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VOX

Vox siembra su ideología

La ultraderecha arrastra a los gobiernos bipartitos de PP y Ciudadanos a asumir parte de su discurso en igualdad y lucha contra la violencia de género

El consejero Elías Bendodo, el vicepresidente de la Junta, Juan Marín, y el presidente Juan Manuel Moreno saludan al portavoz de Vox. En vídeo, Vox aboga por suprimir actividades del Instituto Andaluz de Mujer.

"Que no olvide nadie que Vox hará valer sus votos”. El primer aviso llegó la noche del 26 de mayo. Se acababan de conocer los resultados de las elecciones autonómicas y locales y el líder del partido, Santiago Abascal, compareció exultante. El PP y Ciudadanos los necesitaba para apuntalar el maltrecho poder de la derecha desde las generales del 28-A. Y Vox no estaba dispuesto a vender su apoyo gratis. Optaron por la estrategia más efectista y mediática, poner toda su artillería en la ideología.

El desprecio por el feminismo, la negación de la violencia de género y la reducción de los derechos del colectivo LGTBI concentran el grueso de sus ataques. Se trata de dar la batalla contra todas aquellas luchas que abanderó la izquierda española hasta convertir al país en pionero en Europa y utilizar el lenguaje como arma. “Vox necesita elementos discursivos e imponer su marca en términos ideológicos para diferenciarse de PP y Cs, ya que en materia económica son bastante parecidos”, explica el politólogo Pablo Simón.

En Andalucía, que se impone como ejemplo de gobierno dependiente de la ultraderecha por sus ocho meses de andadura, la negociación de los presupuestos les supuso su mayor éxito en fondo y forma. A nivel estético lograron doblar la mano a Ciudadanos y el documento del acuerdo incluye por primera vez las siglas de los tres partidos, a lo que los de Albert Rivera siempre se habían negado. Con respecto al contenido, lograron colar algunos de sus principales marcas ideológicas.

Entre ellas, la creación de un teléfono para víctimas de la violencia intrafamiliar, un concepto que tratan de imponer en su batalla de negación de la violencia machista. “La Ley de Violencia de Género va contra los hombres”, proclama la dirigente ultranacionalista Rocío Monasterio. También lograron que PP y Cs accedieran a sustituir el término transversalidad de género por “principio de igualdad de trato”, que responde a su tesis de negar la posición de desigualdad de la mujer frente al hombre. “La brecha salarial es un fake” es una frase reciente del líder andaluz de Vox, Francisco Serrano. Buscan “convertir en problemas situaciones a las que ya se les había dado una respuesta por los poderes públicos y en las que parecía que existía un cierto consenso de la ciudadanía”, lamenta la profesora de Ciencias Políticas Belén Blázquez Vilaplana. Una estrategia que tras el buen resultado andaluz se está trasladando a otras comunidades.

El término “violencia intrafamiliar” está incluido también en el acuerdo entre el PP y Vox en Madrid capital y en Murcia, que además incluye el compromiso de crear una ley de Protección a la Mujer Embarazada, fruto de la oposición de Vox a la Ley del Aborto, que da a entender que las mujeres gestantes están actualmente en una situación de desprotección.

En la Comunidad de Madrid, el acuerdo para la investidura de la popular Isabel Díaz Ayuso incluye medidas en materia de inmigración, otra de las banderas de Vox, para que las fuerzas de seguridad tengan acceso a los datos de la Administración sobre los inmigrantes en situación irregular o la redirección de las ayudas al desarrollo y la cooperación a medidas de repoblación. Monasterio, que apretó a PP y Cs en la Comunidad de Madrid hasta el final, ya ha anunciado que hará “una férrea oposición”. Así que, tras los acuerdos de investidura, PP y Cs tendrán que volver a negociar con ellos para aprobar los Presupuestos.

“Vox tira del extremo y está consiguiendo arrastrar a sus compañeros de viaje”, alerta la politóloga Cristina Monge para referirse a la polémica de esta semana por la campaña del Gobierno bipartito andaluz sobre la violencia machista. La cartelería, en lugar del consensuado violencia de género o machista —que Vox refuta—, usa el concepto malos tratos, ya en desuso. Las mujeres que ilustran la campaña están sonrientes, parecen felices. El Ejecutivo defiende que es una invitación a denunciar a los maltratadores, pero los expertos rebaten esa versión dulcificada. “Es una campaña cruel que responsabiliza a las mujeres. Si denuncias, serás feliz. Si no lo haces, no. Creo que viene muy marcada por la presión de la extrema derecha”, dice Monge.

Otra de sus dianas es la Ley de Memoria Histórica, que Vox considera “totalitaria”. El Gobierno andaluz, en una de sus primeras medidas, creó la figura del Comisionado para la Concordia —abrazando otra vez el lenguaje de la ultraderecha— y en junio anunció la eliminación de la Dirección General de Memoria y las Oficinas de Atención a víctimas de la Guerra Civil y la posguerra. En contrapartida, el acuerdo para los presupuestos incluyó el compromiso de crear el programa 1492: un nuevo mundo una medida que quiere acabar con “la leyenda negra” que, dicen, pesa sobre el descubrimiento de América para presentarlo como una “hazaña científica y técnica”.

El efecto en las políticas

PP y Ciudadanos minimizan los logros de Vox, pero los expertos consultados alertan de lo conseguido por la ultraderecha. “Lo preocupante no es tanto la posición de Vox, sino que el PP se vea arrastrado y se salga del discurso acordado. No podemos dar por garantizados ni los consensos ni las políticas públicas que existen para proteger los derechos civiles”, dice Simón. En la misma línea el politólogo Jorge Galindo cree que Vox “puede mover políticas a la derecha”, pero considera que aún “no tiene capacidad de romper el consenso social”.

Para Paloma Román Marugán, doctora en Ciencias Políticas, mientras PP y Cs necesiten sus votos seguirán cediendo ante la ultraderecha, pero defiende que “el movimiento feminista no está dispuesto a permitir esta regresión y por ello va a ser difícil que su discurso cale en la sociedad”. Su colega Belén Blázquez avisa de que “Vox ha destapado a una parte de la sociedad que estaba agazapada, pero también ha despertado a aquellos y aquellas que están viendo peligrar la sociedad en la que quieren vivir y en la que creen”.

Con la investidura de Díaz Ayuso en Madrid este miércoles, todos los gobiernos locales y autonómicos en los que Vox tenía palabra quedarán constituidos. Se cierra así el primer asalto al poder de la ultraderecha. La siembra de la semilla ideológica.

La ira contra la diversidad sexual

Si hay un consenso social en España, un acuerdo que hasta ahora no diferenciaba entre los partidos con representación parlamentaria, es el apoyo a la igualdad de derechos del colectivo LGTBI. Hasta ahora. Consciente de lo difícil que lo tiene para obligar al PP y a Ciudadanos, con voto de este colectivo, a asumir alguna de sus exigencias en este aspecto, la ultraderecha busca nuevas estrategias.
Vox se ha lanzado contra las charlas sobre diversidad sexual que se imparten en los colegios. En Madrid solicitaron un listado con los nombres y apellidos de las personas que dan las charlas, a lo que la Consejería respondió que carecía de esos datos. La oposición tachó la petición de “caza de brujas”. “A ver si ahora no se va a poder fiscalizar lo que se hace con la educación de nuestros hijos”, protestó Monasterio. En Murcia arrancaron el compromiso del PP de que los alumnos no podrán asistir a estos eventos sin el “consentimiento expreso” de sus padres.
La celebración del Orgullo Gay en Madrid, a la que denominaron “aquelarre”, es otra de las dianas de la formación, que quiere prohibir que se celebre en el centro.
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