La muerte de la hermana de Evo Morales por coronavirus profundiza la división política en Bolivia
Esther Morales, de 70 años, falleció el domingo en Oruro. El expresidente boliviano, exiliado en Argentina, no podrá despedirse de ella
La muerte por la covid-19 de la hermana mayor del expresidente Evo Morales, Esther Morales de Willacarani, a los 70 años, en la ciudad de Oruro, ha provocado una nueva polémica entre los seguidores y los detractores del líder boliviano. “Por qué tanto odio, racismo y persecución política que me impiden ver, por última vez, a mi única hermana. Para mí, Esther fue mi madre. La historia juzgará”, escribió Evo Morales en uno de los varios tuits que dedicó al fallecimiento. El político se encuentra exiliado en Argentina. El Gobierno de la presidenta interina Jeanine Áñez –que le expresó sus condolencias– le ha iniciado media docena de procesos judiciales que le impiden retornar al país. Otros rivales políticos de Morales, aunque lamentando su pérdida, le recordaron que ellos tampoco pudieron acompañar los entierros de sus parientes cuando estaban exiliados o arraigados en Bolivia bajo su Gobierno.
Los principales periódicos bolivianos, como El Deber y Página Siete, publicaron que Esther murió porque los centros médicos donde podría haber recibido terapia intensiva carecían de oxígeno a causa de los bloqueos de carreteras que se realizaron la semana pasada, en rechazo a la postergación de las elecciones, pero esa información no ha podido ser verificada. Estas protestas fueron protagonizadas por los sindicatos pertenecientes o vinculados al Movimiento al Socialismo (MAS), el partido de Morales.
“Quemaron su casa buscando matarla, la insultaron toda la vida, y ahora que finalmente murió le dicen que descanse en paz, pero no dejan de repetir que murió por culpa de su hermano, porque en realidad no quieren que descanse en paz, quieren seguir humillándola de muerta como lo hicieron en vida”, escribió José Daniel Llorenti, uno de los seguidores de Morales con gran visibilidad en las redes. Otros militantes del MAS recordaron que las unidades de terapia intensiva están saturadas desde mucho antes de las protestas.
Esther era la principal referencia femenina en la vida del expresidente, pues muy pronto este quedó apartado de su madre por razones económicas. Además, las niñas campesinas bolivianas contribuyen fundamentalmente a la crianza de sus hermanos menores. El biógrafo de Morales, Martín Sivak, cuenta que Esther se debió llamar Estefanía, pero su padre, Dionisio Morales, cambió su nombre a último momento, igual que hizo con Evo, a quien inicialmente quería bautizar como Evaristo. Esther “muchas veces quedaba a cargo de los menores Evo y Hugo y de los animales. Se llenaban la panza con maíz tostado, a veces lagua (mazamorra de maíz) y chuño”, escribe Sivak. Su madre, María, les había enseñado que tenían que vivir con lo que tenían. “Si tenemos, lo hacemos, si no tenemos, no lo hacemos”, recordaba Esther que decía su madre, cuando debió servir en una casa de clase media, en Oruro, en la que no le daban de comer suficientemente.
Esther se casó con Ponciano Willcarani, con quien residió en Oruro dedicada al comercio. Tuvo tres hijos. Cuando su hermano se convirtió en dirigente campesino, se vio obligada varias veces a pedir su libertad. “Cuando de dirigente me detenían y confinaban ella me defendía y reclamaba por mi libertad. Me acompañó en los momentos más duros sin importar represalias. Nunca ocupó cargos públicos, pese a lo cual en el golpe de 2019 quemaron su casa y la persiguieron”, recordó el expresidente después de su muerte.
A consecuencia del ataque a su casa, realizado horas antes de la renuncia de Evo Morales el 10 de noviembre pasado, Esther tuvo que escapar a México, como también hizo su hermano, pero pronto regresó a su país. “Bolivia es una sola, pero aquí parecen dos Bolivias. Por mi hermano voy a dar la vida, no voy a permitir que lo toquen”, dijo en su última aparición pública. Cuando su hermano estaba en el apogeo de su poder, quiso ser la “primera dama” del país, es decir, asumir la dignidad que solía corresponder a las esposas de los presidentes, pero Evo rechazó esta solicitud, argumentando que tal puesto debía desaparecer, ya que era machista.
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