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El Nobel de Medicina, para los descubridores de un mecanismo biológico relacionado con el cáncer

Los investigadores Elizabeth Blackburn, Carol W. Greider y Jack Szoztak descifraron el enigma de cómo los cromosomas se copian sin errores en el proceso de división celular, gracias a los telómeros de sus extremos

El Instituto Karolinska ha premiado este año con el Nobel de Fisiología o Medicina a tres científicos (dos mujeres y un hombre) que resolvieron uno de los grandes enigmas de la biología: cómo, durante la división celular, los cromosomas son copiados íntegramente y qué mecanismos moleculares actúan para protegerlos, es decir para mantener su integridad, sin que se produzca la degradación de los mismos. Los hallazgos galardonados están íntimamente relacionados con los mecanismos del cáncer y el premio reconoce que los autores han abierto vías a nuevas estrategias terapeúticas.

Los premiados (Elizabeth H. Blackburn, Carol W. Greider y Jack W. Szostak) trabajan en distintas instituciones estadounidenses, aunque la primera nació en Australia y el último, en Reino Unido. Cada uno de ellos recibirá el próximo mes de diciembre el honor más importante del mundo en ciencia y un tercio de la dotación del premio total (980.000 euroes). La respuesta que han encontrado al enigma de la copia correcta de los cromosomas está en los extremos de los mismos, en los telómeros, y en la enzima telomerasa.

Las moléculas de ADN, la larga cadena formada por letras químicas que contienen los genes, están empaquetadas en cromosomas y los telómeros son los extremos de cada uno de ellos, explican desde el Instituto Karolinska en su comunicado. Blackburn y Szostak descubrieron que una única secuencia de ADN de los telómeros protege al cromosoma impidiendo su degradación cuando se copian en el proceso de división de las células. De nuevo Blackburn, junto con Greider, identificaron a continuación la telomerasa, la enzima que forma los telómeros.

Este mecanismo molecular es esencial porque si los telómeros se acortan, se produce el envejecimiento de la célula, mientras que una actividad alta de la telomerasa hace que la longitud de los telómeros se mantenga y se retrasa el envejecimiento celular. El hallazgo está íntimamente ligado al cáncer, porque precisamente las células cancerosas no envejecen nunca, es decir, viven eternamente.