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La Comisión Europea se alía con la OMS para frenar a los antivacunas

Desde 2016, 84 personas han muerto por sarampión en Europa, más que en los 15 años anteriores

movimiento antivacunas
Una doctora aplica una inyección contra el sarampión. efe

El aumento de la mortalidad del sarampión en la UE, con al menos 84 fallecidos desde enero de 2016, ha empujado a la Comisión Europea a dar un paso al frente. Lo ha hecho de la mano de la Organización Mundial de la Salud (OMS) con una gran cumbre, celebrada este jueves en Bruselas, en la que la desinformación y las creencias antivacunas han sido identificados como dos de los principales problemas a los que hacer frente.

“Es inexcusable que en el mundo desarrollado mueran niños por enfermedades que hace tiempo que deberían estar erradicadas”, ha exclamado el presidente de la Comisión, Jean-Claude Juncker. “Lo peor es que tenemos las herramientas en nuestras manos y no logramos el objetivo” ha añadido ante los 400 asistentes al encuentro, entre ellos ministros de sanidad de la UE, científicos de referencia, directivos de empresas tecnológicas, altos cargos comunitarios y representantes de la industria farmacéutica.

La cumbre ha querido imprimir un enfoque global a todas las vacunas e infecciones prevenibles, pero ha sido el sarampión en Europa el que ha acaparado más mensajes. La razón es que “es una enfermedad que nos avisa de que algo está fallando”. “El virus es muy contagioso y cuando provoca brotes con facilidad es porque hay bolsas de población sin inmunizar. Y si no lo están contra el sarampión, tampoco lo estarán con el resto de vacunas”, explican fuentes de la UE.

Dos son los indicadores que han encendido todas las alarmas en Bruselas. El primero es el sostenido descenso de las coberturas vacunales registradas en los estados miembros. Si en 2007 eran 14 los países de la UE que mantenían la cobertura considerada óptima frente al sarampión –por encima del 95% de los niños en cada una de las dos dosis--, el año pasado este selecto grupo ya solo estaba formado por cinco miembros: Suecia, Portugal, Malta, Hungría y Eslovaquia. España es uno de los países que se ha caído de la privilegiada lista.

El problema está en la segunda dosis de la vacuna. Su administración en España, por ejemplo, se desplomó entre 2008 y 2012 hasta quedar solo tres décimas por encima del 90%. Aunque desde entonces ha remontado (el año pasado se situó en el 94,1%), sigue sin alcanzar el nivel deseado. Otros países, que fuentes europeas han declinado citar, presentan cifras “desoladoras”, con porcentajes que apenas superan el 80%.

Los resultados del Eurobarómetro de abril son la segunda gran causa de preocupación entre los responsables comunitarios. “Casi la mitad de los europeos, un 48%, cree que las vacunas pueden producir efectos secundarios graves, el 38% piensan que pueden causar la enfermedad contra la que protegen y un 31% opinan que las vacunas debilitan el sistema inmunitario”, resume la documentación entregada en la cumbre.

“Estamos ante un problema complejo, que adopta formas propias en cada cada país y frente al que necesitamos diseñar estrategias precisas y flexibles”, afirma el comisario de la Salud de la Comisión, Vytenis Andriukaitis. Una parte de la solución no parece requerir fórmulas novedosas. “Los niveles de administración de la segunda dosis son notablemente inferiores a los de la primera. Esto no revela siempre un rechazo a las vacunas, sino que algo falla en el seguimiento de las tradicionales pautas de vacunación”, sostienen fuentes comunitarias.

Pero la parte del león, coinciden autoridades y ponentes, está en la “desinformación” que lleva a muchos europeos a albergar “dudas y temores infundados”, explica Andriukaitis. Es por ellos que, frente a propuestas como la de imponer la vacunación por ley y con multas, como pretende Alemania, la mayoría de los ponentes abogue por “persuadir, acompañar y ofrecer a los padres vías para dar respuesta a sus dudas y mitigar sus temores”, como resumió el comisario de Salud de la UE.

Diseñar la forma de conseguirlo la principal tarea que queda por delante, especialmente en el campo de las redes sociales. Si hasta la fecha han sido parte del problema al multiplicar exponencialmente la difusión de bulos sobre las vacunas, el objetivo es que pasen a ser parte de la solución limitando la difusión de contenidos falsosy ofreciendo a los usuarios en sus búsquedas información solvente y contrastada.

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