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Beatriz Luengo: “El reguetón puede ser grosero sin ser machista”

La estrella adolescente es ahora una compositora de música latina de referencia

Beatriz Luengo, compositora, actriz y cantante posando en un apartamento de la Gran Vía, el 29 de julio.FOTO: KIKE PARA / VÍDEO: LUIS MANUEL RIVAS

Saltó a la fama con la serie Un paso adelante. Lo dio junto al grupo UPA Dance, pero de ahí tomó impulso para dar otro más y se ha convertido en una compositora de música latina de referencia para muchos: de Ricky Martin a Alejandro Sanz o La Mala Rodríguez, casi todos quieren una canción de Beatriz Luengo (Madrid, 37 años) y su marido, Yotuel, líder del grupo cubano Orishas. Acumula varias candidaturas a los Grammy desde 2009 y acaba de escribir El despertar de las musas (Destino), que lleva siete ediciones.

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Pregunta. Es usted un ejemplo de reinvención: de estrella adolescente a reinar como compositora de música latina. ¿Cómo lo ha hecho?

Respuesta. Parecía imposible que la chica que veían en la tele se acabara convirtiendo en compositora. Aquello parecía un estigma, más después de llenar estadios como parte de un equipo donde te daban casi todo hecho.

P. ¿Un poco marioneta?

R. No, porque teníamos algunos espacios creativos. Mi primer disco tenía elementos de cantautor con influencias de música negra. Me decían que no iba a funcionar, que nunca lo pincharían en la radio. Además, notaba que algunos no creían que a la chica que le decían cómo vestirse resultara de pronto compositora. Fue muy difícil.

P. ¿Y entonces?

R. Tenía dos opciones: vivir de aquello y aprovecharme de las marcas o apostar por lo que creía. Me fui a Francia y a Estados Unidos, sin papeles, empecé a trabajar y llegó mi primera candidatura al Grammy en 2009. Cambió todo.

P. Hasta convertirse en una especie de José Luis Perales milenial en el ámbito latino.

R. ¡Ojalá! Yo adoro a Perales. Para mí todo ha sido una transición lógica y natural. Sentí una evolución propia componiendo para otros.

P. ¿Qué es la música latina?

R. Hoy, el estilo número uno en el mundo. Siempre he defendido, además, componer en español. Mucho más difícil que en inglés, que es monosílabo. La música latina, para mí, es baile. El latino para llorar o reír siempre baila. Hagas lo que hagas, tienes que mover los pies. Es el ritmo conectado a lo emocional. Así lo siento.

P. Sin evitar mojarse sobre Cuba, por ejemplo. Con Orishas y Yotuel, su marido, no se cortan a la hora de criticar al régimen. ¿Cómo sienta eso allí?

R. No queremos quedarnos en el medio, aunque no resulte políticamente correcto. La música de Orishas tiene mucho de protesta. Cuba es un país maravilloso. Y el grupo habla a favor de su pueblo, pero la realidad es que no existe libertad de expresión. Estamos muy sensibilizados con eso: que no pueda caber el miedo ni la cárcel para quien pone un post en las redes sociales. Que no te metan preso por denunciar que te has quedado sin luz en el barrio.

Durante un tiempo, ser de UPA Dance parecía un estigma

P. Cuando le toca hacer un reguetón, ¿no le entra mal rollo por meterse en un espacio tan machista?

R. El reguetón visto desde fuera puede ser visto así, pero no lo es del todo.

P. ¿El Me Too ha rebajado el tono en ese mundo?

R. Al entrar ahora en un estudio se nota; cuidan más lo que dicen. Pero yo nunca he hecho un reguetón machista. Jamás he entrado en un espacio ni he formado parte de una sesión donde la mujer pueda ser infravalorada. No me callo ante esas situaciones. Una vez, llegué tarde a una sesión en la que habían compuesto este estribillo: “Quiero que me riegues con tu manguera toda la noche entera”. Era para una artista. Lo componíamos entre cinco y no lo firmé, claro. Hay una manera, un lenguaje grosero…

Ni la palabra ‘genia’ ni ‘muso’ existen en el diccionario

P. Es que el reguetón es grosero o no es.

R. Puede, pero sin necesidad de ser machista. Para mí, ¿cuál es la diferencia? El lugar donde dejas a la mujer dentro de la canción. En ese estribillo, la mujer no se desarrolla como sujeto activo de placer. Y creo que en una canción tiene que hacerlo. No centrarse en que solo él disfrute. Si la música urbana femenina debe reivindicarse, debe ser por ese camino, aunque yo me manejo por otros sitios.

P. ¿Dónde quedan las musas?

R. Esa palabra ha sido tramposa a lo largo de la historia. De ahí que haya titulado mi libro El despertar de las musas. Quienes han sido consideradas como tales muchas veces han sido coautoras y partícipes de procesos de creación. En Gala y Dalí se dio eso, y él la reconoció como tal. No voy a entrar en polémicas, pero no existen en el diccionario las palabras genia y muso. Es el problema; y a muchos les suena fatal.

P. ¿La nueva generación de poetas españolas se podrían adaptar al reguetón? Además de Elvira Sastre, que le ha prologado su libro, ¿quién le interesa?

R. Se las puede adaptar totalmente: aparte de Elvira, a Loreto Sesma, a Sara Búho, a Irene X, que usa un lenguaje sexual sin tapujos…

P. ¿Qué es componer para Ricky Martín?

R. Es una responsabilidad. A Ricky todo le funciona, aunque hay temáticas en las que se puede sentir más cómodo. Quedamos para componer una canción y acabamos con todo el disco. Nos transmitía sus experiencias, y Yotuel y yo, como equipo, lo transformamos en lenguaje musical. Se dio química y respeto. Ahora le acabo de componer una canción con Diego El Cigala. Tiene que ver con el proceso constructivo y destructivo del amor. “Hablemos de esto”, le dije. Como cuenta Arjona: si no aprendes a querer la espina, no aceptes rosas.

P. ¿Así es su relación?

R. Así deben ser todas, aunque la nuestra es muy tranquila: llevamos 17 años juntos. El secreto, con tanto viaje, es que siempre estamos deseando vernos.

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