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ANÁLISIS

La gasolina del futuro miope

Japón no es el único país que busca cómo explotar los hidratos de metano del fondo del mar

Los tecnólogos de Tokio se señalan desde tiempos inmemoriales por su audacia y emprendimiento, pero Japón no es el único país que anda detrás del oro negro de la última generación. Los servicios geológicos de Estados Unidos (el reputado USGS, o Geological Survey del Gobierno norteamericano), Rusia, Alemania y Canadá también han prestado un considerable interés a esta energía oculta bajo el fondo del mar. Tal vez la gasolina del futuro, con todas las ventajas y todos los inconvenientes de los combustibles del presente.

Los hidratos de metano —o hidratos de gas, más en general— son unas curiosas estructuras químicas en las que una molécula de metano (un átomo de carbono enlazado a cuatro de hidrógeno, o CH4) se halla enjaulada en el interior de un dodecaedro formado por 20 moléculas de agua. Forman depósitos de una especie de hielo bajo el fondo de las aguas litorales de los cinco continentes. Washington calcula que estos depósitos pueden convertirse en una de las principales fuentes de energía del futuro próximo, entre otras cosas porque contienen 10 billones de toneladas de carbono: más del doble de la reserva mundial de combustibles fósiles convencionales.

La explotación de este tesoro oculto no se ha detenido hasta ahora por ningún reparo ambiental o duda sobre su contenido energético. Tampoco por la escasez de estos recursos cerca de las costas de casi cualquier país que tenga costas. La razón es mera —y profundamente— técnica. La mayoría de los depósitos de hidratos de metano no tienen una concentración suficiente como para que su extracción resulte rentable con las técnicas actuales. El USGS norteamericano consideraba hasta ahora que solo los depósitos del Ártico y del mar de Bering ofrecían algún proyecto factible. Parece obvio que la iniciativa japonesa les acaba de desmentir, a menos que Tokio esté dispuesto a perder dinero con estas primeras extracciones.

Los hidratos de metano de los fondos oceánicos pueden revelarse como la gasolina del futuro, pero solo lo serán del futuro próximo. Si son una solución a la permanente crisis energética, son solo una solución provisional y miope, puesto que el uso de estos combustibles sería exactamente tan dañino para la atmósfera como lo son nuestros actuales tubos de escape. Pero todo lo que inventa la especie es provisional y miope, casi se diría que por definición. Quizá oigamos hablar a menudo de estos extravagantes dodecaedros de metano en el futuro próximo.

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