extranjeros que acuden a la veintena de hospitales públicos alemanes con los que trabajan.

3.500 sanitarios españoles en Alemania

López de Castro confirma el mito de que “los enfermeros españoles están muy bien valorados en Alemania. Gusta mucho la energía y la base científica con la que vienen”. Datos de la Agencia alemana de Empleo indican que hay más de 3.500 españoles trabajando en la sanidad alemana, aunque no precisan el tipo de posición. En la consultora se encuentran con muchos casos de enfermeros que vuelven a España después de haber trabajado unos años en Alemania. Lo intentan en España y pasado el tiempo, vuelven a contactarles, incapaces de encontrar un empleo estable en España. “La estabilidad laboral en Alemania es muy atractiva para los profesionales”, asegura.

Es justo lo que le pasó a Fernández, el enfermero de Fuengirola que trabaja en Múnich en una UCI con otros tres españoles, cuatro italianos y cuatro bosnios. Cuando terminó la carrera en 2013 trató de colocarse en España, pero acabó trabajando en Decathlon y con un contrato en prácticas como técnico de laboratorio por 200 euros la media jornada. Un año después, hizo las maletas y se trasladó a Alemania a trabajar en una empresa de cuidados a domicilio, donde le pagaron un curso de alemán de seis meses.

De ahí dio el salto a un hospital, donde estuvo dos años y medio. Pero en 2016, cuando parecía que el mercado laboral español se movía, decidió intentarlo de nuevo en España. “Echas de menos a la familia, a los amigos…, pero no fue lo que esperaba”, asegura Fernández, de 30 años. En un hospital privado donde le cogieron trabajó con contratos mes a mes, en turno de noche cobrando unos 1.300 euros. “Echaba muchas horas con sustituciones en días libres y no podía decir que no, porque entonces no me llamaban al mes siguiente. Acabé bastante quemado”, asegura. Luego consiguió una media jornada en un centro en el que le trataban bien, pero no lograba ahorrar, y en 2019 decidió darle una segunda oportunidad a Alemania.

En el hospital le hicieron contrato fijo y le facilitan un pequeño apartamento por 260 euros al mes cerca del centro de Múnich. Cobra unos 2.500 euros netos mensuales con 13 pagas en una UCI, donde el trabajo es más parecido al de enfermería en España, aunque también es más duro, porque explica que aquí tienen que asumir también las labores de los auxiliares de enfermería. Fernández se ríe cuando se le pregunta si los españoles están bien valorados. “Sí, pero aquí la necesidad es tal que te contratarían igual si no estuviéramos bien preparados”.

Este enfermero andaluz no se plantea volver a España, como tampoco Patricia Vila, que trabaja en una UCI de cardiología también en Baviera. Con la pandemia, explica que la han llamado de la bolsa de trabajo del servicio gallego de Salud para ofrecerle un puesto durante dos meses y medio. “Yo no puedo dejar mi trabajo fijo por uno así”, comenta Vila, quien afirma que le ha pasado lo mismo a otros enfermeros españoles que conoce. En Ourense, antes de trasladarse hace año y medio, tuvo contratos por días y haciendo suplencias. Trabajó cinco años, que al final le puntuaron como dos.

Cuando llegó a Alemania, le pagaron un curso de alemán y le hicieron contrato fijo desde el principio, a pesar de que los tres primeros meses los pasó de formación, aprendiendo al lado de una enfermera. “La falta de personal aquí se nota mucho, es impresionante. No hacen más que preguntarnos si conocemos a alguien que quiera venir”, asegura Vila. Con la llegada de la covid-19, la posibilidad de regresar a ayudar a su país volvió a plantearse. “Pero es que da mucha rabia. Prácticamente nos han echado”.

Alejandro Cisneros tiene 30 años y trabaja de enfermero rotando en distintos hospitales de Berlín, y asegura que nunca le falta trabajo. En las UCI se encuentra con muchos extranjeros, entre ellos también españoles. “El otro día me encontré incluso con una compañera de la universidad”. Él trabaja en una empresa que suministra enfermeros a los hospitales. Hace 10 turnos al mes por los que asegura que cobra lo mismo que su madre, enfermera en un hospital público español. Dice que la necesidad de personal es tal, que a él le dan un suplemento si consigue llevar a algún amigo enfermero para trabajar. Cuando se le pregunta si se plantea volver a España, responde: “No soy ningún héroe”.

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