Feministas de Marruecos se inspiran en Ciudad de México para combatir el acoso sexual

El grupo de voluntarias #masaktach (‘Yo no me callo’) reparte miles de silbatos entre mujeres, como en su día hizo el alcalde de la capital mexicana

Una feminista del grupo #masaktach (‘Yo no me callo’) ofrece un silbato contra el acoso a una señora, el 10 de noviembre en Rabat.
Una feminista del grupo #masaktach (‘Yo no me callo’) ofrece un silbato contra el acoso a una señora, el 10 de noviembre en Rabat.Francisco Peregil

Decenas de feministas iniciaron este sábado en las principales ciudades de Marruecos el reparto de miles de silbatos a mujeres para luchar contra el acoso callejero. La campaña “Si te acosan, silba” está inspirada en la medida que emprendió en 2016 el alcalde de Ciudad de México, Miguel Ángel Mancera, con la entrega de 15.000 silbatos para prevenir las agresiones sexuales.

La iniciativa de Mancera fue criticada por varias asociaciones feministas mexicanas. “¿Por qué tengo que colgarme una señal para que no me violen? ¿La que decida no llevarlo está entonces dando vía libre para que abusen de ella?”, se preguntaban algunas mujeres. Otras alegaban que el silbato era insultante e ineficaz.

Sin embargo, Aïcha Del-lero, una de las diez fundadoras del grupo feminista #masaktach (yo no me callo, en árabe), cree que la campaña es útil por dos motivos: “Primero, porque así recordamos que existe desde hace meses una ley en Marruecos contra el acoso laboral, que protege a las mujeres acosadas. Es cierto que hasta ahora la ley ha servido para poco, que no se ha llegado a aplicar aún. Pero tenemos que recordar a la gente que la ley está ahí. Y el segundo objetivo es concienciar a las mujeres de que la calle también nos pertenece, de que tenemos derecho a hacer ruido. La idea es molestar un poco, igual que nos molestan a nosotras. La diferencia entre México y otras iniciativas que se han dado en países como India, es que aquí no son las autoridades las que reparten los silbatos, sino los grupos de voluntarios”.

El 13 de septiembre entró en vigor una ley en Marruecos que contempla seis meses de cárcel para el acosador denunciado y multas de entre 10.000 y 30.000 dírhams (de 180 a 900 euros). La realidad es que hasta el momento, la ley ha servido de poco. Solo ha trascendido una denuncia en Fez y la mujer terminó retirándola.

Loubna Rais, una de las feministas de #masaktach, abordó este sábado en Rabat a una señora que llevaba a su niña bebe en un carro y estaba acompañada de su marido.

-¿Usted sabe que es ilegal el acoso? No, ¿verdad? Pues, a partir de ahora la ley la protege. Y a su hija también la protegerá en el futuro.

La señora aceptó el silbato, pero el marido alegó algunas objeciones:

-Yo estoy en contra de que un hombre insulte a una mujer por la calle. Pero hay que detenerse en cada caso. Porque una cosa es insultar y otra es piropear. Hay muchas mujeres que están encantadas con que les echen piropos. Y es absurdo que la ley castigue eso.

-Pero hay que tener muy claro la diferencia entre hacer la corte o seducir y acosar a una mujer- señaló Rais.

Amina, una mujer en la cuarentena y con velo, recibió de buen grado el silbato pero confesaba su escepticismo: “Esto está bien como una forma de sensibilizar a la gente. Pero no creo que vaya a arreglar nada. Hay que invertir en la educación. Y en sacar a la gente de la pobreza. Los hombres desahogan su rabia y su frustración con las mujeres, que son la parte más débil de la sociedad. Por mi parte, yo creo que no voy a utilizar nunca el silbato. Yo tengo otros medios para protegerme. El velo, por supuesto. Y también la forma de vestir. Si buscas en el islam puedes encontrar la solución a este problema del acoso”.

La mayoría de las mujeres a las que ofrecieron los silbatos los aceptaron de muy buen humor. Y confesaron que se sentían acosadas en la calle. Con cualquier aspecto y cualquier edad. Y algunas rechazaron el silbato. “Dos chicas me han dicho que a ellas les gusta que las molesten por la calle”, indicó Marwa Balagh, una de las feministas voluntarias.

Tal vez, de los 15.000 silbatos que se comenzaron a repartir el sábado en las principales ciudades de Marruecos, sean muy pocos los que se lleguen a utilizar para denunciar acoso. Puede que la mayoría de ellos terminen como juguetes en manos de los niños. Pero el grupo #masaktach, que comenzó apoyando a Jadiya, una adolescente de 17 años que denuncia haber sido violada por 12 jóvenes, ya ha conseguido hacer visible su mensaje en la sociedad.

Loubna Rais cree que la existencia de ley aprobada en septiembre es clave en la lucha contra el acoso, a pesar de las deficiencias de la propia norma. Y por eso reparten junto al silbato una pequeña hoja con el texto de la norma escrito en árabe y francés. “La mentalidad de la gente no cambiará nunca si no hay una ley que proteja contra el acoso”, indica Rais. “Hace unos años nadie creía en este país que la gente se fuera a poner en el coche el cinturón de seguridad. Salió una ley que multaba a quien no lo llevase puesto y ahora nadie se cuestiona que hay que ponérselo”.

Sobre la firma

Francisco Peregil

Es corresponsal para el Magreb desde 2015, con sede en Rabat. Antes ejerció desde Buenos Aires durante tres años como corresponsal para Sudamérica. Comenzó en EL PAÍS en 1989, después de trabajar varios meses en 'El Mundo'. Es autor de las novelas 'Era tan bella', –mención especial del jurado del Premio Nadal en 2000– y 'Manuela'.

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