Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra

Alfredo Pérez Rubalcaba, el ministro que puso freno a los accidentes de tráfico

Asumió la lucha contra la siniestralidad al volante como un asunto de primer nivel del Ejecutivo socialista y llevó las cifras de muertos en carretera a niveles históricos

alfredo perez rubalcaba
Alfredo Pérez Rubalcaba comparece en rueda de prensa, ante la mirada de Pere Navarro, en febrero de 2011.

Alfredo Pérez Rubalcaba ha sido el ministro que pilotó la etapa más brillante en la lucha contra los accidentes de tráfico en España. Su tándem con el director de Tráfico, Pere Navarro –que ocupa de nuevo el cargo desde que Pedro Sánchez accedió a La Moncloa-, hizo que países punteros en la materia echaran la vista al sur de Europa para preguntarse sobre qué puntales se asentaba el “milagro español”. Los datos dibujaban una realidad que se superaba año a año, en un país que llegó a contabilizar casi 6.000 muertos anuales en las carreteras.

Con el político socialista en el Ministerio del Interior (abril 2006 a julio 2011), se luchó sin descanso hasta lograr que las cifras de víctimas de tráfico cayeran como una plomada, acumulando ocho años de descensos consecutivos. 2011 se cerró con menos de 1.500 fallecidos, el dato menos trágico en medio siglo. El propio Rubalcaba retrataba con palabras esa transformación por la que nadie habría apostado años antes: “Hemos logrado cambiar la mentalidad y demostrar que esta no era una maldición bíblica inevitable, y que los españoles no éramos unos bárbaros desaprensivos”.

Alfredo Pérez Rubalcaba pasa un control de alcoholemia ante la Guardia Civil de Tráfico, el día de entrada en vigor del carné de conducir por puntos, en Gajano (Cantabria), el 1 de julio de 2006.
Alfredo Pérez Rubalcaba pasa un control de alcoholemia ante la Guardia Civil de Tráfico, el día de entrada en vigor del carné de conducir por puntos, en Gajano (Cantabria), el 1 de julio de 2006.

El ministro se puso en la vanguardia del combate. La primera batalla que le tocó librar contra los siniestros comenzó algo trastabillada. Navarro llevaba desde 2004 trabajando contra reloj en el carnet por puntos, y cuando Rubalcaba llegó al ministerio quedaban poco menos de tres meses para su implantación, en julio de 2006. El sistema informático de la DGT hizo agua y no pudo detraer ni un solo punto hasta un año después. La apuesta de seguir adelante pese al fiasco, fue acertada. El debate generado por la implantación del nuevo permiso, fue suficiente para que las nefastas estadísticas comenzaran a darse la vuelta. En solo dos años, las muertes bajaron un 22%. Y sus efectos siguen vigentes hoy.

Navarro se refería a su jefe en una entrevista con EL PAÍS en 2008 así: “Es un lujo trabajar con Rubalcaba porque no pierde el tiempo con tonterías, está comprometido con la seguridad vial y lo vive con intensidad”. Y así fue. Durante su etapa como máximo responsable de la seguridad de los españoles en las carreteras, no hubo día en el que no recibiera un mensaje con el balance de víctimas en su teléfono móvil. Se dormía con ese dato y a la mañana siguiente escrutaba el cuadro con el balance detallado. Cuando detectaba una desviación, llamaba al director general: “Navarro, tío, ¿qué ha pasado hoy?”. Por los pasillos de la sede central de la DGT en Madrid nunca antes se había visto tan a menudo a un ministro. Alguno de sus antecesores no estuvo nunca allí, pero él disfrutaba analizando con el equipo los problemas y las estrategias para solucionarlos.

Después del permiso por puntos vendría la reforma del Código Penal contra los temerarios, la extensión de la red de radares, la ampliación de la plantilla de guardias civiles, las insistentes campañas de concienciación y las ruedas de prensa, en las que nunca faltó el ministro con su cuidada oratoria y sus detalladas explicaciones que delataban aquella pasión docente que impregnaba todo lo que hacía.

Tanto Rubalcaba como Navarro sabían que una clave importante para evitar la tragedia de los accidentes consistía en mantener vivo el debate en la sociedad, en visibilizar la epidemia silenciosa, en escalonar las medidas. También en implicar a la sociedad civil en el empeño: las asociaciones de víctimas fueron recibidas por primera vez por un presidente del Gobierno en aquellos años -José Luis Rodríguez Zapatero-. Y por primera vez la seguridad vial llegó a un debate del estado de la nación, un hecho que no tenía precedentes.

El ministro colocó las muertes sobre el asfalto como una prioridad del Ejecutivo, como un reto de primer nivel, como una política de Estado: “La seguridad no es solo que no te pongan bombas, también es que la gente no se muera en la carretera”, aseguraba.

Se adhiere a los criterios de The Trust Project Más información >

Más información