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Joaquín Francés, cronista de la política mundial

Su polifacética carrera abarcó desde el concilio Vaticano II hasta Watergate

Joaquín Francés, periodista.
Joaquín Francés, periodista.

Para algunos, antes de la globalización y su inmediatez, Formentera fue una atalaya idílica en la que se podía ejercer un tipo de periodismo a distancia, de análisis lento y crónicas mundiales de un Robinsón. Acaba de morir, a los 80 años, un testigo de aquella época, Joaquín Francés Pérez, que arribó en los setenta a la isla en compañía de su colega Juan Ramón de la Cruz (fallecido en 1990) y del primer sociólogo que analizó el boom cultural jipi de la mítica isla, Carlos Gil Muñoz.

Joaquín Francés, periodista especializado en cuestiones internacionales, plantó su casa en la isla antes de trabajar en las redacciones centrales de las revistas políticas de la transición, Cambio 16, Guadiana y La Calle. Las tres cabeceras, con éxito dispar, acogieron páginas de periodismo modernizador de magazine, en la agonía de la dictadura. Allí trabajó, entre otros, con profesionales que además ejercían con libertad de corresponsales de medios extranjeros, como José Antonio Novais de Le Monde o Carlos Elordi de La Repubblica. En La Calle, cercana al PCE, Joaquin Francés, que era militante de CC OO, fue despedido y denunció públicamente su caso, en 1980.

Fue corresponsal y enviado especial de la agencia Efe hasta que se jubiló, tras la primera guerra del Golfo y tras escribir desde Bagdad se instaló en su paz insular. Murió a causa de las complicaciones de una enfermedad renal que arrastró una década. Rodó por muchos países, desde Holanda hasta Estados Unidos y su colega insular De la Cruz hizo realidad aquel sueño de trabajar anclado en Formentera: escuchar junto a la playa las emisiones en onda corta de los servicios exteriores de las grandes radios y escribir relatos de política internacional. En esa prehistoria tan próxima y preInternet, De La Cruz viajó desde Formentera con los folios escritos hasta Ibiza para poder transmitir por télex (un sistema telegráfico) sus textos mientras que Francés, por el contrario, optó por acudir al lado de las fuentes y estar próximo a los conflictos.

Joaquín Francés Pérez nació en Villaveta, Burgos, en 1932, en una familia de once hermanos, estudió en el seminario, se hizo cura y se secularizó, en 1965, tras cubrir el Concilio Vaticano II para una agencia internacional. Dominaba seis idiomas. Su colega Carmelo Convalía recuerda que Francés “ante la tesitura de regresar a la España gris del franquismo vestido de cura, optó por trasladarse a los Estados Unidos”. Para la agencia Efe, desde Nueva York, narró los ecos del final de la guerra del Vietnam y el escándalo de Watergate, y fue testigo de la masacre de la plaza de las Tres Culturas en México DF. Compañero de viaje en algún momento al PCE —fue intérprete de Santiago Carrillo—, uno de sus últimos actos públicos en Formentera fue el homenaje que recibió un 14 de abril por parte de la Asociación de la Memoria Histórica, en el campo de concentración que Franco abrió para castigar a los demócratas en Formentera.

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