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El bastión inexpugnable del PP se agrieta por sorpresa

El histórico ascenso de los socialistas amenaza a un año de las autonómicas la imbatibilidad de Feijóo, la única mayoría absoluta que conservan los populares

El socialista Gonzalo Caballero, en la terraza del Obradoiro desde la que se divisa la residencia presidencial de Monte Pío.
El socialista Gonzalo Caballero, en la terraza del Obradoiro desde la que se divisa la residencia presidencial de Monte Pío.
Santiago de Compostela

El próximo desafío electoral al que tendrá que enfrentarse el PSOE de Pedro Sánchez será, si no hay adelantos imprevistos, contra el PP más correoso: el de Alberto Núñez Feijóo. Llegará como muy tarde en septiembre de 2020 y en la única comunidad en la que la mayoría absoluta de los populares ha resistido en la última década la embestida de la crisis económica y las nuevas fuerzas políticas. Las tres últimas citas con las urnas han abierto, sin embargo, grietas inesperadas en el único bastión inexpugnable del partido que fundó Manuel Fraga.

El PSdeG-PSOE fue en las pasadas generales la fuerza más votada en Galicia por primera vez en la historia y también quedó en cabeza en las europeas. Los registros electorales confirman que se trata de una sacudida impropia de un territorio muy poco dado a los vuelcos y en el que los cambios políticos hacia la izquierda se suelen producir sin apear al PP del primer puesto.

En las elecciones de 2004 que llevaron a José Luis Rodríguez Zapatero a La Moncloa, con Fraga muy debilitado por la marea negra del Prestige y la izquierda movilizada por el 11-M, los populares gallegos, que al año siguiente perdieron la Xunta, mantuvieron sin problema el primer puesto con un 47% de apoyo. En estos últimos comicios, al partido de Feijóo lo votó en Galicia un 27% del electorado, cinco puntos menos que a los socialistas. Y se dejó por el camino 200.000 papeletas con respecto a las generales de 2016.

El secretario general del PSdeG y candidato a la Presidencia de la Xunta, Gonzalo Caballero, se muestra convencido de que los resultados del PP son un síntoma de “un cambio estructural en la política gallega”: “En las generales el 55% de los votos fueron a las fuerzas de izquierda y solo un 44% a la derecha. Hay un fin de ciclo de Feijóo y una nueva mayoría social progresista que derriba el cliché clásico de que Galicia es de derechas”.

Caballero, sin experiencia en la primera línea política pero con 25 años de militancia, le ganó las primarias en el otoño de 2017 al candidato apoyado por el aparato. Este economista de 44 años cogió las riendas de un partido destrozado por sucesivas derrotas electorales, la pérdida de la hegemonía de la izquierda en favor de las mareas y las pugnas internas. Él mismo llevaba años enfrentado a su tío, el alcalde de Vigo, Abel Caballero.

Sin cumplir aún los dos años como secretario general, hoy reina en el partido del puño y la rosa una paz romana y los vientos electorales soplan a favor. Tras la constitución de las corporaciones, si los pactos necesarios cuajan, seis de las siete ciudades pueden ser socialistas. “El partido se ha reconstruido. El impulso de Pedro Sánchez ha sido muy importante pero el PSdeG ha funcionado especialmente bien en términos comparados”, presume Caballero subrayando que en las generales el porcentaje estatal del PSOE fue del 28% frente al 32% de Galicia.

El líder socialista sostiene que el pinchazo del PP de Feijóo en las municipales va más allá de las ciudades, un territorio en el que el presidente de la Xunta acumula varias derrotas y al que envió como candidatos a cinco exconsejeros de su gobierno. “El PP está erosionado en todo el rural y en municipios intermedios”, esgrime sobre la pérdida de apoyos de la derecha, que se ha producido sin una fuga de votos a Ciudadanos tan relevante como en otras partes de España (logró un 3% de los sufragios en las municipales) y con Vox reducida a una fuerza residual. “En Ourense, por primera vez en la historia desde que los Baltar controlan la Diputación, el PP no tiene mayoría absoluta. En la provincia vamos a gobernar las localidades medias más importantes. La Galicia interior empieza a decirle también no a Feijóo”. Y Vilalba (Lugo), la cuna de Fraga de la que el fundador del PP decía que “había empezado todo”, tendrá por primera vez en la historia alcalde socialista.

Ya en las municipales del 2015 Feijóo le vio las orejas al lobo. Sin embargo, un año y pico después revalidaba su mayoría absoluta contra un PSOE golpeado por la dimisión de su candidato imputado por corrupción seis meses antes y las mareas enredadas en sus primeros líos internos. Caballero sostiene que ahora el escenario es “distinto” porque “el electorado progresista se ha reconciliado con el PSdeG”, que tiene a “las bases organizadas y a los cuadros políticos preparados”. “La misma soberbia de Gonzalo Caballero se vio en José Ramón Gómez Besteiro en 2015", replicó la semana pasada el secretario general del PP gallego, Miguel Tellado, citando al antecesor de Caballero que renunció por sus problemas judiciales. "Y el resultado lo recordados todos".

Con la incógnita aún de si será Feijóo su rival, En Marea al borde la ruptura y el BNG en línea ascendente, el líder socialista se niega en redondo a hablar de las coaliciones con otras fuerzas de izquierda que necesitaría en cualquier caso para desalojar al PP de la Xunta. Se limita a prometer “todas las facilidades para tener puntos de encuentro”.

Caballero entrará en las próximas semanas en el Parlamento gallego en sustitución de su compañero Abel Losada, elegido concejal en Vigo, para estrenarse en el cuerpo a cuerpo con Feijóo. “Mi agenda política va a seguir siendo en contacto con la ciudadanía y recorriendo toda Galicia, porque las elecciones se van a ganar en la calle”, defiende. Y mientras saborea los históricos resultados que ha logrado su partido bajo su batuta, recuerda el último ataque que logró repeler: las candidaturas de un nuevo partido creado por el exsecretario general de los socialistas gallegos Pachi Vázquez en varios ayuntamientos de Ourense. En O Carballiño, el municipio donde Vázquez fue alcalde en el pasado con el PSOE y se presentó como cabeza de cartel, los socialistas lograron la mayoría absoluta.

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