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la universidad en crisis (3)

Universidades con buena salud

A pesar de los recortes, muchos campus presumen de cuentas equilibradas

A menor tamaño y edad, las universidades son más sostenibles

Estudiantes en el campus de Ibaeta en la Universidad del País Vasco.
Estudiantes en el campus de Ibaeta en la Universidad del País Vasco.

A pesar de la crisis y los sucesivos recortes que están ahogando a muchas Administraciones públicas, hay universidades que rompen el molde y consiguen cuadrar sus balances año tras año. La Universidad del País Vasco, la Rovira i Virgili de Tarragona, la de Navarra o la de Granada son algunas que pueden presumir de tener unas cuentas saneadas. Lo han conseguido gracias a un factor fundamental: contar con una buena posición de salida antes de los recortes, marcada por una gestión eficiente de los recursos económicos durante los años de bonanza. La contención en el gasto de personal, una buena financiación, el peso de la investigación, el tamaño y la antigüedad de los campus son algunas claves de esta buena administración.

Esta situación económica aventajada les ha permitido sortear con más agilidad el hachazo que han sufrido los presupuestos universitarios, que asciende a unos 1.200 millones de euros (un 12%) desde 2010, según un estudio de CC OO. A pesar de la oleada de recortes e impagos por parte de los Gobiernos autonómicos, las cifras de algunas universidades brillan. La Rovira i Virgili (URV) cerró 2012 con 400.000 euros de superávit, y ello a pesar de tener que recortar 18 millones en dos años. La Universidad de Granada ha tenido que afanarse más para hacer frente al recorte de 54 millones desde 2011 y cerrar el año con dos millones en positivo. La Universidad del País Vasco (UPV-EHU), la más grande de este grupo, también presenta cuentas equilibradas, a pesar de que en el último lustro su presupuesto ha menguado en 85 millones.

Muchas optan por una investigación especializada para poder competir

“Todo depende de una buena gestión. Ha habido una mala administración en muchas universidades, se gastaba más de lo que se tenía”, sentencia Joaquim Prats, expresidente de la Agencia de Calidad Universitaria de Cataluña. Y si se quieren contener los números rojos, hay que tener especial cuidado del capítulo que mayor tajada se lleva del gasto, el de la plantilla. La receta del rector de la Rovira i Virgili, Francesc Xavier Grau, es que el monto que se va en personal no supere el 90% de las subvenciones públicas. “No contratamos a nadie que no podamos pagar o que no necesitemos. Así que nunca necesitamos despedirlos”, añade el gerente de la Universidad de Granada, Andrés Navarro.

Además del personal, el peso de la investigación es un factor clave que puede desequilibrar los balances de los campus. “Cuanto más investigación haga la universidad, peores son las cuentas. Los convenios de investigación solo cubren los costes directos —personal y material— pero no los indirectos, como las instalaciones”, explica Josep Ferrer, exrector de la Politécnica de Cataluña —el centro con más problemas de esta comunidad. Varios expertos coinciden en apuntar que las universidades medianas realizan en general menos investigación o menos costosa. “Muchas optan por una investigación especializada, pero estos campus no tienen masa crítica y no pueden competir con las mayores a la hora de conseguir grandes contratos”, tercia Prats.

Los parques científicos también han hecho que muchas universidades se pillen los dedos. “Son inversiones improductivas y edificios vacíos. Estos parques han supuesto demasiada inversión y no han tenido el rendimiento esperado, ya sea por una mala gestión o por la crisis”, tercia el exrector de la Politécnica.

La Rovira i Virgili no enciende el aire acondicionado hasta el mes de mayo

Contar con una buena financiación de partida es clave también para equilibrar las cuentas. La gerente de la Universidad del País Vasco, Lore Bilbao, admite que su campus es “privilegiado”, ya que las aportaciones del Gobierno vasco en los últimos años han sido “bastante superiores” al resto de comunidades. Gonzalo Bernardos, exvicerrector económico de la Universidad de Barcelona, explica que en otras autonomías también hay campus, muchos de ellos saneados, con un plus de financiación. “Algunas universidades provinciales tienen una mejor financiación, por el clientelismo de las diputaciones, que hacen de lobby para conseguir más dinero”. Bernardos pone como ejemplo Cataluña, donde los campus de fuera de Barcelona reciben un monto adicional en concepto de equilibrio territorial.

Proximidad es eficiencia

IVANNA VALLESPÍN, Barcelona

Si algo tienen en común las universidades más asfixiadas es su tamaño. Todos los grandes campus (excepto País Vasco, con una financiación privilegiada) arrastran ingentes números rojos. Josep Ferrer, exrector de la Politécnica de Cataluña, explica que cuanto más grande es la universidad, más difícil es afinar las cuentas. “La proximidad entre el gestor y el último escalón es clave. La eficiencia se pierde cuando hay muchos intermediarios”. Andrés Navarro, gerente de la Universidad de Granada, coincide en esta idea y añade que es fundamental la implicación de todos los miembros del campus “para que gasten estrictamente lo necesario y lo que puedan pagar”. Y esto es más fácil en centros pequeños.

La edad de las universidades también es importante. Ferrer destaca que las más antiguas son las que cuentan con profesores de más edad y experiencia, que acumulan muchos complementos, cosa que encarece la nómina. Para Francesc Xavier Grau, la historia de la universidad pesa más que su tamaño. “Las más jóvenes no han tenido tiempo de acumular decisiones erróneas. Venimos de un periodo de 30 años de continuo crecimiento, así que las más antiguas tomaron decisiones pensando que esta tendencia de crecimiento se lo cubriría”, tercia el rector de Tarragona. “Se han puesto en marcha titulaciones y servicios sin saber si se podrían pagar el día de mañana. El sistema universitario ha crecido desproporcionadamente sin tener una contabilidad de costes”, remacha Navarro.

Aunque muchas universidades llegaron con una buena salud al estallido de la crisis, algunas no se han librado de tener que meter la tijera a sus presupuestos para evitar que se les dispare el déficit. Gran parte del ahorro viene de los gastos comunes: contratos de suministro, factura energética, material, etcétera. También han tocado el capítulo de personal, básicamente bajando sueldos, y la mayoría de estos campus presumen de no haber reducido sus plantillas en estos años.

En Granada han ahorrado un millón y medio renegociando contratos de suministros o cerrando el campus en vacaciones. En la Rovira i Virgili esta cifra se eleva a seis millones en dos años. “El aire acondicionado no se enciende antes del mes de mayo y la calefacción, hasta octubre. A lo mejor hay días que pasarás calor, pero es un mal menor”, admite el rector. Además, la limpieza ya no se hace cada día, sino dos veces por semana. También se cierra a cal y canto el campus en agosto y se ha reducido el horario de apertura de algunas dependencias.

Las fórmulas del País Vasco y Navarra han pasado sobre todo por ahogar el ladrillo. Se ha paralizado el inicio de numerosas obras y se ha revisado el ritmo de muchas otras. El plan de inversiones del campus vasco ha sufrido un profundo tijeretazo del 53%, pasando de 17 millones en 2012 a 7,9 millones este ejercicio. Esta universidad también ha optado por suprimir aquellos gastos que no son necesarios o revisar algunas duplicidades entre sus grados. A finales de 2011, se empezaron a suprimir algunas titulaciones que se impartían en los tres campus (uno en cada provincia) de la universidad.

 

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