La crisis del coronavirus

“Lo raro es que no haya habido brotes antes”

Las concentraciones en la calle y los vecinos sin mascarilla son habituales en el barrio de La Torrassa de L'Hospitalet

La plaza Espanyola del barrio de la Torrassa de L'Hospitalet, que registra varios brotes de coronavirus.
La plaza Espanyola del barrio de la Torrassa de L'Hospitalet, que registra varios brotes de coronavirus.MASSIMILIANO MINOCRI / EL PAÍS
L'Hospitalet de Llobregat - 12 jul 2020 - 22:30 UTC

La plaza Espanyola es el epicentro de La Torrassa, el barrio de L’Hospitalet de Llobregat, la segunda ciudad catalana, donde los casos de coronavirus se han multiplicado por nueve (de 4 a 37) hasta protagonizar uno de los principales focos de rebrote de la pandemia. La plaza es de aquellos puntos urbanos donde entre semana desfilan generaciones distintas: abuelos por la mañana y a mediodía; niños por las tardes; chavales y no tan chavales por las noches.

Un mediodía de domingo, están dos grupos representados: abuelos en los bancos y las terrazas, niños en los dos parques de juegos. Para el turno de tarde faltan horas, pero su presencia será masiva, coinciden los presentes con cara de no gustarles lo que está por venir. La plaza se pone hasta la bandera de grupos de jóvenes que compran bebida en el supermercado. Las papeleras y los bancos rebosan latas de cerveza a última hora, cuentan los vecinos. El oasis es la iglesia de la esquina, donde dos niñas han tomado la comunión. Las familias se fotografían en un banco, con un panel de información pública como fondo.

Sorprende la cantidad de personas, más hombres que mujeres, jóvenes y de mediana edad, que hay sin mascarilla, pese a que desde el jueves es obligatoria y a los casos que registra el barrio. Todavía es más elevada la cifra de quienes la llevan, pero debajo del cuello, sin cubrirles la cara. “Aquí lo raro es que no haya habido brotes antes”, sentencia Esperanza, y sigue: “No sabes la de botellones y fiestas que se montan por la tarde y noche. ¿Dónde está la policía?”. Habla en una de las cuestas de barrio, donde el Ayuntamiento ha pintado en las aceras indicaciones que piden circular por la derecha y mantener las distancias. En los bancos de la plaza hay pegatinas que indican dónde sentarse. “Aquí sí”, “Aquí no”, alertan con poco éxito, visto el aforo completo de varios bancos.

También Rafael Fernández, jubilado, está molesto por la concentración de grupos. “Aquí se juntan 10 y 15, sin mascarilla ni nada, no quiero hablar porque me enciendo. Estoy harto de llamar, llamo hasta a la Nuri”, asegura refiriéndose a la alcaldesa Núria Marín (PSC), “me conoce porque yo fui el dueño del bar El Gallo de Oro”, precisa.

En La Torrassa son 28.000 habitantes, pero con una densidad que se sitúa entre las más elevadas de Europa: 637 vecinos por hectárea. Son datos recientes del Ayuntamiento, que también indican que el 93% de la población tiene entre 15 y 64 años, que solo un 13% de los vecinos tiene estudios universitarios o que el 36% de los habitantes son de nacionalidad extranjera, más de la mitad de países latinoamericanos y casi una cuarta parte, asiáticos. La media de personas por hogar es de tres, indicador de que hay muchos hogares con más habitantes.

Con la crisis del coronavirus el Ayuntamiento ha reforzado los equipos de agentes cívicos y hacen turnos de mañana, cuando habitualmente trabajan por la tarde. En la Espanyola hay una pareja este domingo. Han cambiado las advertencias habituales (no consumir alcohol o fumar porros en la vía pública y pedir a los propietarios de perros que deben atarles) para convertirse en los guardianes del buen uso de la mascarilla. No siempre les hacen caso. Y no son agentes de la autoridad, recuerdan. Si la situación se pone tensa, llaman a la Guardia Urbana. Estos dos profesionales también convienen que la densidad de población y la concentración de vecinos en la vía pública por las tardes explican los brotes.

Lo mismo piensa la presidenta de la Asociación de Vecinos, Loli Colás: “El barrio es muy denso y sufrimos la falta de respeto por las normas por parte de algunos vecinos”, lamenta: “Aquí siempre hay mucha gente en la calle en verano, porque los pisos son pequeños, nos faltan espacios verdes y al finalizar el estado de alarma hemos salido de golpe: vistas las condiciones, no extrañan los casos”, concluye.

Donde no hay ni un alma es en las canchas de baloncesto del parque del barrio. La alcaldesa ha cerrado las pistas deportivas para evitar concentraciones. La Guardia Urbana ha rodeado las canastas con precinto. “Pero ya verás tú como se ponen las gradas esta tarde”, señala uno de los pocos abuelos que pasea en lo alto del parque. Junto a las pistas, Cyntia, Jose y sus dos hijos acaban de hacer un pícnic en la sombra. Los cuatro llevan mascarilla y al llegar les ha sorprendido la poca gente que había en esta parte del parque en domingo: “Cuando hemos visto las pistas precintadas lo hemos entendido”.

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