La crisis del coronavirus

Como entrar a un quirófano: así será volver a la peluquería

Los salones preparan la apertura con protocolos extremos de higiene

Una peluquería cerrada en Bilbao.
Una peluquería cerrada en Bilbao.Luis Tejido / EFE

Puede, lector o lectora, soñar con recuperar el aspecto precovid, versión cabellera perfecta, y despedirse de una vez de las greñas y los cuatro dedos de raíces. Pero sepa que en su ahora añorada peluquería no lo recibirán con dos besos y el ¡Hola! Le dispararán con un termómetro láser tras obligarlo a colocar los pies sobre una bandeja de líquido desinfectante. Su viaje hacia la normalidad estética será bastante anormal. Si resultara no tener fiebre —en caso contrario será puesto de patitas en la calle— le rociarán las manos con desinfectante y le colocarán una bata, guantes, calzas y mascarilla. El bolso y el abrigo irán a una bolsa de plástico cerrada en vez de a un perchero. No habrá ni rastro de revistas y lo sentarán a mínimo metro y medio de otro cliente. Apenas reconocerá a su peluquero porque llevará cubrebocas, visera y la correspondiente bata. Probablemente no habrá toallas y todo el material que usen será desechable o estará convenientemente esterilizado.

Cuando se vaya, seguirán su rastro con un trapo que desinfecte el sillón donde se ha sentado, el pomo de la puerta y el datáfono. Si se hace las uñas, mampara de por medio. ¿Un masaje facial? Como se descarta la mascarilla, toma de temperatura y cuestionario de salud. Vivirá una experiencia que no se podrá calificar de relajante.

Este escenario se desprende del protocolo que la Plataforma de Peluqueros Unidos de España está distribuyendo entre sus socios para preparar la reapertura de las peluquerías a la espera de las medidas oficiales. “Las citas solo se darán por teléfono o en la calle, fuera del local, los clientes no podrán entrar a pedir hora”, cuenta Tere Medrano, propietaria de Alte Peluqueros, un salón de tamaño medio en Madrid. “Las peluqueras no podrán entrar todas a la misma hora ni comer a la vez. Habrá mamparas entre los lavacabezas y una distancia entre tocadores de dos metros”. Noel, único peluquero del salón ConCalma, también en la capital, lo tiene más fácil: “Nunca hay más de una clienta al mismo tiempo”.

“Todo eso significará la mitad de los clientes y por tanto, la mitad de los ingresos”, se queja Alejandro Fernández-Luengo, portavoz de la Alianza de Empresarios de Peluquería de España y también presidente de Marco Aldany. Y habrá algunas que pueden encontrarse cerradas para siempre: de una encuesta realizada por esta asociación profesional se desprende que casi la mitad de las peluquerías (42%) pueden desaparecer, más de 20.000.

Fe de errores

En una versión anterior, se identificaba a Alejandro Fernández-Luengo como portavoz de la Asociación Nacional de Empresas del Sector Profesional de Peluquería y Estética /Anepe). En realidad Fernández-Luengo es portavoz de la Alianza de Empresarios de Peluquería de España de la que Anepe forma parte.

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