Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra

No todas las niñas tienen una madre como Aminata

Decenas de menores españolas sufren mutilación genital cada año. Las familias las trasladan a sus países de origen y regresan años después mutiladas y casadas. Cada vez más madres luchan por evitarlo

Aminata Soucko, nacida en Mali y vecina de Valencia, se enfrentó a su familia y vecinos para lograr que no mutilaran a su hija -nacida en España- de 8 años.

La primera vez que a Aminata Soucko le vino la regla se pasó 20 días tumbada en la cama. “Llorando”, añade. “El dolor era espantoso”. A Aminata le habían seccionado, muchos años antes, el clítoris y los labios vaginales. También fue cosida. Sufrió, siendo niña, una mutilación genital de tipo III, la más agresiva. “En Malí, como en otros países de África, si no te duele la regla, está mal visto. Debes tener dolores o acabarás señalada”, dice Aminata.

Por eso, la mayoría de niñas que nacen y crecen en los países donde se practica la ablación, quieren ser mutiladas. “Si no lo estás, puedes tener problemas sociales muy graves”, explica Aminata. Y cuenta el día que su sobrina, a quien ella y su madre habían decidido salvar de la mutilación, se escapó de casa con unos billetes arrugados en la mano y se presentó en el pueblo donde se llevaba a cabo la práctica pidiendo ser cortada. “La salvamos en el último momento. Pero es que no soportaba las burlas y el desprecio de las otras niñas”.

Malí está a 3.000 kilómetros de España. No hace falta irse tan lejos: miles de niñas españolas corren el riesgo, a día de hoy, de ser mutiladas. Decenas de ellas, cada año, acaban siéndolo.

Ana es el nombre ficticio que ha elegido una joven de 19 años de un pueblo del interior de la provincia de Girona. Es catalana, hija de gambianos que llegaron hace dos décadas a España. Cuando era pequeña fue enviada a su país “a casarse y aprender las costumbres”, explica. “Mi familia es mandinga y son un grupo que hace la mutilación. Así que, si te envían a casarte, ya sabes lo que eso incluye”. Ana fue mutilada en el país de sus padres cuando tenía 16 años, ya que su etnia practica la ablación en la adolescencia. Después fue obligada a casarse con su tío. Se queda callada durante un rato antes de explicar lo que se siente. Finalmente susurra: “No te imaginas cuánto duele”.

“¿Tú ves niñas subsaharianas por la calle? No están. Niños sí, pero faltan las niñas. Se las siguen llevando. Y no regresan hasta que están casadas"

Según datos de la Fundación Wassu de la Universidad Autónoma de Barcelona, 65 niñas españolas menores de 14 años fueron trasladadas el pasado año a los países de origen de sus padres y no regresaron. Aina Mangas, investigadora de la fundación y especializada en mutilación genital femenina (MGF), explica que “no se puede hacer con rotundidad una relación causa efecto, pero la probabilidad y nuestra experiencia señalan que la mayoría, por no decir todas esas niñas, fueron llevadas a sus países de origen para ser mutiladas”.

Si ampliamos el margen, y según datos de la misma fundación, entre los años 2012 y 2016 se llevaron de España a 404 niñas que, con probabilidad, han sido mutiladas. Solo en la provincia de Girona (la más expuesta al riesgo), y según datos de la Generalitat, 16 niñas no regresaron tras salir a sus países de origen el año pasado.

“Si se han llevado a las niñas y no han regresado es que están mutiladas. Seguro, cien por cien”. Lo dice Dialla Diarra, nacida en Malí y vecina de Banyoles (Girona) desde los 15 años, donde actualmente ejerce de mediadora en la Asociación de Mujeres Subsaharianas Legki Yakaru, una organización pionera en la lucha contra esta práctica y que cuenta con el apoyo de Oxfam Intermón. “Claro que están mutilando a niñas españolas. Ocurre cada año”, dice con rotundidad sentada en el sofá de su salón. “¿Tú ves niñas subsaharianas por la calle? No están. Niños sí, pero faltan las niñas. Se las siguen llevando. Y no regresan hasta que están casadas, años después. Las casan con chicos subsaharianos nacidos también en España. De esta forma, la reagrupación familiar es con el marido y no con los padres, a quienes las autoridades no pueden acusar”, explica.

“La realidad actual es que la mutilación genital femenina sigue vigente, no ha sido erradicada en niñas ya nacidas en España”. Lo explica Rosa Negre, subinspectora de Mossos d’Esquadra y responsable de la Unidad de Proximidad y Atención al Ciudadano de Girona. Lo hace desde un despacho en la comisaría de Vistalegre mientras la lluvia empapa las ventanas. “Hace unas semanas nos aparecieron aquí en comisaría dos niñas pequeñas. Se estaban escapando porque habían escuchado en casa que las querían enviar a su país de origen de vacaciones”.

Víctima de mutilación genital femenina.
Víctima de mutilación genital femenina.

Lo que está cada vez más controlado es que la mutilación tenga lugar en suelo español. Los últimos casos conocidos tuvieron lugar hace 5 años. En 2012 un matrimonio gambiano fue condenado a 8 años de cárcel en Teruel por extirpar el clítoris a su hija de 8 meses. Un año después el Tribunal Supremo impuso una pena de 12 años a otra pareja, también de Gambia, por mutilar a sus hijas de 6 y 11 años en Vilanova i la Geltrú (Barcelona).

Hayat Traspas dirige, junto a su madre Asha, la ONG Save a Girl, Save a Generation, que lucha, entre otras cosas, contra la tradición de la ablación. Hayat vive en Madrid a donde llegó desde Somalia cuando era poco más que un bebé. Su madre Asha logró evitar que la mutilaran y ahora Hayat intenta concienciar a las madres subsaharianas para evitar nuevos casos. “Creemos que en España ya no ocurre lo que es el acto en sí, aunque estamos seguras de que, después de las últimas sentencias, sí han tenido lugar más mutilaciones que no han salido a la luz”, dice mientras toma un café cerca del local que la ONG tiene en el centro de la ciudad. “Nos contaron el otro día que en Fuenlabrada y en Parla (Madrid) se habían dado unos casos relacionados con nigerianas, pero no nos consta. De todas formas, hay que estar alerta”.

Dialla recuerda que, hasta no hace tanto, existían mujeres encargadas de llevar a cabo las ablaciones viviendo en España: “Aquí en Banyoles había una mujer de Gambia que era la mutiladora en Cataluña. En los años noventa mutiló a muchísimas niñas, era la encargada. Lo hacía en su casa y le llevaban niñas de toda Cataluña. Todas las chicas que hay mutiladas aquí, pasaron por sus manos. Huyó a su país hace tiempo”.

Hoy la preocupación se centra en la prevención, en los motivos: “Todavía hay muchas madres que consideran que deben hacerlo, que es bueno para sus hijas. Por eso se las llevan”, dice Hayat. Yala añade: “Diría que aún son mayoría las familias que quieren que sus hijas sean mutiladas. Y aquellas que no quieren, reciben muchísima presión del entorno o de su familia en el país de origen”.

Fue el caso de Aminata Soucko, la mujer que abre este relato. Con 17 años se estaba preparando para ir a clase en Malí cuando su tía se asomó a la cocina y soltó una frase que sigue incrustada en la memoria de Aminata. “Hoy te vas a casar. A las 3. No vayas a clase”. El llanto de la joven fue inútil. “Yo ni siquiera sabía quién era el hombre”. Aminata fue casada y su marido se fue a Valencia. Meses después, emigró ella. “Me quedé embarazada al poco de llegar y empecé a ir a clases a escondidas, porque quería el graduado escolar”.

Aminata con su hija.
Aminata con su hija.

El parto tuvo lugar un mes de enero, por cesárea y con la alerta instalada en el equipo médico cuando descubrieron Aminata estaba cosida. “Sufrí mucho, pero no podía dejar de ir a clase. Así que fui con el bebé cuando tenía dos días. Las profesoras me dijeron que me fuera a casa y que estudiara allí. Mi marido me lo prohibía, así que escondía los libros en la frutería de mi calle y bajaba a estudiar ahí, mientras el frutero vigilaba que no apareciese mi marido”, recuerda Aminata.

“Desde que me mutilaron, nunca he vuelto a poder controlar mi orina”, cuenta Ana, la chica llevada a Gambia. “Yo tengo 19 años y me hago pis encima”.

Hoy ha conseguido el divorcio y la custodia de su hija, que tiene 8 años. “Tenía claro desde el principio que no quería que a ella la mutilasen”. No fue fácil. Cuando Aminata llamó a su madre para decírselo tuvo que escuchar los gritos “Estaba escandalizada. Me decía que había traicionado a toda la familia. Con los días se fue calmando, pero tuve que decirle que, si no me prometía que iba a respetar mi decisión, jamás iría a verla a Malí. Así que aceptó”.

Aminata regresó de visita a su país cuando su pequeña tenía 6 años. “Las mujeres del pueblo empezaron a hablar y a presionar. A decir que había que hacer algo con la niña. Yo decidí pasar al ataque. Las reuní y les expliqué por qué no quería hacerlo. Les hablé de las consecuencias y los riesgos. Me miraban como a una loca. Pero accedieron. Me presionaron mucho aquellos días, pero yo les presioné a ellas el doble. Y regresé con mi hija intacta. Tuve suerte. Conozco casos de madres que fueron encerradas y atadas por su propia familia hasta que accedieron a que mutilasen a su hija”.

En total, en España, hay 18.396 niñas en riesgo de padecer ablación. “Para estas niñas, además, el trauma es más probable porque se van a encontrar otra realidad a su regreso a España, otros valores y otras amigas. Y van a sufrir mucho psicológicamente”, completa Aminata.

"Los gritos no se escuchan, la sangre no se ve"

La ablación es una práctica presente en 29 países del mundo, la mayoría de ellos en el África subsahariana. Somalia, Yibuti, Guinea, Sierra Leona, Egipto y Malí son los que más casos registran, casi todos con la pasividad de sus gobiernos como herramienta cómplice.

“El primer efecto es felicidad, porque ese día no te toca hacer nada en la casa. Es una fiesta, vienen familiares y amigos”, explica Hayat. “Estar mutilada significa ser mujer, estar preparada para casarse”. Dialla añade: “Una mujer que no está mutilada es, a ojos de la sociedad, una mujer sucia, masculinizada, que huele mal, que no debe tocar la comida. Los hombres la rechazan y los maridos no quieren sexo con ella. Está estigmatizada. De ahí que sean las propias niñas las que lo pidan”.

“La realidad la descubren después”, dice Hayat. “La gente va a la fiesta y come y bebe, pero el momento del corte no lo ven. Se llevan a las niñas a un sitio aislado. Los gritos no se escuchan y la sangre no se ve”

Los días siguientes transcurren con las niñas inmóviles y con las piernas atadas para evitar que se salten los puntos. “Muchas veces se producen infecciones, anemia, hepatitis, contagios por usar la misma cuchilla… Los problemas reaparecen con la regla, el parto…”, explica Hayat. “Hay mujeres a las que les duele toda la vida”

“Desde que me mutilaron, nunca he vuelto a poder controlar mi orina”, cuenta Ana, la chica llevada a Gambia. “Yo tengo 19 años y me hago pis encima”.

No todas las niñas tienen una madre como Aminata

El porqué de está tradición tiene que ver con la anulación del apetito sexual de la mujer para reducirla a un medio de reproducción. Una mujer que disfruta del sexo está mal vista en estos entornos.

Existen tres tipos de mutilación. El tipo I elimina parcialmente el clítoris; el tipo II corta el clítoris y los labios menores. Y el tipo III consiste en la ablación del clítoris, los labios menores y mayores y la sutura parcial de la vulva.

“Cuando fui descubriendo todo esto -cuenta Hayat- comprendí por qué mi madre se puso a llorar cuando yo nací”.

"Si la mutiláis, yo me voy a la cárcel"

Cada Comunidad Autónoma con potencial riesgo tiene su protocolo para prevenir y evitar ablaciones. La hoja de ruta parece clara en todas ellas, pero la implementación y los medios para llevarla a cabo están aún en vías de desarrollo, de ahí que se sigan llevando a cientos de niñas a mutilar.

“Aquí en Madrid falta mucha coordinación”, explica Hayat. “No hay una comunicación fluida entre atención primaria y autoridades. Se están descubriendo las mutilaciones cuando las mujeres llegan a dar a luz. Urge invertir y trabajar en prevención”.

"Muchísimas familias no saben absolutamente nada sobre las consecuencias de la ablación. Hay pueblos en España donde no ha llegado el protocolo"

El primer protocolo nació en Cataluña (donde viven el 35% de las niñas en riesgo) en 2002 y fue actualizado en 2009. En él se establecen pautas para informar y concienciar a las familias subsaharianas a través de mediadoras de sus comunidades, que coordinan mesas de trabajo. Los servicios médicos también deben ser informados y alertar a los Mossos si encuentran niñas en riesgo. Es la policía quien informa al juez si una de esas niñas en riesgo va a ser sacada de España y se decide si se autoriza o no el viaje. En caso de que finalmente se les permita, los padres deben llevar un documento consigo en el que se explica que, si la niña es mutilada, la familia irá a la cárcel a su regreso a España. Un documento que se aplica en todas las Comunidades Autónomas y que sirve para que las familias puedan sortear la presión brutal en sus países de origen.

“El protocolo es bueno, pero no se está llevando a cabo. Hay un enorme desinterés político”. Lo explica Sira Kande, mediadora en la comarca del Gironés. Desde los propios Mossos d’Esquadra admiten que “queda mucho por mejorar y muchos sitios a los que llegar”.

Dialla, la mediadora de Banyoles, afirma que todavía existen en España “muchísimas familias que no saben absolutamente nada sobre las consecuencias de la ablación. Que nunca han recibido una charla. Diría que son la mayoría. Hay pueblos donde no ha llegado el protocolo: Salt, Figures, Olot… Son sitios donde, si pudieran, las familias mutilarían a sus hijas hoy mismo”.

Aina Mangas, de la Fundación Wassu, insiste: “Se necesita poner mucha más energía en la prevención. Que las familias no dejen de mutilar solo por temor a la ley, sino porque comprendan que es perjudicial. El protocolo está incluido en la Ley contra la Violencia Machista, cuando debería ser parte de la Ley de Infancia”.

No todo son malas noticias. Hace solo 15 años este tema era un absoluto tabú. “Ahora se habla y poco a poco vamos llegando a más mujeres”, explica Dialla. “Les estamos explicando que no hay nada de malo en disfrutar del sexo. Si la mujer africana comprende que la ablación es mala, eso es más poderoso que la ley, porque no va a permitir que le hagan nada malo a su hija”.

Se adhiere a los criterios de The Trust Project Más información >

Más información