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Pena ejemplar por abusos sexuales para un exprofesor de los maristas de Barcelona

La Audiencia Provincial considera que el daño causado por Joaquín Benítez, a quien condena a 21 años, “no tiene reparación posible”

El exprofesor de los Maristas de Sants Joaquín Benítez, a la salida de la Audiencia de Barcelona.

La Audiencia de Barcelona ha condenado al exprofesor del colegio religioso de los maristas de Barcelona, Joaquín Benítez, a 21 años y 9 meses de prisión por cuatro delitos de abusos sexuales cometidos entre 2006 y 2009. El tribunal también le impone una indemnización de 120.000 euros por los daños causados a las víctimas, inhabilitación como profesor durante 13 años y 8 meses y una orden de alejamiento de sus exalumnos. El centro educativo, a través de la Fundación Champagnat, es responsable civil subsidiario.

“Es una sentencia ejemplar”, celebró ayer Manuel Barbero, padre de una de las víctimas e impulsor de la causa contra Benítez. “Manda un mensaje muy claro a las personas que cometen este tipo de delitos”, añadió. La sentencia recoge prácticamente las peticiones de la Fiscalía, que solicitaba 22 años de cárcel. La única pega, por la que piensa seguir batallando Barbero, es que el centro educativo no haya sido considerado culpable también de los abusos. “Queremos la responsabilidad de los maristas, si no es con la sentencia, será con el departamento de Educación [de la Generalitat]”, insistió ayer Barbero sobre el papel de la institución. El consejero de Educación, Josep Bargalló, anunció ayer que reabrirá el expediente administrativo al centro, aunque auguró que no afectará al concierto con las escuelas de esta congregación.

Benítez, que admitió parcialmente las acusaciones durante el juicio, dijo sentirse amparado por el centro educativo porque a pesar de haber recibido una denuncia por tocamientos a un alumno, no le despidió ni le sancionó, únicamente le advirtió. La Sección 21 de la Audiencia de Barcelona resta credibilidad a lo dicho por el condenado y asegura que con las pruebas con las que cuenta puede tener “sospechas, pero no la certeza de que la dirección del centro y la dirección de la institución tuvieran conocimiento concreto” de los abusos cometidos por Benítez.

El tribunal da total credibilidad al relato de las cuatro víctimas, que declararon durante el juicio a puerta cerrada. Según ha quedado probado, el exprofesor de gimnasia, que trabajó con los maristas de 1999 a 2011, llevaba a su despacho privado a los alumnos con el pretexto de curarles lesiones deportivas. Aprovechaba esos momentos para abusar sexualmente de los estudiantes, que entonces tenían entre 12 y 14 años. En dos de los casos, los abusos fueron continuados.

Benítez actuó “aprovechando su ascendencia y jerarquía como profesor de Educación Física y de la confianza que los alumnos tenían por ello depositada en él”, recoge la sentencia. Y lo hizo en un momento en el que los menores “no tenían desarrollada su personalidad”, insiste el tribunal, y eso “ha condicionado el cómo son de adultos”.

17 víctimas

Los abusos a los que fueron sometidos y sus consecuencias son algo que “no tiene precio ni reparación posible”, razona la sala, que destaca lo “perverso y odioso” de la “primera experiencia sexual” de las víctimas, y que “ha incidido de forma permanente en su vida”. Por eso, explica, tiene en cuenta que “el daño infligido nada tiene que ver con lesiones físicas o las secuelas asociadas a la recuperación, hospitalización, etcétera” para calcular la reparación a las víctimas.

Las acusaciones anunciaron ayer que pedirán el ingreso en prisión de Benítez —la ejecución inmediata de la sentencia— ante la posibilidad de que el exprofesor la recurra y siga en libertad. Consideran que existe riesgo de fuga, según explicó ayer la abogada de una de las víctimas, Ester García. Durante el proceso judicial, han sido denegadas las peticiones de prisión preventiva solicitadas por las partes.

El caso de los maristas se destapó gracias al coraje de Manuel Barbero, que desde el momento en el que su hijo Toni le confesó que había sido abusado por su exprofesor de gimnasia no descansó hasta lograr la condena de Benítez. En total, 17 personas denunciaron haber sido víctimas del profesor, pero en 13 casos el delito ya había prescrito. Barbero abrió además un buzón anónimo para denunciar casos de abusos: recibió casi 100 correos de personas que le explicaban sus casos y que implicaban a una docena de profesores. Eso se tradujo en 43 denuncias contra varios centros.

“Una sentencia esperada y necesaria”

La orden religiosa de los maristas esperó varias horas antes de pronunciarse sobre la sentencia que condena a Joaquín Benítez, uno de sus exprofesores, a más de dos décadas de prisión por abusar sexualmente de sus alumnos. Querían analizarla a fondo, según explicó una portavoz. A media tarde, aplaudieron la resolución judicial: “Se trata de una sentencia esperada y necesaria”. También se defendieron de las acusaciones de encubrimiento por parte de algunas de las víctimas. “La institución marista fue la primera en denunciar a Joaquín Benítez en 2011, mucho antes que cualquier otro denunciante”, alegaron, sobre un caso que acabó archivado. “Hemos afrontado los hechos, hemos pedido perdón en todos los casos, y hemos puesto todos los medios necesarios para que esto no vuelva a pasar”, concluyó.

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