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El Vaticano expulsa a un cura mexicano por abusos a menores

Eduardo Córdova está acusado de abusar de al menos 20 niños. Su archidiócesis le protegió durante años

Eduardo Córdova, sacerdote acusado de pederasta
Eduardo Córdova, sacerdote acusado de pederasta

El rostro del sacerdote católico Eduardo Córdova comenzó a hacerse familiar hace diez días. Un cartel con su cara apareció en la ciudad de San Luis Potosí, en el centro de México, invitaba a sus víctimas dejar las sombras para denunciar los abusos sexuales que habían sufrido. Es el caso más reciente de pederastia en la iglesia mexicana, que tiene como antecedente el caso de Marcial Maciel, el fundador de la orden de los Legionarios de Cristo que fue el responsable de decenas de violaciones a menores protegido por las autoridades eclesiásticas.

El Vaticano ya ha retirado el sacerdocio católico a Córdova. La Congregación de la Doctrina de la Fe ha impuesto al clérigo la “dimisión del estado clerical”, según han confirmado fuentes de la Santa Sede a Notimex, la agencia de noticias del Estado mexicano. Una víctima del sacerdote en 2012 había acudido a Roma a denunciar su caso y a exponer sus pruebas. La Iglesia comenzó entonces una investigación. El 23 de abril se hallaron suficientes indicios para decretar la suspensión de sus funciones. Esa decisión se conoció en México a finales del mes de mayo. La determinación final, que expulsa a Córdova de la iglesia, se hizo pública esta misma semana, una vez que la curia romana concluyera la investigación hallando verosimilitud en la acusación de pederastia.

Córdova no hubiera hecho el daño que hizo sin el encubrimiento de la Arquidiócesis

Martín Faz, activista

Córdova es señalado en México por al menos 19 casos más. Las primeras víctimas de este hombre aseguran haber sido objeto de abuso en 1985, cuando era profesor de ciencias sociales en un colegio marista. “El padre me mandó a su oficina con un libro de catecismo para que lo leyera. A la hora del recreo llegó y cerró la puerta. ‘¿Leíste el libro?’ Sí, le dije. ‘Cuéntame tus pecados’. Y me preguntó si me masturbaba. Le dije que no. ‘¿De verdad?’ No. ‘Lo tengo que comprobar, no digas mentiras’, me dijo. ‘Bájate los pantalones, bájate los calzones’, me pidió. Empezó a explorarme como si fuera doctor y yo me imaginé que estaba comprobando si me masturbo o no y si le había mentido. Llegó hasta arriba. Me salvó la campana del recreo”, dijo Humberto Aroa, que tenía 13 años en este entonces y cursaba el primer grado de secundaria.

Después del incidente Humberto supo que no había sido el único que había tenido una experiencia similar. Lo contó en casa y los padres montaron una revolución que terminó expulsando a Córdova del colegio. El profesor de ciencias sociales encontró refugio en la Iglesia. Entro al seminario para convertirse en sacerdote. “Con los años me enteré que se hizo padre. Me dio coraje. ¿Cómo puede permitir la Iglesia eso? Era obvio que se sabía. Lo corrieron del colegio por eso”, dijo en una conferencia de prensa Gunnar Mebius, que sufrió tocamientos en el colegio marista.

Alberto Athié, un exsacerdote que sufrió los abusos de Maciel y que se ha transfigurado en un combativo activista para denunciar los casos de pederastia en la Iglesia, afirma que el Vaticano tuvo información de la conducta de Córdova desde 1998. "Esa fue la primera ocasión con un proceso abierto. La Santa Sede lo cerró en 2004", señala vía telefónica. 

La historia se repitió años después. Asociaciones civiles documentaron más casos ocurridos entre el 2000 y el 2003 cuando Córdova era párroco en la iglesia Nuestra Señora de la Anunciación. Las madres de las víctimas se quejaron entonces con el obispo de San Luis Potosí, Luis Morales Reyes, que sacó a Córdova de la parroquia para enviarlo como capellán a otro sitio.

La Arquidiócesis de San Luis Potosí negó las acusaciones que hacían los familiares de 19 jóvenes. El portavoz de la iglesia usó una estrategia similar a la empleada en el caso de Maciel, donde se desestimaba a los acusadores afirmando que querían desacreditar y calumniar a la Iglesia. En 2008 un tribunal eclesiástico declaró inocente a Córdova, que había sido el representante legal de la Arquidiócesis por una década. “No hubiera hecho el daño que hizo sin el encubrimiento de la Arquidiócesis”, dice Martín Faz, un activista que ha auxiliado a que todo esto salga a la luz.

Las víctimas, desconsoladas ante la absolución del hombre que destrozó sus vidas, acudieron con Alberto Athié. "Estaban indignadas. La Iglesia había recomendado que le retiraran los cargos con discreción. ¡Cómo es posible! Mandarlo a su casa sabiendo que además puede abusar de otros sin haber hecho justicia", señala.

La Iglesia había recomendado que le retiraran los cargos con discreción. ¡Cómo es posible! Mandarlo a su casa sabiendo que puede abusar de otros


Alberto Athié, activista 

Fue hasta el pasado 23 de abril cuando el Vaticano dio verosimilitud a las acusaciones. La Iglesia potosina debió reconocer el problema que engendró por dos décadas. Ese día el abogado de la diócesis potosina, Armando Martínez, reconoció que Córdova ya no formaba parte de los suyos. “No pertenece como sacerdote a la arquidiócesis de San Luis Potosí. Tampoco somos la Inquisición, dejamos en manos del Estado que actúe y que haga lo que tenga que hacer”, dijo.

La ciudad le dio entonces la espalda a una figura que hasta ese momento había encumbrado. “Somos muy puritanos y creemos que los padres son santos y buenos. Y no es cierto. Son seres humanos y también hay enfermos como este”, agrega Gunnar, una de las víctimas. En la cabeza de muchos ronda la pregunta: ¿por qué se tardó tanto en actuar si había indicios claros de la conducta depredadora de Córdova?

"La Iglesia se ha convertido en un espacio para que los pederastas puedan tener formación, tengan altos puestos y dentro de sus funciones importantes ejerzan actividades delictivas que quedan protegidas por la institución", agrega Athie.

Córdova se encuentra hoy oculto, acusado de abuso sexual, corrupción de menores, y secuestro. En la fiscalía se guarda un expediente integrado por la historia de 19 víctimas, aunque podrían ser “cientos”, según Faz. "En un gran número de casos el delito ha prescrito. Por ello estamos concentrados en aquellos en los que no o que están cerca de prescribir”, afirma. En México los delitos sexuales contra menores caducan después de cinco años. “Esto opera en favor del victimario generando impunidad”, dice.

A raíz de este caso el Gobierno de San Luis Potosí ha creado una fiscalía especializada en delitos de pederastia. Las víctimas del profesor de ciencias que se puso la sotana lo sufrieron durante 30 años.

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