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“Lo primero es aislar a los enfermos”

Olimpia de la Rosa se ha enfrentado múltiples veces a los brotes de Ebola como enviada de Médicos sin Fronteras

La fotografía del virus del Ébola explica por qué pertenece a la familia de los filovirus: tiene forma de hilo. Ampliar foto
La fotografía del virus del Ébola explica por qué pertenece a la familia de los filovirus: tiene forma de hilo. AFP

La médica Olimpia de la Rosa sabe muy bien lo que es la impotencia —"solo parcial", matiza— de enfrentarse a un brote de Ébola. Como enviada de Médicos sin Fronteras ha trabajado en tres, dos en Uganda y uno en Congo (más uno de Marburg, otro de la misma familia, en Angola). Por eso explica sin dudar: "Lo primero es identificar y aislar a los sospechosos".

Dicho así parece muy fácil, pero en el mundo, para empezar, hay pocos laboratorios preparados para confirmar el tipo de virus (en este caso se ha acudido al Pasteur de París). "Luego hay algunas organizaciones americanas o europeas que montan uno sobre el terreno y eso ayuda mucho", añade De la Rosa.

Además, frente a la imagen de enfermos sangrando por la nariz y los oídos, que es la más popular, al principio de enfermar los síntomas son "muy inespecíficos", dice la médica. Son dolores, malestar, fiebre... "Casi puede ser cualquier cosa, desde una gripe a una malaria", dice De la Rosa. Solo con algunos más concretos, como el sangrado en nariz, con la orina o el sistema digestivo, se llega al temido diagnóstico si no hay una analítica.

Luego, a falta de un tratamiento adecuado, solo queda "el de apoyo: ocuparse de los síntomas, con analgésicos para el dolor o para evitar los problemas digestivos y los vómitos", explica De la Rosa. "Además, en el trato con los pacientes aparece otra barrera. Que entramos a verlos vestidos de astronauta, con guantes, gorro, mascarilla... El virus, y más el de tipo Zaire, es muy contagioso", dice la médica. “Bastaría un ataque de vómito para ponerse en riesgo”. Los demás fluidos corporales también son fuente de transmisión. Por lo menos no se contagia por el aire.

Esta alta viralidad llega hasta después del fallecimiento. "Si una persona muere es porque tiene muchos virus. Por eso la manipulación de los cadáveres es una práctica de riesgo". También lo es, por el mismo motivo, el manejo de pacientes en los centros sanitarios.

Sin embargo, hasta en las peores circunstancias, De la Rosa extrae un punto positivo. "Hay que intentar sacar adelante a algo más de ese 15% que dicen las estadísticas. Aunque no podamos ofrecer un antídoto, los pequeños brotes importados en Europa que ha habido nos han demostrado que el tratamiento de apoyo sirve para salvar vidas".