La crisis del coronavirus

“En África no ha hecho más que empezar”

La pandemia tardó más en llegar al continente, pero las previsiones apuntan a que el virus también tardará más en irse

Un hombre pasa delante de un grafiti que advierte sobre el coronavirus en el asentamiento de Mathare, en Nairobi, capital de Kenia.
Un hombre pasa delante de un grafiti que advierte sobre el coronavirus en el asentamiento de Mathare, en Nairobi, capital de Kenia.THOMAS MUKOYA / Reuters

África sigue siendo uno de los continentes menos afectados por la covid-19 con unos 300.000 casos declarados, que representan el 3% mundial cuando tiene el 17% de la población del planeta, y unos 7.500 fallecidos (el 1,6% mundial). Sin embargo, todas las alertas están encendidas por la creciente aceleración de los contagios en el último mes. La pandemia llegó más tarde, tanto por la menor conectividad africana con el exterior como por la rapidez de los cierres de fronteras, pero la batalla será larga y está lejos de haberse ganado. En opinión del doctor Richard Mihigo, responsable de Vacunación de la Organización Mundial de la Salud (OMS) en el continente, “esto no ha hecho más que empezar”.

Aun poniendo las cifras oficiales en cuarentena por la escasa capacidad diagnóstica de algunos países -“un problema que no debemos enmascarar” en palabras de John Nkengasong, director de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades en África-, la experiencia en gestión de otras epidemias, como la tuberculosis, el sarampión o el ébola, la intensa implicación comunitaria en cuestiones de salud pública y la juventud de su población han permitido hasta ahora evitar el colapso. Sin embargo, las perspectivas no son buenas. El continente tiene los sistemas sanitarios más débiles del mundo, faltan respiradores, camas UCI y personal, por lo que la OMS apunta a que habrá unos 190.000 muertos en los próximos 12 meses.

Más allá de la crisis sanitaria, el peor golpe ha sido económico. Las poblaciones, sobre todo en las grandes ciudades como Johanesburgo o Lagos, se han visto sometidas a duros confinamientos, toques de queda o a la imposibilidad de desplazarse con normalidad. En un continente donde dos de cada tres personas viven al día y para ellos la venta callejera es su sustento, la interrupción de las rutas comerciales internas ha sido un suplicio insoportable.

Además, la caída de los precios de las materias primas de las que tanto dependen los estados, como el petróleo o el gas, anticipa un incierto futuro de subida del paro y de la carestía de la vida, al que el Banco Mundial ya ha puesto cifras: caídas de entre el 2 y el 5% del PIB para 2020. Por primera vez en un cuarto de siglo, África subsahariana se enfrenta a la recesión. Para tratar de amortiguar el batacazo, las fronteras se irán reabriendo en las próximas semanas, incluso en plena aceleración de la pandemia. Los movimientos forzosos de población se intensificarán. Igual que tardó más en llegar, las previsiones apuntan a que el virus tardará más en irse.

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