Coronavirus

La sanidad mexicana se enfrenta a un desafío mayúsculo por el coronavirus

Centros públicos y privados de Ciudad de México asumen que realizar la prueba del Covid-19 a todos los pacientes es imposible, como ha sucedido en otros países, y filtran los casos por prioridad

Personal sanitario toma la temperatura a los viajeros en el aeropuerto de Ciudad de México.
Personal sanitario toma la temperatura a los viajeros en el aeropuerto de Ciudad de México.PEDRO PARDO / AFP

Alrededor del Instituto de Enfermedades Respiratorias (INER) de la Ciudad de México hasta el hombre que vende periódicos en una esquina de la vereda utiliza cubrebocas. En este hospital público, uno de los más grandes de la capital mexicana, se aisló al primer paciente confirmado de coronavirus en el país y ahora se atiende a cualquier persona con síntomas: tos seca, fiebre, dolor corporal. La mayoría de los pacientes no pasarán de la consulta gratuita a la prueba, aun cuando muchos admiten haber vuelto de Europa en días recientes. En los hospitales privados, donde una consulta cuesta hasta 250 dólares y la prueba el doble, también se recomienda a los pacientes sin síntomas aislarse y esperar indicios más claros antes de volver a presentarse.

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Dentro de unas salas del Hospital ABC de Santa Fe (privado), en un barrio pudiente de la capital, Pablo Velázquez de 20 años, espera a su padre mientras le examina el doctor. El miedo por el coronavirus llegó a su hogar hace apenas unos días. Su hermana, jugadora de un equipo de fútbol de Ciudad de México, viajó a Monterrey, al norte del país, para un torneo. Tras el positivo en Covid-19 de una de las jugadoras de su equipo, todas han decidido aislarse. Aunque ella no presenta síntomas hasta el momento, el padre de ambos comenzó a tener fiebre y tos este viernes. Vázquez, aparentemente tranquilo, no niega algo de preocupación. “Queremos saber si lo tiene o no para actuar, aunque nos han dicho que seguramente no le harán la prueba, ya que ni ha viajado ni ha tenido contacto con gente de España, Italia o Irán y todos los países que están más afectados”, señala.

La situación en el país ha dado un giro drástico en los últimos dos días. México suma un total de 41 casos, con solo 11 detectados el viernes, tres veces más que los registrados a diario en días precedentes, desde que se detectó el primero el 28 de febrero. Y la Secretaría de Educación ha anunciado este sábado que se suspenderán las clases en escuelas a partir del 20 de marzo hasta el 20 de abril. Esta institución ha informado también de que se establecerá un sistema de educación a distancia, aunque no ha dado más detalles.

La sanidad mexicana está configurada en un esquema complejo para los protocolos en caso de emergencia extrema, como ha sucedido en España o en Italia. Los hospitales privados, de momento, contemplan normas internas para las pruebas, diagnóstico y tratamiento de enfermedades relacionadas con el virus, según cuentan especialistas consultados. Aunque todos deben notificar los casos positivos al INDRE (el Instituto de Diagnóstico y Referencia Epidemiológicos), que funciona como un laboratorio público general para el país y se encarga de ratificar las pruebas realizadas por los centros tanto públicos como privados.

El sistema público de salud está dividido por hospitales para diferentes sectores de la población. Y según la afiliación de cada paciente o sus familiares, deben acudir a los centros del Instituto Mexicano de la Seguridad Social (IMSS), a los hospitales de la Secretaría de la Defensa y de Marina, de la petrolera estatal Pemex, o a los del Instituto de Seguridad y Servicios Sociales de los Trabajadores del Estado (ISSTE). Para los que no están afiliados a la Seguridad Social, en este país donde el 56,3% de la población trabaja en la informalidad, el Gobierno anunció la entrada en vigor del Instituto de Salud para el Bienestar (Insabi), que entró en vigor a principios de este año y cuenta con centros de primer y segundo nivel con atención gratuita.

A pesar de las cifras que dio a conocer el Gobierno este viernes por la noche, la denuncia de un médico que tenía datos propios de un hospital privado de la capital, que no estaban incluidos en el conteo general, ha avivado la desconfianza entre la población, que ha decidido presentarse en algunos centros médicos para despejar dudas sobre una posible infección.

Según la información del infectólogo Francisco Moreno, encargado del área destinada para el virus en el hospital privado ABC, nueve pacientes dieron positivo en las primeras pruebas realizadas en las últimas dos semanas. Estos casos no figuraron en los datos oficiales pues el proceso para notificar a la Secretaría de Salud requiere que esa prueba sea ratificada por el INDRE. El tiempo que esta institución se tarda en ratificar o descartar estas pruebas va desde 48 a 72 horas, según cuenta el especialista en una entrevista a este diario.

"Nosotros hemos anunciado los nueve casos, porque no podíamos esperar a la ratificación del INDRE sin poner a estos pacientes en aislamiento de 14 días", cuenta el doctor Moreno. Explica que el tiempo para avisar a quienes hayan podido estar en contacto con los pacientes infectados es fundamental, por ello, con la prueba determinada por el hospital ABC, se decidió que los nueve casos fueran confinados en sus casas y sus familiares y personas cercanas a ellos también. Las pruebas a estos últimos no serán realizadas a no ser que presenten síntomas en este período de cuarentena de dos semanas.

"Aunque somos conscientes de que un paciente puede haber contraído el virus y no presentar síntomas, lo recomendable es realizar la prueba cuando haya un cuadro sintomático, para evitar colapsar los servicios", añade el infectólogo e insiste en que así es como se ha acordado en los centros europeos, japoneses y coreanos, con los que han estado en contacto permanente desde hace dos meses.

Otro doctor, en este caso del sistema público, que prefiere no revelar su identidad, añade en la misma línea: “Nosotros tomamos la decisión de a quién hacerle la prueba. Hoy [por este sábado] no hemos tenido casos. Llegan pacientes sin síntomas y tenemos que dar prioridad a quienes presenten indicios claros, como dolor torácico o falta de aire causado por una respiración profunda, fiebre o respiración asimétrica”.

Para Moreno el protocolo que exige el Gobierno para notificar los casos plantea un problema de tiempo. "La experiencia en otros países nos dice que no podemos esperar. Y yo no podía esperar de 48 a 72 horas para que el INDRE ratificara una prueba que nosotros realizamos y está homologada por la OMS. Los pacientes deben ser aislados y avisar cuanto antes a sus contactos cercanos para que tomen la misma medida", explica el especialista. Sobre los nueve casos que ha registrado su centro, explica que ninguno de ellos ha sido contagiado en México. Todos son o extranjeros o vienen de países donde el virus se ha extendido con más fuerza, como Europa.

“Esto se va a poner muy feo en unas semanas, hay mucha histeria colectiva”, dice una doctora del sistema privado de salud, que prefiere permanecer en el anonimato y que no se revele el nombre del centro. “Todo el servicio es un caos ahora mismo y llevamos así menos de una semana, en dos seguramente se vayan a saturar todos los hospitales, mucho más de lo que ya están”, resume.

En la puerta del hospital público INER, un policía es el primero en descartar la consulta, en caso de que el paciente no lo convenza con los motivos de su visita. Marcela Reyes, de 65 años, espera en la calle a su marido, que desde hace una semana tiene fiebre y decidió volver al médico tras la erupción de casos del viernes. “Los doctores han sido bien amables y nos han dicho que vuelva o que llame. Pero eso nomás. Si ahora volvemos a mi casa sin la prueba, ¿qué me garantiza que mi familia esté bien?”, lamenta. Mientras Reyes habla, sale una pareja joven. Prefieren no dar nombres porque no quieren que se les señale en caso de estar infectados. Dicen que acaban de volver de España. “Nos dieron un número de contacto en caso de que broten síntomas”, dice él, y zanja: “Me siento perfecto, pero como acabamos de volver, no quiero arriesgar a mi familia”. Dentro esperan una veintena de pacientes.

Bajando unas escaleras cerca de las urgencias del hospital ABC de Santa Fe, un médico vestido con un traje amarillo de completo aislamiento asoma por una puerta en un habitáculo con cristaleras mientras entra una paciente con cubrebocas. Justo fuera hay un poste que sujeta un gel con alcohol. Un padre y su hija llegan con mascarillas y aparente cara de preocupación. Apenas llegan de Madrid. La chica pasa junto al médico y el padre se queda fuera. “Muy posiblemente estemos infectados”, asegura con cara de preocupación. Este hombre, que prefiere no dar su nombre, asegura que el pasado jueves estuvo en una comida de negocios en el barrio Salamanca, uno de los barrios de la élite madrileña. “De las 10 personas que éramos, ya han dado positivo seis”, asegura. También explica que su hermana, residente en Barcelona, ha dado positivo al Covid-19 y que hace apenas unos días durmió con ella en la misma habitación.

El pánico, aunque no ha llegado a las calles, restaurantes y supermercados, como en Europa, se comienza a ver en los hospitales. En el ABC de Santa Fe, han tratado de evitar la llegada de cualquier periodista a las salas. El miedo a que la información sobre la situación del Covid-19 en México provoque una llegada masiva de pacientes se siente en la entrada. Una empleada de seguridad lo resuelve: “Este es un sitio privado. Fuera de aquí”.

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