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Ellos siempre quieren, a ellas les duele la cabeza: desmontando los grandes mitos sobre las ganas de sexo en hombres y mujeres

Los expertos explican que el deseo sexual femenino está viviendo una revolución que intenta acabar con el estigma y la culpa que sienten las mujeres por querer sentir placer

Cuerpos humanos entrelazados.
Cuerpos humanos entrelazados.Jonathan Knowles (Getty Images)
Lucía Franco

La palabra libido viene del latín libīdo, y significa deseo o lujuria. En psicología y medicina el término se usa para denominar el deseo sexual de una persona, un anhelo que conduce a hombres y mujeres por igual a buscar una relación sexual plena y satisfactoria. Aunque así formulada la cuestión parece simple, lo cierto es que alrededor de la libido se han creado infinidad de mitos a lo largo de la historia. Entre ellos, uno de los más comunes es el que dice que los hombres siempre tienen deseo sexual y las mujeres no. Cada vez más investigadores apuntan, sin embargo, a que el deseo sexual femenino está viviendo en los últimos años una placentera revolución que intenta acabar con el estigma y la culpa que han sentido tradicionalmente las mujeres por sentirlo.

Ana Lombardía, autora del libro Hablando con Ellos. La sexualidad de los hombres hetero (Oberon, 2022) explica que el panorama está cambiando mucho en países como España. “Estamos viviendo una auténtica revolución del placer sexual femenino en donde son las mujeres las que están pidiendo relaciones sexuales que sean también placenteras para ellas. Las mujeres ya no quieren solo que las penetren”.

La sexóloga y psicóloga general sanitaria en Centro TAP Ana Antelo Pousa afirma que palabras como culpa o vergüenza se usan mucho en sus consultas por mujeres que acuden preocupadas por tener la libido muy alta. “En nuestra sociedad el deseo femenino no se podía demostrar, las mujeres eran las que tenían que ser cortejadas y había una carga peyorativa muy alta sobre las mujeres que expresaban ese deseo. Ahí tenemos por ejemplo la figura de la femme fatale”. De la tradición vino el estigma, y el estigma trajo consigo la culpa.

Aunque esto no siempre ha sido así. La sexualidad ha evolucionado junto con la mentalidad del ser humano. Así lo explica Coral Herrera Gómez en el libro La construcción sociocultural del deseo y el erotismo: “El deseo y el erotismo son impulsos humanos que determinan nuestra forma de relacionarnos con los demás y con los objetos que nos rodean. Siempre han sido ensalzados como parte de los misterios de la vida en la poesía y la literatura, especialmente durante el siglo XIX, en el que los románticos expresaban sus deseos y la frustración que les producía el no poder alcanzar el objeto de sus pasiones. Es por eso que el deseo, entonces, es “una construcción política, social, económica que varía según los países y las épocas históricas. Esta cualidad humana es innata, pero se aprende: el erotismo está determinado por nuestras estructuras emocionales y relacionales; estas estructuras las heredamos a través de la cultura, principalmente”, asegura Herrera.

Hasta ahora, explican las investigadoras, las relaciones sexuales siempre han estado centradas en el placer del hombre. “Se tenía sexo cuando él quería, y las mujeres cumplían”, recuerda Lombardía. Ahora, la experta explica que se requiere que las dos partes sientan deseo sexual para que se produzca el encuentro, lo que ha llevado a que disminuya la cantidad de sexo que tenemos: ya no basta con que solo quiera él. “Es imposible medir el deseo sexual con exactitud, pero sí podemos hacernos una idea, y concluir basándonos en diversos estudios, que las parejas cada vez les están dando menos importancia al deseo y al sexo”, explica la sexóloga, Ana García.

El deseo femenino no se podía demostrar, las mujeres eran las que tenían que ser cortejadas y había una carga peyorativa muy alta sobre las que expresaban es anhelo.

Un estudio paneuropeo realizado por Yougov para Gleeden, Infidelidad y evolución de las relaciones en España y Europa en 2022, afirma que solo un 25% de españoles está realmente satisfecho con su vida sexual. García asegura que “si el 75% de las personas de este estudio no ponen soluciones para mejorar su vida sexual, el deseo desaparecerá”. Existen estudios que demuestran que efectivamente ahora la gente tiene menos sexo que hace 50 años. Concretamente, el National Survey of Sexual Attitudes and Lifestyles decía en 1990 que las parejas de entre 16 y 64 años hacían el amor cinco veces al mes, un número que disminuyó hasta las cuatro veces en el año 2000 y a tres en el 2010. En total, en 20 años la frecuencia ha bajado un 40%.

Los mitos que han situado a la mujer como un ente pasivo que solo podía esperar a ser cazada por un hombre también han terminado pesando sobre ellos. Tanto es así que, explican los psicólogos consultados, el pensamiento de que ellos siempre quieren o deberían querer es algo que está minando el epicentro de su masculinidad: les preocupa. Por eso, esta supuesta falta de ímpetu varonil es ya el segundo motivo por el que los más jóvenes acuden a los especialistas, solo después de la eyaculación precoz, según las fuentes consultadas.

El experto en sexualidad y psicología Alberto Álamo responde que no deja de ser un tópico eso de que ellos siempre tienen ganas y a ellas siempre les duele la cabeza. Un mito, por cierto, que no concuerda con el aumento de casos de hombres que acuden a su consulta por bajo deseo. “El principal problema no es la falta de deseo, sino la adecuación que se produce en los hombres cuando una pareja ya está consolidada. Una vez transcurrida esa primera fase del enamoramiento, puede ser el primer momento en el que llegue el conflicto. Los hombres son muy visuales y les excita más lo novedoso”, explica Álamo. En su consulta, Álamo ve en su día a día cómo la presión en los hombres por tener que tener siempre una libido alta ha llevado a muchos a presentar problemas de disfunción eréctil: “Cuando logramos que se relajen y se quiten la presión que la sociedad ha puesto sobre ellos, el pene usualmente vuelve a poder estar erecto”.

Lombardia explica que “las relaciones sexuales basadas en la penetración no excitan a la mayoría de las mujeres, que en muchos casos han dejado de tener ese tipo de sexo porque han descubierto que se lo pueden pasar bien solas”. A este respecto, la sexóloga Antelo recuerda que “los juguetes sexuales han descentralizado el deseo erótico del pene. Ahora, las mujeres pueden estar en el centro del placer. Ahora, nos atrevemos a hablar de sexualidad y disfrute sin vergüenza”.

El deseo sexual depende de lo relajadas que estén ellas

El deseo sexual se caracteriza por dos cosas: “Lo primero que es subjetivo, de ahí que para lo que a uno puede ser deseo sexual alto, para otra quizás se queda corto. Por otro lado, está influenciado por diversos factores: biológicos, psicológicos, sociales y ambientales”, explica García.

Que la mujer tenga pocas ganas nunca se ha tomado suficientemente en serio, por lo que no hay casi investigaciones científicas al respecto. Sin embargo, algunos factores que pueden influir en la pérdida de deseo son las hormonas. Las pastillas anticonceptivas, por ejemplo, tienen como efecto secundario bajar la libido. Lombardía afirma que “es una paradoja que las mujeres tomen hormonas para poder tener sexo, pero que sean esas mismas pastillas las que les quiten las ganas”. Otros factores que pueden alterar el deseo sexual pueden ser el estrés, no tener suficiente descanso o sentir ansiedad. La experta en placer femenino Andrea Aguilar recuerda que “el cuerpo siempre pide más de lo que le gusta. Si una relación sexual es placentera, siempre vamos a tener ganas de repetir”.

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Lucía Franco
Es periodista de la edición de El PAÍS en Colombia. Anteriormente colaboró en EL PAÍS Madrid y El Confidencial en España. Es licenciada en Comunicación Social por la Universidad Javeriana de Bogotá y máster de periodismo UAM-EL PAÍS. Ha recibido el Premio APM al Periodista Joven del Año 2021.
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