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Inglaterra prohíbe la comida basura en los colegios

Las máquinas dispensadoras no podrán ofrecer patatas fritas y caramelos y se revisarán los menús escolares

Se acabó la comida grasienta, demasiad salada y muy rica en azúcares en los colegios ingleses. La secretaria de Educación del Gobierno de Tony Blair, Ruth Kelly, ha anunciado esta mañana durante una entrevista con la BBC una intensa campaña para mejorar la alimentación de los menores que incluirá la prohibición de dispensar comida basura en todos los colegios de Inglaterra. Gales, Escocia e Irlanda del Norte ya habían emprendido iniciativas similares.

A partir del próximo mes de septiembre las máquinas dispensadoras no podrán ofrecer patatas fritas, caramelos o bebidas azucaradas. Además, la semana que viene una comisión encargada de analizar la alimentación en los colegios presentará sus conclusiones y anunciará los criterios nutricionales que serán obligatorios en los menús escolares.

El Gobierno británico lanzó una cruzada para mejorar la comida en los colegios a raíz de una campaña del chef televisivo Jamie Oliver en la que se denunciaba la mala calidad de la misma. El Ejecutivo se comprometió entonces a aumentar en 50 peniques (unos 70 céntimos de euro) el presupuesto en alimentación por niño y día y crear una comisión para establecer mínimos nutricionales.

"Lo que Jamie ha hecho es realmente bueno porque ha puesto de manifiesto lo importante que es para los niños comer sano", ha asegurado Kelly. En total, Londres gastará 280 millones de libras esterlinas (400 millones de euros) en comida escolar en los próximos tres años. Se espera que a lo largo de la tarde la responsable de Educación detalle estas propuestas en el transcurso del Congreso del Partido Laborista que se celebra en la localidad de Brighton.

La comisión, que incluye nutricionistas, proveedores de catering y expertos en educación, pretende limitar el número de días que se sirven patatas fritas en los colegios y también ha respaldado la prohibición de bebidas carbónicas y chocolate en los colegios. Se supone que el Gobierno seguirá sus recomendaciones aunque se enfrenta a una dura resistencia de los fabricantes de comida y bebidas y con las compañías privadas del sector del catering.