Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra

El Papa encargará a un comisario renovar los Legionarios de Cristo

Los obispos inspectores informan a favor de la intervención tras los escándalos sexuales de Maciel.- El objetivo es retener a los seminaristas

Se acerca el momento de la verdad para los Legionarios de Cristo. El informe de la visita apostólica (inspección, en la jerga canónica) ordenada por el Vaticano está desde hace días sobre la mesa del secretario de Estado, Tarcisio Bertone, y el Papa tomará una decisión al respecto probablemente este mes, según fuentes de la Santa Sede. En pleno estallido de los casos de abusos sexuales a menores por parte del clero, Joseph Ratzinger no quiere demorar su fallo, que será, según anticipan, "inflexible". En el envite se juega la credibilidad de su pontificado y el camino hacia la santidad de su antecesor, Juan Pablo II.

La congregación fundada en 1941 por el cura mexicano Marcial Maciel, protector y protegido personal de Karol Wojtyla, pederasta en serie y polígamo confeso, será con toda probabilidad intervenida por un comisario pontificio externo a la Legión.

Según afirmaba ayer el Corriere della Sera, la conclusión del informe elaborado por los cinco obispos enviados por el Papa es justamente esa: "Intervenir a los Legionarios". Ratzinger estudia nombrar a un cardenal con plenos poderes para que permanezca varios años al frente de la legión con el fin de "renovarla profundamente".

Filippo di Giacomo, vaticanista y profesor de Derecho Canónico, cree que el Papa sí nombrará un comisario externo, aunque no será un cardenal. "En la práctica canónica, la visita apostólica supone que el asunto está ya bajo la directa jurisdicción del Papa. Pero la experiencia indica que nombrará a un superior general de probada experiencia. Seguramente, un opusdeísta o un jesuita". Los cinco visitadores (entre ellos el español Ricardo Blázquez, arzobispo de Valladolid) deben todavía ilustrar en persona a Bertone y a Ratzinger sobre estos seis años de pesquisas.

El Papa sabe que no puede permitirse errores, que con los Legionarios se juega buena parte de la operación de transparencia y limpieza que prometió hace cinco años y aún trata de impulsar. La decisión debe servir además de llamada de atención a la Curia wojtyliana, todavía en activo, que se volcó en echar arena sobre las andanzas del corruptor Maciel.

La prioridad será sobre todo una: mimar y mantener a los cientos de seminaristas que los Legionarios tienen en Argentina, Austria, Brasil, Chile, Canadá, Colombia, España, Irlanda, Italia y Estados Unidos. "La acción se concentrará en los lugares donde hay centros de formación. La Santa Sede meterá las manos sobre todo en los seminarios y los colegios", asegura Di Giacomo.

Los Legionarios tienen 800 curas en activo y cerca de 500 seminaristas. Y un patrimonio inmobiliario y económico ingente, que algunos cifran en 25.000 millones de euros. Di Giacomo anticipa que "los herederos de Maciel reclamarán su dinero y la Iglesia se lo dará. Aunque parezca difícil de creer, el patrimonio no es esta vez lo importante. Al Papa le preocupa más no perder a los jóvenes candidatos a sacerdotes, que no se vayan a casa escandalizados".

La legión ha producido en 60 años de actividad una masa gigantesca de fieles laicos y de nuevas vocaciones. Pese a los escándalos, la estructura formativa ha resistido y conservan decenas de miles de seguidores que la Iglesia considera un bien público. Otro capítulo que el Papa debe afrontar son las indemnizaciones. En Orange, Connecticut, los Legionarios de EE UU acaban de cerrar y poner a la venta su cuartel general para poder pagar los resarcimientos a las víctimas.

[El Vaticano recibió ayer duras críticas por las declaraciones en Chile del portavoz papal, Tarcisio Bertone, en las que decía que no había relación entre celibato y pederastia, sino entre homosexualidad y pederastia. El principal colectivo homosexual de Italia, Arcigay, denunció "el cinismo, la falta de escrúpulos y la crueldad" de la jerarquía católica.]

Basura en la curia

Marcial Maciel fue uno de los grandes agitadores de masas del pontificado de Juan Pablo II. El cura falleció en 2008 y solo fue suspendido a divinis en 2006, después de la muerte de Wojtyla. Siempre llevó una doble o triple vida: cientos de agresiones sexuales probadas a menores y a seminaristas, relaciones carnales con varias mujeres, varios hijos y, se dice, un incesto con uno de ellos.

Wojtyla y su entorno protegieron a Maciel. Según ha revelado el National Catholic Reporter (NCR), Maciel entregó a cambio generosas mordidas, una de las grandes especialidades de un tipo que llegó a hacerse pasar por agente de la CIA. El vaticanista Filippo di Giacomo ironiza: "Es una praxis cristiana dar dinero a la Iglesia. Lo extraordinario no es que Maciel trajera óbolos generosos, sino que había personas, como Ratzinger, que cuando llegaban los sobres decían: 'No gracias'. Que otros los cogieran significa que en la Iglesia también hay gente que se arrodilla ante los ídolos".

El fulgurante camino de santidad de Wojtyla depende también del final de la investigación. Las pruebas recogidas por NCR contra sus colaboradores más íntimos (su secretario personal, Stanislaw Dziwisz; su número dos, Angelo Sodano...) revelan que el popular Juan Pablo II amparó en la curia un círculo de podredumbre. "Wojtyla transformó Roma en un vertedero universal", acusa Di Giacomo. "Y Ratzinger está teniendo gravísimos problemas porque esa curia no solo no limpia sino que trata de ensuciarle".

Más información