La crisis del coronavirus

Las autonomías aceleran las restricciones sociales

La Rioja y Castilla y León confinan a más de 65.000 personas ante los rebrotes en varios municipios. Castilla-La Mancha impone limitaciones en Talavera

El presidente de Castilla-La Mancha, Emiliano García-Page, durante un acto el 25 de septiembre
El presidente de Castilla-La Mancha, Emiliano García-Page, durante un acto el 25 de septiembreJose Ramon Marquez / Europa Press

El temor al azote del coronavirus ha acelerado confinamientos y restricciones sociales en varios municipios españoles. A diferencia de Madrid, que mantuvo hasta este martes un pulso con el Gobierno por su negativa a confinar la comunidad, Castilla-La Mancha, Castilla y León, La Rioja o Murcia se han apurado a limitar actividad y movimientos en sus zonas con mayor transmisión del virus. A falta de umbrales de riesgo comunes —hasta este martes a última hora, cuando se anunciaron tres criterios numéricos para aplicar restricciones, entre ellos el de una incidencia acumulada de 500 casos por 100.000 habitantes—, las comunidades han ido actuando por su cuenta. Con esos 500 casos, Castilla-La Mancha ha cerrado locales culturales y prohibido el consumo en la barra del bar en Talavera de la Reina; Castilla y León, en cambio, ha esperado a tener una incidencia superior a 1.000 casos por 100.000 habitantes en Medina del Campo, El Carpio (Valladolid) y Sotoserrano (Salamanca) para limitar los accesos a estos municipios. Los expertos insisten en que no hay una sola receta contra el virus y las medidas se deben adaptar a la realidad epidemiológica de cada zona.

El Gobierno de Castilla-La Mancha tomó este martes medidas contundentes en Talavera de la Reina y otros 78 municipios de su área de salud. Cierra teatros, cines, bibliotecas, hogares de jubilados y museos; los bares no pueden servir en barra; y se suspenden los mercadillos. “Lo importante no es solo el número de casos por 100.000 habitantes, sino la capacidad de contención de la enfermedad”, matiza Rafael M. Ortí Lucas, presidente de la Sociedad Española de Medicina Preventiva, Salud Pública e Higiene. La población expuesta al virus, la movilidad o el tipo de brote —si está controlado o hay transmisión comunitaria— influyen en la toma de decisiones.

La Comunidad de Madrid ha ido siempre muy por detrás de la mayoría de autonomías a la hora de aplicar restricciones. La media de incidencia acumulada en la región, 775, ha bastado en el resto de España para confinar poblaciones y limitar la vida social. “En el caso de Madrid ha pivotado exclusivamente el tema económico. No hay otro motivo”, apostilla el epidemiólogo Julián Domínguez, a propósito del empecinamiento de la Comunidad en no querer limitar la movilidad. Con todo, el experto matiza que el cierre geográfico debe ir acompañado de medidas de restricción social: “Si vas a seguir relacionándote socialmente con tu entorno como siempre, de poco sirve el cierre geográfico”. Domínguez asegura que, “si la responsabilidad social sigue sin calar en la población”, las comunidades están abocadas a confinamientos constantes para bajar la curva epidémica.

Vida social

El caso de Talavera es paradigmático. El Ejecutivo regional ya había limitado la vida social en el municipio a principios de septiembre y ha conseguido ralentizar el aumento de casos. Pero esta tendencia no convence al consejero de Sanidad de Castilla-La Mancha, Jesús Fernández Sanz, que advirtió este martes de una “meseta” en la curva epidémica que empuja al Gobierno autonómico a reforzar las restricciones. En Castilla-La Mancha hay otros municipios afectados por limitaciones, como Azuqueca de Henares, con 35.000 vecinos y una incidencia de 234 casos por cada 100.000 habitantes.

La Rioja, que ya tiene el 37% de sus camas de cuidados intensivos ocupadas por pacientes con covid-19, anunció este martes las restricciones de entrada y salida —excepto por motivos laborales o causa de fuerza mayor— en Calahorra, Arnedo y Rincón de Soto, que alcanzan entre las tres 43.000 habitantes. Tampoco se podrá consumir en la barra en los bares, como en el municipio burgalés de Miranda de Ebro, y las bodas y entierros no podrán congregar más de 10 personas.

Andalucía, por su parte, ha confinado el municipio sevillano de Casariche, que suma una incidencia de 4.545 casos por 100.000 habitantes. En Murcia, el municipio de Totana también ha vuelto a una fase 1 flexibilizada, situación en la que continúan el casco urbano de Lorca y Jumilla, y que supone restricciones de entrada y salida del municipio y limitaciones en la hostelería. “Con el confinamiento perimetral evitas que la infección salga de esa zona, pero no actúas sobre el brote en sí. Es necesario actuar dentro, con limitaciones de aforo o cribados masivos”, recuerda Clara Prats, física de la Universidad Politécnica de Cataluña y experta en epidemiología matemática.

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