La Iglesia estudia cómo volver a dar misas públicas

El presidente de la Conferencia Episcopal Española, el cardenal Juan José Omella, ha solicitado al Gobierno nuevas medidas de seguridad para volver a abrir los templos y llevar celebraciones con asistencia de los fieles

Un sacerdote celebra las misas a puerta cerrada acompañado por las fotografías de sus feligreses.
Un sacerdote celebra las misas a puerta cerrada acompañado por las fotografías de sus feligreses.Biel Aliño (EFE)

Los obispos españoles estudian cómo abrir de nuevo las iglesias al público para que los feligreses puedan volver a asistir a la celebración de la eucaristía. “Como obispo de esta diócesis y como presidente de la Conferencia Episcopal Española he hecho esta petición al Gobierno. Estamos trabajando conjuntamente en ello”, afirmó durante una misa virtual este domingo el cardenal de Barcelona y presidente de la Conferencia Episcopal Española (CEE), Juan José Omella. El anuncio de Omella, que según fuentes de la CEE y la diócesis que preside no se trata de una petición formal, se produce un día después de que el presidente Pedro Sánchez anunciara el levantamiento gradual del confinamiento para la próxima semana, y entre las que parece incluirse las celebraciones religiosas”. Aunque el decreto de alarma permite las celebraciones (siempre que haya un metro de distancia entre asistentes y con medidas de seguridad sanitarias), la mayoría de los obispos decidieron suspender la asistencia a las iglesias y pidieron a los fieles que siguieran las celebraciones por televisión.

“Seguimos en contacto con el Gobierno para conocer cuál es la situación y cuáles son los escenarios posibles para una posible desescalada. Nosotros, como todos, seguimos las medidas que dicta el Consejo de Ministros. Cuando se pronuncie sobre estas disposiciones, entonces, elaboraremos un elenco de sugerencias y propuestas específicas para que las diócesis las ejecuten”, ha comentado este lunes un portavoz de la CEE. Por su parte, el Ministerio de Sanidad, Consumo y Bienestar Social ha corroborado que se encuentra trabajando con las comunidades autónomas y otras instituciones para desarrollar “distintas medidas y escenarios”, pero que no informará sobre ello hasta que haya decisiones concretas. “Se están estudiando para tomarlas con la máxima cautela”, ha explicado este lunes una portavoz del Ministerio de Sanidad.

Como se está realizando en otras acciones del día a día, los pasos para llegar a la normalidad en las iglesias serán varios y, posiblemente, espaciados en el tiempo. Joa Ramón Villalbi, epidemiólogo y miembro de la junta directiva de la Sociedad Española de Salud Pública y Administración Sanitaria (SESPAS), comenta que una primera posibilidad es instaurar medidas de seguridad sanitaria dependiendo del aforo y del tamaño en el que se vaya a realizar dicha actividad, en este caso religiosa. “Está claro que las concentraciones de gente han sido un factor importante para la propagación del virus, por lo que aún tardaremos en ver grandes celebraciones. Hay países que han decidido abrir sus iglesias para que las personas que lo necesiten puedan ir a rezar, pero no se realizan misas. Esa puede ser la primera opción, en cuanto sea posible salir de casa. Lo siguiente puede ser reanudar el culto, atendiendo criterios de aforo y de distancia física para evitar infecciones”, comenta.

El informe Laicidad en Cifra de 2018 de la Fundación Ferrer i Guàrdia (elaborado con datos del barómetro del Centro de Investigaciones Sociológicas y del Instituto Nacional de Estadística) constata que la mayoría de creyentes católicos practicantes en España son personas mayores de 65 años, el colectivo más vulnerable frente a la covid-19. Un riesgo que parece entender Omella. “Hemos de ser pacientes, rezar por nuestras autoridades y colaborar con ellas con el fin de evitar nuevos contagios, especialmente de las personas con más riesgo”, explicó el cardenal durante la homilía.

Oficios de 15 minutos y salvoconductos para escuchar misa

Desde que se decretó el confinamiento, la mayoría de las diócesis decidieron cerrar los templos para prevenir las aglomeraciones y, con ellos, los contagios. No obstante, los sacerdotes continuaron, como de costumbre, celebrando misa. Muchos decidieron retransmitirlas por las redes sociales o a través de una emisora local. Para los que no disponían de esos recursos, oficiar misa, cuentan, se ha convertido en una sensación extraña. “Estoy solo y mi voz retumba en la iglesia. Como no hay nadie que responda a las oraciones, la celebración diaria puede durar 15 minutos”, explica un sacerdote anónimo de Murcia.

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Asistir a misa por la puerta de atrás

No obstante, algunos obispos como el de Alcalá de Henares, Juan Antonio Reig Pla, se han mostrado objetores y no han suspendido las misas a puertas abiertas, por lo que con un salvoconducto del obispado y avalados por el artículo 11 del Real Decreto (que no prohíbe las celebraciones religiosas), algunos feligreses han ido hasta sus parroquias para escuchar la eucaristía. En algunos casos, como en la iglesia de Santos Juan y Pablo de San Fernando de Henares (Madrid), la policía desalojó una celebración porque los cinco asistentes no estaban cumpliendo las medidas de seguridad (no llevaban mascarillas ni guantes). Estas acciones policiales han sido duramente criticadas por el arzobispo de Oviedo, Jesús Sanz, que ha subrayado en su carta pastoral de esta semana que las iglesias “son espacios sagrados, y por lo tanto exentos, donde se siguen las medidas que las autoridades sanitarias han dictado”, y opina: “No procedía una disolución como si se estuviera delinquiendo por parte de sacerdotes y fieles en una catacumba clandestina”.

“No puede haber una misa virtual”

Las palabras del presidente de la CEE sobre la reapertura de los templos han tenido lugar días después de que el medio Infovaticana publicase una campaña de un grupo de fieles que solicitaba a los prelados españoles que volvieran celebrar los ritos. “No puede haber una misa virtual”, es una de las frases que puede escucharse en Queremos la misa, un vídeo donde varios jóvenes exponen sus necesidades de volver a asistir a las iglesias y su compromiso de cumplir todas las medidas sanitarias pertinentes. “No somos locos, no somos insensatos, no somos malos ciudadanos. No pedimos ningún privilegio, solo lo que la ley permite. Garantizaremos que haya un grupo de fieles para que se guarde la medida de seguridad. Llevaremos mascarillas, geles, todo…”, exponen estos jóvenes feligreses.

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