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Prácticas de FP con el ‘camping’ gas

“No tenemos dinero ni para aspirinas”, relata un director en Valencia

Miguel Real, director del centro Rascanya.
Miguel Real, director del centro Rascanya.

La situación de quiebra financiera que atraviesa la Generalitat valenciana deja un reguero de fotografías chirriantes en los 1.400 colegios e institutos públicos. Escenas de botiquines vacíos, papel higiénico dosificado por clase, fotocopias restringidas y nula cobertura de bajas durante meses. “Hemos llegado a no tener dinero ni para aspirinas”, reconoce Miguel Real, director del flamante instituto público Rascanya de Valencia, situado en el barrio de San Lorenzo, una zona en plena expansión urbanística de la capital.

 Este centro de nueva construcción se inauguró en 2005 con capacidad para 770 alumnos de enseñanzas medias (FP y bachillerato). Real llegó hace siete años con la máxima ilusión. La motivación de la plantilla, explica ahora, está en sus horas más bajas. La deuda de la Consejería de Educación con los centros públicos llegó el 31 de diciembre a acumular más de 66 millones de euros. “Hemos estado funcionando sin cobrar desde abril hasta finales de año”, recuerda. “Nos pagaron en marzo el último cuatrimestre del curso pasado y el primero del actual. En 2012, aún no hemos cobrado nada”. La situación provocó escenas indeseables. “Hemos estado dos veces a punto de que Iberdrola nos cortara la luz, la última tuvo que intervenir el director territorial de Valencia para evitar que nos quedáramos sin suministro eléctrico”, explica Real con calma, sin estridencias.

Sobrevivir en estas condiciones a las jornadas de trabajo con más de 700 adolescentes es cada día más un ejercicio de funambulismo. “Justo cuando el secretario autonómico, Rafael Carbonell, afirmaba en un desayuno en Madrid que en los centros valencianos no se había cortado ni la luz ni el gas, nosotros teníamos en la cuenta menos de 100 euros”.

Con esta calderilla, y sin poder pagar el suministro de gas necesario para las prácticas de los módulos más técnicos de FP como soldadura o aire acondicionado, el equipo directivo optó por realizar las clases prácticas con bombonas compradas en la ferretería de a lado. “Las prácticas de soldadura se explican en la pizarra o con la bombona de camping gas”, describe Real.

"Hemos estado dos veces a punto de que nos cortaran la luz"

Su máxima preocupación ahora es que, con el aumento del número de alumnos por aula que permite el Gobierno central, mantener la calidad educativa va a ser difícil. Los profesores, reconoce, están desmotivados, lo que atribuye en buena medida a la Administración, que vende una imagen de que cobran mucho y trabajan poco.

Y encima, dice, les bajan el sueldo con el decreto autonómico de ajustes en los servicios públicos aprobado por el Gobierno de Alberto Fabra el 21 de enero. La norma, que rebaja al 50% el cobro de los complementos por formación docente, congela la contratación de interinos y limita las sustituciones por bajas médicas o familiares.