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El beso de las dos jugadoras de fútbol que rompe el tabú de la homosexualidad en el deporte femenino

Las jugadoras Pernille Herder y Magdalena Eriksson se han convertido en protagonistas del Mundial de Francia de 2019 al dar una lección de compañerismo y visibilizar al colectivo LGTB.

Jugadoras del equipo de Suecia celebrando su victoria frente al equipo alemán.
Jugadoras del equipo de Suecia celebrando su victoria frente al equipo alemán.Getty Images (Getty Images)

La imagen ya ha hecho historia, pero es la propia historia detrás de la misma la que ha conseguido que la fotografía se volviese viral: durante el Mundial Femenino de Francia 2019, Pernille Herder, jugadora de la selección danesa cuyo equipo había sido eliminado, se puso una camiseta de Suecia para apoyar desde las gradas a su pareja, la también jugadora Magdalena Eriksson. Cuando Suecia eliminó a Canadá en octavos de final, la danesa no dudó en bajar al campo a celebrar la victoria junto a su novia. El beso, que fue captado por las cámaras, inmortalizó el momento en que Herder, orgullosa de su pareja y con la camiseta de un equipo rival, no solo daba una lección de deportividad y compañerismo, sino que rompía junto a Eriksson un tabú que el fútbol masculino todavía no ha logrado romper: el de la homosexualidad.

Esta no ha sido la única alegría que el Mundial Femenino de Francia ha dado a la comunidad LGTB: según datos de Out Sport, medio dedicado a visibilizar la diversidad sexual en el deporte, en el Mundial de Francia hay más de 30 jugadoras y dos entrenadoras que han salido abiertamente del armario como lesbianas o bisexuales. Y muchas de estas jugadoras no han cesado de visibilizar su historia: el 12 de junio, día de los enamorados en Brasil, una de sus jugadoras estrellas, Cristiane, compartía un romántico mensaje a través de su cuenta de Instagram mientras su novia viajaba a Francia para apoyarla en el campeonato: «solo sé que completas mi mundo, amor mío». Las que tampoco han dejado de generar contenido han sido las jugadoras de la selección de Estados Unidos, Ali Krieger, defensa y su novia Ashlyn Harris, portera, bautizadas por los aficionados como las Krashlyn desde que aparecieran en la portada de la revista People para anunciar su compromiso y su boda a finales de este año. Las Krashlyn, que llevaban saliendo cerca de una década, admitieron en la entrevista de la revista People que si no habían hecho pública su relación con anterioridad fue por falta de confianza en sí mismas. A día de hoy, sin embargo, se sentían preparadas: «finalmente, después de tantos años, siento que no tengo nada que esconder y que no tengo que ocultar la comunidad a la que pertenezco», explicó Harris.

En cuanto a la selección española, la jugadora Mapi León, central del Barça, ha hablado abiertamente sobre su condición sexual sin reparos en varias ocasiones. León dice que no se considera un icono, sino que solo pretende ser sincera, aunque comprende por qué su salida del armario puede ayudar a más personas. Tal y como declaró en una entrevista para El País: «si tú tienes un entorno en el que la gente dice putos gais de mierda o las bolleras me dan asco, quizás te lo tienes que pensar bien antes de confesarlo, ¿no? Esto todavía le pasa a mucha gente».

La cantidad de imágenes de jugadoras del Mundial mostrando con naturalidad sus relaciones con otras mujeres coincidiendo, además, con el mes del Orgullo, ha traído de vuelta una pregunta que sigue siendo tabú en el fútbol masculino: ¿acaso no hay hombres homosexuales en este deporte?

Del «Guti, maricón» al «Cristiano, sal del armario»: la homofobia imperante en el fútbol masculino

«Estoy avergonzado de que, en 2019, tengamos que organizar una conferencia para combatir la discriminación y la intolerancia en el fútbol», dijo Aleksander Ceferin, presidente de la UEFA, en el discurso de apertura de este año del evento Equal Game Conference, un evento que tiene la intención de eliminar todo tipo de discriminación en el mundo del fútbol. Ceferin abordó durante la conferencia la problemática de los insultos homófobos que se siguen escuchando en los partidos, admitiendo que quizás muchos jugadores no hablaban públicamente de su orientación sexual por miedo a la grada.

Los insultos homófobos siguen siendo una constante desde el graderío, pero también en el campo y en los vestuarios. Las infames declaraciones del entrenador Fabio Capello cuando entrenada a la selección rusa en 2015 («el fútbol no es para mariquitas») o el insulto de Koke a Cristiano Ronaldo («maricón») que se hizo famoso por la respuesta del portugués («maricón, sí, pero lleno de pasta, cabrón») son algunos de los ejemplos recientes de una larga lista de descalificaciones. Pero este no es el único temor de los jugadores, en entrevistas con jugadores que han salido del armario suelen mencionar otros factores como el miedo al aislamiento en el vestuario, la pérdida de jugosos contratos publicitarios o la no renovación del contrato con el club.

La homosexualidad en el fútbol masculino sigue siendo un tabú que suele tratarse como si fuera algo inexitente y otro motivo de esto es la falta de referentes y visibilización por parte de los deportistas: en la lista de jugadores que han salido públicamente del armario encontramos un total de ocho nombres, incluyendo al jugador inglés Justin Fashanu, primer futbolista en declararse homosexual en 1990 y que terminó suicidándose ocho años más tarde. El secretismo y ocultación de este tema en el fútbol masculino contrasta con la apertura y naturalidad con la que las jugadoras del Mundial de Francia han mostrado sus relaciones con otras mujeres.

La manera en la que se representan a estos atletas en el campo y en la publicidad es con frecuencia de una masculinidad en esteroides. Un buen ejemplo de esto es el anuncio de Nivea Men donde los futbolistas Garteh Bale, Marcelo, Isco y Carvajal aparecen haciendo actitividades como cortar leña o conducir un coche en mitad de un tornado y al final del anuncio se asustan cuando se tienen que poner crema que viene dentro de un packaging rosa. Para hidratarse, los cuatro futbolistas necesitan el bote azul y metálico que Nivea les ofrece. Los anuncios de perfumes o desodorantes protagonizados por deportistas también les suelen representar como héroes internacionales que, además, tienen éxito con las mujeres.

El rechazo a todo lo femenino en el mundo del deporte ha llevado a que muchos futbolistas sufran insultos homofóbos y burlas cuando celebran un gol con un beso a otro jugador o tienen muestras de cariño con sus compañeros. Esta idea de masculinidad total, que no soporta la más mínima brecha ni incursión de lo femenino, tiene que ver con lo que el activista La Santa Marika explicó en un artículo para Píkara Magazine: «cuando nos llaman ‘maricas’, no nos están llamando ‘homosexuales’ sino ‘no hombres’. El insulto nace de la interacción entre la misoginia y esa máquina de normalización que es el ‘convertirse en un hombre'». La escritora Caitlin Moran también explicaba en su libro ‘Cómo ser mujer’ la idea de que un hombre homosexual será visto, desde el machismo, siempre como un hombre de segunda categoría.

A pesar de la dificultad y la presión a la que se enfrentan los futbolistas masculinos, cabe recordar que sus compañeras también se enfrentan a insultos homófobos y racistas en competiciones deportivas, con la excepcionalidad de que ellas también se tienen que enfrentar a comentarios machistas. A pesar de ello, han sido las mujeres lesbianas y bisexuales del Mundial de Fútbol de Francia quienes han logrado hacer de este el Mundial más inclusivo hasta el momento para la comunidad LGTB. La fotografía de Pernille Herder y Magdalena Eriksson dándose un beso a pesar de su rivalidad, en el mes del Orgullo y coincidiendo con un año en que las futbolistas han reivindicado la necesidad de mejores salarios y mayor apoyo de medios e instituciones, ha conseguido dar la vuelta al mundo y visibilizar por partida doble aquello que hasta ahora no se había visto con tanta fuerza: que las mujeres juegan muy bien al fútbol y, que el fútbol, además, puede llevar las siglas LGTB.

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