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‘IN MEMORIAM’ TRIBUNA i

Margarita Salas, un señero legado científico

Margarita Salas deposita en 2018 en la Caja de las Letras del Instituto Cervantes un cuaderno investigaciones que realizó por encargo de Severo Ochoa.
Margarita Salas deposita en 2018 en la Caja de las Letras del Instituto Cervantes un cuaderno investigaciones que realizó por encargo de Severo Ochoa. EFE

Sin la preciada influencia fraternal del matrimonio Margarita Salas-Eladio Viñuela nuestro desarrollo científico seguramente habría transcurrido por otros derroteros. Con ocasión de la muerte de Margarita, la expresión de nuestro agradecimiento no cabría en estas breves líneas, que de todos modos deberían eludir la expresión de nuestro dolor por la pérdida de una entrañable cotidianidad largamente compartida y centrarse en reconocer lo que en nuestra opinión ha sido uno de los más importantes legados científicos del siglo XX español. Mencionaremos brevemente las principales contribuciones de nuestra amiga a la elucidación de los elementos básicos de la vida y trataremos de dar una idea sucinta de la enorme influencia que su magisterio ha tenido sobre el desarrollo de la biología molecular en España.

Desde las aportaciones de su tesis doctoral con Alberto Sols hasta su última asistencia al laboratorio hace un par de semanas, las contribuciones de nuestra investigadora se han insertado siempre en el más esencial meollo de la biología de vanguardia, compartiendo protagonismo con la más selecta élite científica mundial. En el laboratorio de Sols descubrió las enzimas que permiten la entrada de la glucosa en el metabolismo mediante el cual dicho azúcar actúa como combustible de la vida. Ya en Nueva York, con Severo Ochoa, hace descubrimientos fundamentales sobre lo que hoy sabemos sobre el funcionamiento de los genes y de la clave genética: el establecimiento de la dirección de lectura del mensaje genético, la identificación del triplete de parada (UAA) de dicho mensaje y de los factores de iniciación del proceso mediante el cual se traduce en proteínas el mensaje genético.

De vuelta a España, Eladio y Margarita eligen un virus que infecta a ciertas bacterias, un fago (29), como sistema modelo para estudiar la morfogénesis, la relación entre los genes y la forma de los seres vivos, un proyecto muy ambicioso que parecía imposible de abordar en la extrema penuria de la España de finales de los años sesenta y que, sin embargo, cosechó éxitos rotundos a lo largo de medio siglo, antes y después de que quedara bajo la exclusiva dirección de nuestra investigadora. Entre estos éxitos están el descubrimiento de la primera proteína covalentemente unida a un ácido nucleico y el de todo un nuevo sistema de replicación del ADN, lo que más tarde se vería que era también propio de virus con gran trascendencia para la salud humana. De esta investigación rigurosamente básica surgieron además hallazgos patentables que están teniendo una enorme aplicación en los métodos analíticos y forenses para el ADN.

Las aportaciones de Margarita Salas se inscriben en letras de oro en la literatura científica, desde los libros de texto hasta las revistas más exigentes, y constituyen un ejemplo de que en España, aunque con dificultad, ha sido posible producir ciencia de primer orden. Este es un momento de reconocer la labor pionera de una generación en la que aparte de mencionar a Eladio y a Margarita, hay que incluir nombres como los de Antonio García Bellido y David Vázquez.

A la sombra de las investigaciones aquí resumidas se ha formado un ingente número de científicos y científicas de primera fila que en la actualidad dan vida a las más diversas instituciones españolas. Dicha sombra ha cobijado también a muchos otros investigadores menos directamente relacionados con ellos. Nuestro agradecimiento por lo que quedará para las generaciones venideras.

Pilar Carbonero Zalduegui y Francisco García Olmedo pertenecen a la Real Academia de Ingeniería.

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