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OPINIÓN i

Las niñas no querrán ser lo que no han visto

La participación de niñas en disciplinas que permiten un buen desempeño en el mundo digital es inferior a la de niños

Una bióloga en el Instituto Cefer de Barcelona.
Una bióloga en el Instituto Cefer de Barcelona.

La revolución digital está originando desarrollos económicos y sociales inimaginables. Aunque es difícil anticipar su impacto sobre el futuro del empleo, existe consenso sobre el hecho de que las profesiones más demandadas en el futuro estarán relacionadas con las nuevas capacidades y habilidades digitales.

Sin embargo, la participación de las niñas/mujeres en las disciplinas que les permitirán tener un buen desempeño en un mundo digital (ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas, conocidas por las siglas, inglesas STEM), es muy inferior a la de los niños/hombres. El Libro Blanco de las Mujeres en el Ámbito Tecnológico, presentado por la Ministra de Economía y Empresa, Nadia Calviño, muestra una panorámica de la situación en España. Resulta preocupante comprobar que en la mayoría de las carreras STEM, las brechas continúan siendo negativas y de gran magnitud, y únicamente se han cerrado en matemáticas y biotecnología.

Ahora que el mercado laboral está avanzando hacia la convergencia entre mujeres y hombres, la brecha digital resulta especialmente grave, pues la mayor relevancia de los empleos tecnológicos puede frenar este avance. Un 50% de la población con menor formación tecnológica y en herramientas digitales supone una pérdida de talento y empleo que no nos podemos permitir, especialmente en pleno proceso de envejecimiento. Resulta necesario que las niñas/mujeres se manejen con seguridad en el mundo de la tecnología porque la digitalización va a ser un punto diferencial en cualquiera de las disciplinas en las que se quieran desarrollar, y que la reducción de las brechas digitales se convierta en un objetivo de política económica de primerísimo orden.

Ello implica comprender los orígenes de las brechas de género en los campos educativos. La elección de campo se puede explicar por las habilidades —naturaleza— o por el contexto, que no favorece la presencia de mujeres en las disciplinas científicas —entorno—. La explicación basada en la “naturaleza” se fundamenta en las diferentes habilidades del hombre y la mujer. La explicación basada en el “entorno”, se centra en el papel de la cultura y los estereotipos de género que conforman el ecosistema en el que los estudiantes crecen.

Como no podemos actuar sobre la naturaleza, debemos centrarnos en el entorno. Existe mucha evidencia académica que demuestra cómo los estereotipos de género afectan al rendimiento de las niñas en matemáticas. Cuando los maestros creen que las niñas no son tan buenas como los niños en matemáticas, esto se convierte en una profecía autocumplida, afectando a sus preferencias e induciendo a las niñas a perder la confianza en sí mismas. Niñas, cuyos padres presentan una actitud positiva hacia las matemáticas, también consiguen mejores resultados en matemáticas. Además, las estudiantes cuyas madres o padres trabajan en sectores STEM tienen más probabilidades de completar un título y tener un trabajo en un campo STEM. Por último, aquellos países donde los sesgos de genero se encuentran más arraigados, se asocian con mayores brechas en matemáticas.

Cambiar la actitud de profesores y padres frente a los sesgos, pero también buscar referentes que acaben con dichos estereotipos en todos los ámbitos. La agente especial Scully, de la serie Expediente X, fue un modelo para muchas niñas y adolescentes que crecieron viéndola, dando lugar a lo que se ha denominado el efecto Scully. 25 años después del estreno, el 63% de las mujeres encuestadas que trabajan en STEM, reconocen que la agente Scully las animó a elegir una carrera STEM. En las empresas, y particularmente en las tecnológicas, urge romper los techos de cristal y dar visibilidad a mujeres en puestos directivos.

Queda mucho por hacer y hay que hacerlo rápido pues los estereotipos de género se interiorizan a edades muy tempranas —alrededor de los 7 años—. Políticas, iniciativas en colegios, familias y empresas y referentes. Todo con el mismo objetivo de conseguir que las niñas se interesen por las ciencias y las matemáticas y se animen a estudiar carreras STEM.

José Ignacio Conde-Ruiz es investigador de FEDEA y profesor de la Universidad Complutense

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