¿Por qué me duele el estómago cuando tengo nervios o estrés?

Cada vez hay más estudios sobre eventos que acaban provocando trastornos intestinales

No podemos entender cada parte del cuerpo aislándola de las demás porque lo que nos hace organismos vivos es el hecho de que estén conectadas.
No podemos entender cada parte del cuerpo aislándola de las demás porque lo que nos hace organismos vivos es el hecho de que estén conectadas.martin-dm (Getty Images)

Si te pones a pensar, no solo es el estómago lo que nos duele cuando estamos nerviosos, nos puede doler el pecho, podemos perder el apetito, tener ansiedad o hambre compulsiva.

La respuesta simple y más científicamente exacta a tu pregunta es que al estar nerviosos, nuestro organismo produce una serie de neurotransmisores y hormonas, como cortisol o adrenalina, que son detectados por receptores que tenemos en el intestino y el sistema gastrointestinal responde. Y responde de forma distinta en cada persona. Hay a quien no le duele la barriga cuando está nervioso, hay a quien sí le duele, hay personas que tienen ganas de vomitar o hay quien tiene diarrea porque se produce un aumento de la motilidad intestinal.

La clave de todo esto es que el sistema gastrointestinal tiene un sistema nervioso muy sofisticado, de hecho, se le llama el “segundo cerebro”. El sistema nervioso humano consta de: el sistema nervioso central, formado por el cerebro y la médula; el sistema nervioso entérico que es el que encontramos en el intestino y el sistema nervioso autónomo, encargado de comunicarlos. El sistema nervioso entérico está formado por dos capas finas de neuronas en las paredes de todo el tubo intestinal. Tiene unas 100.000 neuronas que son, por ejemplo, la misma cantidad que hay en la médula espinal, o sea que es muy grande. Y estas neuronas están conectadas no solo entre ellas sino con el resto del cuerpo, pero principalmente con el sistema nervioso central que es lo que se denomina el eje cerebro-intestino.

Lo que hay que recordar es que, al final, todo está conectado. No podemos entender cada parte del cuerpo aislándola de las demás porque lo que nos hace organismos vivos es el hecho de que estén conectadas. Desde hace unos años, al sistema nervioso entérico cuya función principal es regular la digestión, la absorción de nutrientes o la motilidad intestinal, se le ha visto esta asociación con el cerebro. Hasta ahora, se había demostrado que ciertos estados de ansiedad o ciertos traumas muy importantes en la vida de las personas provocan una respuesta patológica en el sistema gastrointestinal. Por ejemplo, se ha observado cierta tendencia al desarrollo de enfermedades digestivas funcionales como el síndrome del intestino irritable en personas que han sufrido eventos traumáticos a lo largo de su vida, como por ejemplo haber participado en guerras o haber sido víctima de abusos (Impact of psychological stress on irritable bowel syndrome, Hong-Yan Qin)

Pero es muy interesante saber que también sucede al revés: muchas enfermedades o desequilibrios intestinales acaban desestabilizando este eje y provocan alteraciones mentales. Se ha visto que el eje cerebro-intestino es bidireccional, puedes llegar a tener depresiones o episodios de ansiedad, etc, simplemente por tener una alteración intestinal.

Y aquí entra otro factor que es el microbiota intestinal, que juega un papel vital en mantener una función intestinal adecuada. Cuando no está bien equilibrada exacerba muchísimo esta disrupción del eje cerebro-intestino. Cada vez hay más estudios sobre eventos que acaban provocando trastornos intestinales. Y no son solo situaciones emocionales de impacto sino también, por ejemplo, la toma de antibióticos, la mala alimentación, una gastroenteritis, es decir, situaciones que pueden alterar la flora intestinal y el equilibrio digestivo, y es ese trastorno intestinal el que secundariamente puede estar relacionado con la aparición de una enfermedad mental (Siente lo que comes, Amanda Rodríguez-Urrutia). Como apunta la doctora Rodríguez-Urrutia en su reciente publicación, “esto es solo la punta del iceberg del mundo de las conexiones cerebro-intestinales. Todo en el cuerpo está conectado, y el entorno con nosotros”. Es importante dar un paso más en el conocimiento de su cuerpo, entender que la salud es un concepto global en donde cada uno de nosotros debe procurar su grano de arena a diario para obtenerla. Quizás no sea tarea fácil, pero vale la pena.

Marina Fortea Guillamón es doctora en Bioquímica, Biología Molecular y Biomedicina e investigadora en el sistema nervioso del aparato digestivo en la Leuven University (Bélgica).

Pregunta enviada vía email por Paula García

Coordinación y redacción: Victoria Toro

Nosotras respondemos es un consultorio científico semanal, patrocinado por la Fundación Dr. Antoni Esteve y el programa L’Oréal-Unesco ‘For Women in Science’, que contesta a las dudas de los lectores sobre ciencia y tecnología. Son científicas y tecnólogas, socias de AMIT (Asociación de Mujeres Investigadoras y Tecnólogas), las que responden a esas dudas. Envía tus preguntas a nosotrasrespondemos@gmail.com o por Twitter #nosotrasrespondemos.

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