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La crispación dificulta el desarrollo del programa de PSOE y Podemos

Expertos de Agenda Pública analizan para EL PAÍS el discurso del candidato a la Presidencia y la primera sesión de investidura

psoe podemos
Pablo Iglesias saluda a Pedro Sánchez, tras su intervención ante el pleno del Congreso de los Diputados. EFE

Cinco expertos de Agenda Pública (juristas, economistas, politólogos y sociólogos) analizan el discurso del candidato socialista a la Presidencia del Gobierno y la primera jornada del debate de investidura.

Elisa de la Nuez

Secretaria general de la Fundación Hay Derecho

Después de la desastrosa repetición electoral, de la que ha resultado un Parlamento mucho más fragmentado y polarizado que el anterior, se ha llegado por fin al debate de investidura de Pedro Sánchez. Consciente del riesgo que supone su apuesta —en primer lugar para su propio partido— en el discurso de investidura, el candidato insistió en la necesidad de terminar con el bloqueo y la parálisis política. También apeló a la historia del PSOE para garantizar que no se va a romper la Constitución ni España. Pero al enumerar las grandes cuestiones a abordar, tales como la educación, los impuestos, la precariedad, la reducción de la desigualdad, la sostenibilidad, la despoblación, la revolución digital, el cambio climático y, por supuesto, el conflicto territorial surge la duda de si con estos mimbres se puede aspirar a solucionarlos.

A mi juicio es imposible por razones políticas (son reformas transversales que necesitan un consenso muy amplio) pero también por razones técnicas. Sin buenas instituciones neutrales, profesionales e independientes y una evaluación seria de políticas públicas estas medidas son una bonita carta a los Reyes Magos.

J. M. Martín Carretero

Economista

Pedro Sánchez presentó un programa de Gobierno completo, basado en las prioridades ya desgranadas en los diferentes acuerdos firmados con las fuerzas políticas. Estos planes señalan los retos de la desigualdad, la digitalización y el cambio climático, proponiendo asumir las prioridades que fue apuntando tanto durante la campaña como desde su primer año de Gobierno. Un programa donde se reconoce el peso de su principal socio, Unidas Podemos, que se hace fuerte en la agenda social y laboral, y se compromete con la estabilidad fiscal.

En el pacto de Gobierno destaca la apuesta por la Formación Profesional Dual y el apoyo a la política industrial, el ya conocido plan de Emprendimiento, al que se añade, acertadamente, el emprendimiento social, así como la futura Estrategia Española de Inteligencia Artificial. En estas 50 páginas se echa en falta la necesidad de mejorar la cooperación internacional, pese a sus referencias a la Agenda 2030, y una visión más decidida respecto del futuro de la Unión Europea.

José Rama

Doctor en Ciencia Política por la Universidad Autónoma de Madrid

El candidato socialista, Pedro Sánchez, leyó un discurso muy parecido al de 2019 y, prácticamente, igual al documento de acuerdo de Gobierno entre PSOE y Unidas Podemos. Con todo, el tono fue el del consenso y el entendimiento para superar el conflicto territorial, aludiendo a la necesidad de entender los distintos sentimientos y sensibilidades nacionales y buscar un encaje de todos dentro del territorio español, siempre respetando la Constitución. También puso el foco en medidas de carácter social, de desarrollo económico y de tipo fiscal.

Las réplicas, que buscaban la crispación, fueron también las esperadas, sobre todo las de Vox y PP. Estos partidos vieron en las palabras de Sánchez una entrega al independentismo y a la ruptura del Estado (a través del pacto con comunistas, independentistas y herederos de Batasuna). Casado quiso en su intervención aludir a las palabras de solo hace unos meses de Sánchez, contrarias a pactar con Unidas Podemos y a que el Gobierno dependiese de partidos secesionistas. Por su parte, PNV y ERC consideraron el discurso renovado, y favorable a resolver el difícil encaje territorial.

Astrid Barrio

Profesora de Ciencia Política de la Universitat de València

La primera sesión del debate de investidura evocó a la imagen del dios Jano. Uno de sus rostros mirando al futuro y apuntando al camino del desbloqueo, tal y como afirmó el candidato Sánchez. Una senda que ha de permitir la conformación de un Ejecutivo estable y una legislatura larga a pesar de la incógnita que supondrá el funcionamiento del que puede ser el primer Gobierno de coalición de la España democrática.

El segundo de los rostros volvió la mirada al pasado, a una España crispada y polarizada y lo que es más preocupante: a la de las fracturas superpuestas, una izquierda partidaria de la España plural y una derecha compitiendo por la bandera y en malos modos. Esto no solo alimenta la división y potencia la lógica amigo-enemigo, sino que dificulta la resolución por consenso de los conflictos y acaba imponiendo soluciones mayoritarias, justamente aquello que la Transición y el tan denostado régimen del 78 felizmente habían logrado superar.

Cristina Monge

Socióloga

Tras cuatro años de inestabilidad con la emergencia en 2015 del multipartidismo, esta sesión de investidura inaugura una nueva etapa con el eje izquierda-derecha férreamente marcado. La entrada con fuerza de la extrema derecha en el Congreso ha generado una pugna en el bloque conservador que explica el discurso de derecha extremada de Pablo Casado. Este escenario ha facilitado el encuentro entre las fuerzas progresistas, materializado en el discurso de Pedro Sánchez propio de una socialdemocracia moderna: derechos sociales, lucha contra la desigualdad, emergencia climática, feminismo, revolución digital, educación, servicios públicos, transparencia, etc. Si bien estos temas fueron a los que más espacio dedicó, era imposible obviar el nudo gordiano del conflicto territorial en y con Cataluña. La constatación de que existen catalanes de distintas sensibilidades que no se encuentran cómodos con la situación actual es el elemento de unión entre estas fuerzas progresistas que ha hecho posible el encuentro.

Ambos bloques, izquierda y derecha, tienen razones para el acuerdo interno, y será muy difícil que ninguna fuerza se salga de este campo de juego. Más bien, las pugnas se adivinan dentro de cada bloque. El bipartidismo ha mutado en bibloquismo.

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