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La búsqueda de un curioso insaciable

Muere el jurista Manuel Ballbé Mallol, estudioso del constitucionalismo y el militarismo, investigador de la geopolítica y de la economía

Manuel Ballbé en Barcelona en 2014 durante una entrevista con EL PAÍS por la convocatoria de la consulta del 9-N.
Manuel Ballbé en Barcelona en 2014 durante una entrevista con EL PAÍS por la convocatoria de la consulta del 9-N.

Manuel Ballbé Mallol (Barcelona, 4 de noviembre de 1951-10 de febrero de 2020) ya era discípulo predilecto del primer administrativista Eduardo García de Enterría cuando venía de Barcelona buscando publicar su tesis Orden público y militarismo en la España constitucional (1812-1983) que, de la mano de Javier Pradera, apareció ese último año en Alianza Editorial. Los encuentros Pradera-Ballbé en el despacho del editor se alargaban y concluían en cenas a las que se sumaban otros amigos, siempre en la misma mesa de La Ancha.

Era aquel Madrid que, apenas recuperado del golpe del 23-F, había seguido el juicio a los golpistas en Campamento, su condena por el Consejo Supremo de Justicia Militar y el Tribunal Supremo y observaba atento los primeros compases del Gobierno socialista de Felipe González. El libro de Manuel Ballbé sigue el itinerario de esos 171 años del constitucionalismo español surgido en el sitio de Cádiz para concluir que, pese a todas las discontinuidades, subyace un invariante: el orden público (es decir, las libertades públicas) había permanecido siempre bajo el control militar. De ahí que los militares se alzaran el 18 de julio de 1936 con un bando que la Constitución les permitía.

Entre sus libros destacados figuran La prejudicialidad administrativa en el proceso penal, (con Carlós Padrós); Soberanía dual y constitución integradora. La reciente doctrina federal de la Corte Suprema norteamericana (con Roser Martínez) y Estado competitivo y armonización europea (también con Padrós). Firmó además centenares de capítulos en libros colectivos y en las revistas nacionales e internacionales más prestigiosas.

Una de las personas que más de cerca siguió su trabajo universitario como catedrático de Derecho Administrativo de la Universidad Autónoma de Barcelona destacaba que dio clases hasta diciembre pasado en ese departamento y en la Escuela de Prevención y Seguridad Integral (EPSI), que él mismo había fundado. Prueba de su capacidad de acogida es que estuviese dirigiendo más de 10 tesis.

Su talento estaba acompañado de una curiosidad insaciable: lo investigaba todo; estaba siempre buscando, leyendo y tenía capacidad de almacenar todos esos datos y conectarlos, ya fueran temas de energía, como el gas en Europa y sus intereses cruzados; la trama de corrupción de Trump y sus conexiones financieras con Rusia a través del Deutsche Bank o la actualidad de la UE y los equilibrios geopolíticos globales. Atendía a los avances más recientes y en los últimos dos años se había dedicado a investigar sobre robots y drones diseñados como armas para matar y la regulación que debería aplicarse al respecto. Y siempre pendiente de los mercados financieros y de las tendencias desregulatorias por el contexto del Brexit y de Trump.

Otro buen amigo recordaba que uno de los seminarios internacionales sobre seguridad y defensa que organiza en Toledo la Asociación de Periodistas Europeos permitió su encuentro con el general Félix Sanz Roldán, ante el que argumentó la necesidad de que el CNI crease una unidad de inteligencia económica, que enseguida fue una realidad.

Era un bon vivant con una capacidad desconcertante. Trabajaba al sol en el jardín por las mañanas con el encanto espontáneo y la experiencia inconsciente de las contradicciones. Actitudes que son reflejo de la ingenuidad y terreno fértil para el amor y el entusiasmo, Cioran dixit.

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