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¿Se pierde mucho calor por la cabeza? La importancia de llevar gorro en invierno

El uso de este complemento está muy extendido, y si bien es obvio que cubrir la cabeza en días de frío siempre jugará a nuestro favor, no está tan claro que por esta parte del cuerpo se pierda más calor que por otras

Gorros tradicionales, capotas de inspiración infantil, verdugos o balaclavas, gorros con bufanda incorporada, incluso pasamontañas. Desde hace varias temporadas los accesorios pensados para combatir el frío cubriendo la cabeza gozan de un lugar destacado en las colecciones invernales de las firmas más codiciadas del momento. Khaite, Loewe, Loro Piana o Gucci proponen las opciones más lujosas, con tres cifras de precio y confeccionadas en cashmere, piel de oveja o lana de yak, todos tejidos pensados para abrigarnos al máximo. El gorro es, sin duda, sinónimo de invierno y su uso se multiplica a partir de noviembre (en este mes se disparan las búsquedas de estos complementos, según Google Trends, y es que más allá de ser un complemento muy de moda se trata de una pieza clave para mantener el calor corporal. En este sentido, hace unas semanas el diario The Guardian se preguntaba en su sección Is it true that…? (¿Es verdad que….?), dedicada a cuestionar y analizar ciertas creencias y falsos mitos, si el calor corporal se perdía especialmente al llevar la cabeza al descubierto. El artículo mencionaba un estudio del British Medical Journal donde se señalaba que la menor grasa presente en la cabeza influía en el hecho de que en esta parte del cuerpo se perdiera más calor. No obstante, también se refería otro experimento en el que se sumergió la cabeza en agua fría a varias personas para comprobar si el cuerpo bajaba su temperatura más rápido al enfriar la cabeza que cualquier otra parte del cuerpo, algo que no sucedía.

Pero, ¿cómo de importante es llevar gorro en invienro? Pablo García Tamajón, farmacéutico, divulgador sanitario en medicadoo y autor del libro El frío no resfría (Grijalbo, 2025), donde desmonta mitos de salud, apunta que “a diferencia del tronco, brazos o piernas, la cabeza no se beneficia ni de la masa muscular ni de una capa de grasa subcutánea suficiente, por lo que esa capacidad de aislamiento térmico se reduce mucho y sí que pierde calor más fácilmente en ambientes fríos”.

En una investigación de la que se hizo eco la BBC en 2015, se recogía cómo en países fríos, donde la gente está más que habituada a llevar gorro y ropa de abrigo y donde las casas están perfectamente aisladas del gélido exterior, las muertes en invierno eran menores que en lugares con temperaturas más suaves. Según dicho estudio, en Atenas solo el 13% de las personas encuestadas llevaban gorro en invierno frente al 72% en Finlandia. Y apuntaban otro dato: la tasa de mortalidad en Finlandia en febrero, con temperaturas medias de -6ºC, era la tercera parte que en Portugal en la misma época del año, con temperaturas medias de unos 15ºC. Los expertos consultados en la mencionada publicación indicaban que un buen aislamiento en el hogar y el uso adecuado de ropa de abrigo podría ayudar a reducir esas muertes.

Por tanto, sí es importante llevar gorro, pero el calor no se “escapa” únicamente por la cabeza. García Tamajón matiza que “el cuerpo pierde calor por cualquier zona expuesta, no hay una preferencia especial por la cabeza. Como la cabeza puede llegar a ser entre un 7-10% de la superficie corporal total, la pérdida de calor por esa zona será proporcional a ese área expuesta”. Y tomando como base esta explicación, menciona la práctica habitual de cubrir con un gorrito a los recién nacidos para protegerles de la hipotermia: “En el caso de un recién nacido sí que es cierto que la proporción con respecto a la superficie corporal de la cabeza es mayor, además de no haber pelo” aunque “ni siquiera esta práctica está 100% avalada”, añade. En un artículo publicado por el Medical Center de la Universidad de Rochester, determinaron que “la cantidad de calor que se pierde por la cabeza depende de varios factores, como el grosor del cabello y la energía que se consume contra el frío”. Y esa “relación entre la superficie de la cabeza y la superficie corporal de un niño” es, según la citada universidad, “mucho mayor que la de un adulto. Los niños pierden proporcionalmente más calor por la cabeza. Por ello, las capuchas y los sombreros son más importantes para ellos”.

Sin haber consenso absoluto acerca del papel que juega la cabeza en la pérdida de calor, parece obvio que recurrir al gorro durante el invierno jugará a nuestro favor a la hora de mantenernos más calientes. Este accesorio no es la solución final para combatir las bajas temperaturas, pero siempre será mejor cubrir la cabeza que no hacerlo, igual que sucede con los guantes para las manos o la bufanda para el cuello. Incluso, algunos expertos recomiendan llevar gorro hasta cuando se practica deporte en el exterior durante los meses de frío. Y es que, en contra del discurso de algunas voces mediáticas que este invierno han insistido en los beneficios de exponerse al frío para fortalecer la salud, esta práctica no es apta para todo el mundo. “No es buena idea dar un paseo mañanero de 30 minutos a 2ºC en pantalón corto y sin camiseta, ya que sí se sabe que los beneficios se consiguen con exposiciones controladas y cortas; y que exposiciones exageradas o no controladas pueden llegar a ser perjudiciales”, explica García Tamajón. Y añade cómo “la exposición al frío en personas con alto riesgo cardiovascular está totalmente contraindicado ya que podría aumentar el riesgo de sufrir algún evento cardiovascular, tipo infarto o arritmia”.

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