Selecciona Edición
Entra en EL PAÍS
Conéctate ¿No estás registrado? Crea tu cuenta Suscríbete
Selecciona Edición
Tamaño letra

Afectados por el Bio-Bac dicen al juez que un médico les aconsejó dejar la quimio

Primera jornada del juicio por la comercialización del falso medicamento antitumoral

Varios testigos relatan que médicos privados lo ofrecían como alternativa al tratamiento

El fabricante del bio-bac, de espaldas, al inicio del juicio en Barcelona.

“Nos teníamos que agarrar a algo. Teníamos un niño de 5 años y una niña de 11 y a su madre le habían diagnosticado cáncer de pulmón”. Uno de los testigos en el juicio de Bio-Bac, un tratamiento que se anunció durante años como cura para el cáncer, el sida y la hepatitis, relató este lunes cómo probó “de todo” para salvar a su esposa, María del Pilar: “Fuimos a Estados Unidos, compramos aleta de tiburón...”. Uno de los remedios a los que se aferraron fue el Bio-Bac: “El médico nos lo ofreció como alternativa a la quimio”, dijo. Pese al consejo del médico, del que dijo no acordarse — “es una etapa que intento borrar de mi mente”, aseguró—, decidieron seguir también con el tratamiento convencional. María del Pilar falleció pocos meses después.

La primera jornada del juicio, que se celebra 17 años después de que se empezara a vender el producto y 12 después de que el Ministerio de Sanidad denunciara su comercialización, permitió comprobar que algunos médicos prescribían Bio-Bac afirmando que podía curar el cáncer. María Teresa Berenguer relató el “suplicio” que vivió su marido, enfermo de cáncer de pulmón. Aseguró que Fermín Moriano, un médico que estuvo imputado en el procedimiento hasta que falleció en 2011, le aseguró que aquel producto “iba a salvarle”. Para cuando el enfermo visitó a Moriano, su caso “ya no tenía solución” y no se estaba sometiendo a quimioterapia, explicó su mujer. Ella también cayó enferma de cáncer. “Moriano me dijo que si tomaba Bio-Bac tenía que dejar la quimioterapia porque bajaba las defensas y el producto no tenía tanto efecto”. Decidió no tomarlo.

“No se preocupe que para Navidades estará usted perfectamente”. Es lo que Moriano le dijo al hermano de María del Carmen González, aquejado de un linfoma, según contó ella en el juicio. Llegaron a este médico privado por recomendación de una mujer que aseguraba que su hermana “se había curado de un cáncer” con el Bio-Bac que le había recetado. “La quimioterapia es un veneno. Yo la dejaría”, asegura que les dijo en consulta. Su hermano, padre de cinco hijos, murió a los pocos meses.

Ninguno de los cuatro acusados en el juicio es médico. La fiscalía pide cinco años y medio de cárcel para Rafael Chacón, al que acusa de fabricar y vender sin licencia Bio-Bac a 2.030 pacientes —Chacón aseguró en su testimonio que llegaron a tomarlo 10.000 y que ninguno tuvo efectos adversos ni reclamó— por un delito contra la salud pública y otro contra los consumidores. También reclama para la secretaria de la empresa dos años y medio de cárcel por otro delito contra la salud pública, el mismo que atribuye al biólogo que trabajaba con Chacón, y al entonces responsable de los laboratorios Iven, donde se elaboraba el producto.

La defensa trata de demostrar que ningún responsable de la empresa comercializadora aconsejó dejar los tratamientos. Por eso el abogado de Chacón, Francisco Álvarez, preguntó a todos los testigos si, durante las conversaciones telefónicas que mantenían con Chacón Farmacéutica para encargar el producto --que les llegaba a casa mediante un servicio de mensajería--, alguno de los empleados había sugerido o recomendado abandonar los tratamientos médicos que recibían los pacientes. Las respuestas fueron negativas. Los testigos solo señalaron a los médicos privados que les prescribieron el Bio-Bac.

Chacón insistió durante su declaración en que el Bio-Bac nunca se comercializó como un medicamento, sino como un complemento alimenticio o dietético. El Bio-Bac desapareció del mercado en 2002, tras la denuncia del Ministerio de Sanidad que se saldó con una operación de la Guardia Civil que precintó miles de frascos y dejó 23 detenidos, 13 de ellos médicos. Se llamó Operación Brujo y fue el inicio de una larga tramitación que ahora llega a juicio. En 2007 el antiguo Bio-Bac fue aprobado como complemento alimenticio bajo el nombre de Renoven. El laboratorio Geamed lo vende a 39 euros el frasco en su página web, aunque ya no le atribuye propiedades terapéuticas. "Recomendado para reforzar el funcionamiento del sistema inmune", afirma.

La historia del Bio-Bac se remonta a más de 30 años atrás. El producto procede del "descubrimiento" que el padre del acusado, Fernando Chacón, microbiólogo y farmacéutico, hizo en los años setenta: una "autovacuna de enzimas inactivas" que empezó a elaborar y a vender como fórmula magistral en su farmacia de Córdoba. En los años noventa, con el padre ya jubilado, el hijo intentó realizar diversos ensayos clínicos para comercializar el producto, al que llamó FR-90 y FR-91.

Entre los testigos que la fiscalía citó este lunes estaba Ramón Palop, subdirector general de Seguridad de Medicamentos cuando el Ministerio de Sanidad presentó la denuncia y alertó a la Guardia Civil. Declaró que Sanidad decidió denunciar al comprobar que el producto "reivindicaba indicaciones terapéuticas", por lo que se consideró que se estaba vendiendo como medicamento sin estar autorizado. "Por la información que nos constaba, básicamente la página web, se estaba vendiendo con propiedades curativas", añadió. Palop aseguró también que desconocía la tramitación previa del producto.

Más información