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DAVID RÍOS / Catedrático de estadística e investigación operativa

“Las matemáticas ayudan en la defensa frente al terrorismo”

Este catedrático explica que el Análisis de Riesgos Adversarios se aplica en ámbitos tan dispares como las subastas o el márketing

El matemático David Ríos, en el Instituto ICMAT-CSIC.
El matemático David Ríos, en el Instituto ICMAT-CSIC.

David Ríos, como matemático, se ocupa de un tipo de análisis que cuesta creer que sea precisamente eso, matemático, y que se considere tan útil como para que los Gobiernos encarguen a los científicos asesoramiento. Se trata de analizar qué enemigos tengo, qué pretenden, qué pueden hacerme, cómo optimizarán el daño, cómo protegerme, cómo recuperarme del ataque. Se llama Análisis de Riesgos Adversarios y, explica este catedrático de estadística e investigación operativa de la Universidad Rey Juan Carlos, surgió en EE UU, con él como uno de los pioneros, a raíz de los ataques terroristas del 11-S y de las medidas de defensa que desencadenaron. “Se sobreinvirtió en seguridad”, afirma. A sus 49 años, Ríos, miembro de la Real Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales, ya en España tras unos años de trabajo en EE UU, va a poner en marcha, en el Instituto de Ciencias Matemáticas ICMAT-CSIC, una línea de investigación precisamente sobre este novedoso tipo de análisis con la prestigiosa beca de 1,1 millones de euros que ha logrado del Fondo de Investigación AXA. Invertirá la ayuda, dice, en contratar investigadores.

Pregunta. ¿Qué es el Análisis de Riesgos Adversarios (ARA)?

El análisis de riesgos adversarios se usa en subastas y en ‘marketing”

Respuesta. Considera situaciones en las que hay un riesgo, una amenaza que si se hace realidad tiene consecuencias negativas de tipo económico, destructivas, pérdidas... Mientras el análisis de riesgo tradicional se ocupa de amenazas no inteligentes, como huracanes, riadas, etcétera, nosotros nos centramos en adversarios inteligentes, en el sentido de que pretenden maximizar el daño a nuestra organización.

P. ¿Con matemáticas?

R. Sí, las matemáticas ayudan en la defensa frente al terrorismo, es el ejemplo típico. El ARA surge como una mezcla de análisis de riesgo tradicional y teoría de juegos. Esta última supone que las partes que se están enfrentando ponen sobre la mesa sus preferencias. Es decir, que los enemigos se conocen perfectamente: “Sé quién es el malo y sé lo que quiere, y él sabe quién soy y lo que quiero”. Pero en las situaciones que nosotros analizamos, estas condiciones no se dan: sé quién es el malo pero hay ocultación de información. Lo que hacemos es construir un modelo de una de las partes, el defensor, que predice lo que va a hacer el contrario, el atacante, para el que suponemos que tiene una racionalidad parecida a la nuestra.

P. ¿Y si el enemigo usa también el ARA?

R. Podría ser. Estudiamos distintos tipos de atacantes, de racionalidad. Simulamos el posible atacante para predecir lo que va a hacer, y con nuestro modelo ayudamos a tomar la decisión óptima del defensor.

P. ¿Un caso típico?

R. El terrorismo. Estamos haciendo el análisis, por ejemplo, de riesgo para una infraestructura crítica de una ciudad, como el metro, en un proyecto europeo. Identificamos las posibles amenazas, las formas de ataque del enemigo, intentamos averiguar sus motivaciones, sus preferencias... y, a partir de ahí, elaboramos el modelo matemático. Queremos saber, por ejemplo, cuál puede ser el número de personas que pretende matar el enemigo para alcanzar la máxima publicidad, o para llegar a la santidad sacrificándose... El razonamiento intuitivo puede llevar a un comportamiento subóptimo, y lo que nosotros pretendemos es dar un soporte matemático a las decisiones frente al adversario. Es un método eficaz porque aportamos mecanismos para racionalizar las inversiones que se hacen en seguridad.

P. ¿Cómo surge el ARA?

R. Como consecuencia del 11-S y de otros grandes atentados probablemente se sobreinvirtió en seguridad y en sistemas de defensa. La cuestión es racionalizar la asignación de recursos, por ejemplo no poniéndonos en el peor caso posible, sino en el riesgo real.

P. ¿Trabajan en esto los matemáticos para los Gobiernos?

R. Yo, no. Me dedico a proyectos científicos. Pero en EE UU sí que trabajan para el Gobierno expertos en ARA. Hay varios centros de matemáticas que se ocupan de esto con financiación del Departamento de Interior.

P. Todo muy secreto...

R. Como investigadores, publican modelos, pero hay que alimentarlos con datos reales que no son públicos.

Estudiamos situaciones en las que el ‘malo’ oculta información”

P. Usted estaba en EE UU cuando arrancó la idea del ARA...

R. Sí. El Gobierno de EE UU pidió a una consultora una evaluación de las amenazas bioterroristas y, como validación, solicitó a la Academia Nacional de Ciencias un informe sobre la metodología utilizada. Uno de los autores de ese informe y yo empezamos a trabajar en esto. Había tres enfoques: uno basado en el análisis de riesgo tradicional, que no tenía en cuenta la intencionalidad del adversario; la teoría de juegos, que exige conocimiento común; y, la tercera, el análisis de decisiones, que no tiene métodos operacionales para sacar distribuciones de probabilidad necesarias.

P. ¿Otras aplicaciones?

R. Ciberseguridad. Estamos trabajando en un proyecto para una torre de perforación de petróleo cibercontrolada que es un objetivo para piratas informáticos. Otro ejemplo son las subastas: tú participas en un concurso, tienes posibles competidores y quieres saber cuál es tu estrategia óptima, la oferta que tienes que hacer. Ya hay diseñadores de subastas que usan el ARA y hay casos muy famosos, como la subasta del ancho de banda con la telefonía 3G: hubo Gobiernos que ganaron mucho dinero porque diseñaron bien las subastas. También se puede utilizar en marketing competitivo, para desarrollar la estrategia frente a los competidores... Es decir, siempre en situaciones en que tienes un competidor inteligente e incertidumbres en cuanto a cuál es tu mejor estrategia.

P. Habla de comportamiento inteligente del enemigo, pero puede ser bastante tonto o visceral.

R. Hay organizaciones terroristas que funcionan como una corporación, y mi ejemplo favorito es la piratería somalí, que está perfectamente estructurada, con unos inversores, un grupo de sabios que la dirigen... No son cuatro desarrapados. Tienen unos objetivos y quieren hacerlo lo mejor posible con unos recursos limitados y maximizando el daño al adversario o los beneficios. Así que puede parecer irracional su comportamiento, y en realidad es una racionalidad diferente. Pero es verdad que puede haber un elemento visceral en los conflictos y desde hace unos años se consideran estas cuestiones relacionadas con las emociones en neuroeconomía y en computación afectiva.

Tras los atentados del 11-S se sobreinvirtió en seguridad”

P. ¿Cómo maneja el matemático esto, dado que a menudo van mezcladas racionalidad e irracionalidad en los conflictos?

R. Construimos diferentes modelos de adversarios: desde los que no tienen comportamiento estratégico a los que sí lo tienen y de distinto nivel. Todo esto se traduce a matemáticas, lo alimentas con datos, lo metes en un programa de ordenador y obtienes soluciones, respuestas al problema. Con estos métodos matemáticos intentas quitar el sesgo a las apreciaciones subjetivas.

P. Con estas aplicaciones matemáticas, con los ordenadores interviniendo en los conflictos, ¿no se corre el riesgo de exacerbarlos, de hacerlos más peligrosos?

R. Eso se ha estudiado con teoría de juegos y el ejemplo típico es la Guerra Fría. Un problema fundamental de la sociedad es la seguridad y, si la valoras como algo esencial para tu desarrollo, tienes que intentar afrontar el problema de la mejor forma posible. Las matemáticas pueden ayudarte.