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Miles de ciudadanos, junto a la clase política, despiden a Rubalcaba

Los Reyes, socialistas de todas las generaciones de la Transición, políticos de todos los partidos y sociedad civil honran al exvicepresidente en el Congreso

Don Juan Carlos, Pedro Sánchez y Felipe González, ayer en el Congreso. FOTO: Álvaro García | VÍDEO: ATLAS

Miles de personas despidieron este sábado a Alfredo Pérez Rubalcaba con el rango de hombre de Estado que sus adversarios y partidarios coincidieron en atribuirle durante sus décadas como servidor público en la arena política. Los reyes eméritos acudieron a la capilla ardiente instalada en el Congreso del exvicepresidente y ex secretario general del PSOE. Horas después del último adiós al histórico dirigente socialista, despedido entre vivas y aplausos por más de 10 minutos y considerado por todos una figura clave en los últimos años de la democracia española, el olor de multitud de rosas impregnaba el Parlamento

Como el viernes, miles de ciudadanos entraron este sábado en el Salón de los Pasos Perdidos del Congreso con flores en las manos y lagrimas en los ojos. Alrededor de 8.000 personas rindieron allí a Rubalcaba un homenaje al alcance de muy pocos. Las continuas muestras de respecto y de afecto que se vieron en la capilla ardiente fueron un anticipo de la impresionante despedida que millares de personas le dedicaron en la Carrera de San Jerónimo. Igual que en su llegada, un grupo de agentes uniformados transportó el féretro a hombros en su último adiós. Especialmente tierna resultó, unas horas antes, la imagen de un anciano al que los responsables de protocolo le pedían que avanzara en la capilla ardiente pero que, tras rogarles que le dejaran quedarse “un ratito más”, permaneció delante del ataúd durante unos minutos.

Con todo ese sentimiento transcurrió la jornada, salvo por el incidente que un hombre de mediana edad provocó al tirar unos papeles delante del féretro mientras pedía hablar con el director del CNI o el presidente del Gobierno. Pedro Sánchez actuó con rapidez y se lo llevó a una sala aparte. Detrás fueron la presidenta del Congreso, Ana Pastor, y el ministro del Interior Fernando Grande-Marlaska. El hombre fue expulsado y acompañado fuera del Parlamento por dos agentes.

Fuera de ese episodio, decenas de socialistas de la primera hornada hicieron piña con las sucesivas generaciones de dirigentes del partido para honrar a Rubalcaba. Todas las sensibilidades y corrientes del PSOE estaban representadas y las diferencias internas, algunas arrastradas de muy antiguo, se obviaron en la despedida del ministro que contribuyó decididamente al fin de ETA.

La esposa de Rubalcaba, Pilar Goya, en primera fila y desde primera hora con la familia más directa del exministro, recibió el abrazo de amigos y compañeros de su marido. También de los ciudadanos que desde las 9.00 de la mañana y hasta las 14.00 guardaron fila para mostrares sus respetos. Entretanto, en numerosas casas del pueblo del PSOE repartidas por España se guardaron unos minutos de silencio.

Sobre las 11.00, acudieron al Congreso el rey emérito Juan Carlos I y la reina Sofía. Abrazaron a la viuda y saludaron después a los miembros del Ejecutivo. La Infanta Elena llegó antes que sus padres. La Monarquía sabe todo lo que Rubalcaba hizo por la institución. Su agradecimiento es infinito por su contribución a que la abdicación de Juan Carlos I en su hijo Felipe VI fuera tranquila, al menos, sin problemas por parte del PSOE, siendo Rubalcaba secretario general cuando don Juan Carlos renunció al trono en 2014.

Los padres del actual Rey conocen perfectamente la historia de los intensos días que rodearon la abdicación de Juan Carlos I y la contribución de Rubalcaba. En esa tarea estuvo también en primera línea Felipe González. “Era el político con más capacidad e inteligencia de España”, valoró González. “Como diría Gabriel García Márquez, hemos mantenido una conversación que la muerte ha roto bruscamente. Lo echo de menos ya”, dijo emocionado.

Primer ministro portugués

António Costa, primer ministro de Portugal y uno de los grandes iconos de la socialdemocracia europea, se desplazó expresamente para rendir un último tributo a Rubalcaba. “En portugués tenemos una palabra para expresar el sentimiento cuando alguien nos deja: saudade [añoranza]. Lo que siento por Alfredo es mucha saudade, una gran gratitud y mi admiración. Ha servido a España pero sobre todo a los valores de la libertad y solidaridad”, afirmó antes de subrayar el “coraje” que demostró en la lucha contra ETA. Las rosas rojas y unos claveles que dejó sobre el féretro resumían el vacío que deja Rubalcaba tras fallecer por un ictus.

Una prueba más de que Rubalcaba trascendía al PSOE fue el pesar que por su ausencia compartían González y el otro expresidente socialista, José Luis Rodríguez Zapatero, distanciados por sus diferentes visiones sobre Venezuela. Aunque el grueso de los asistentes eran socialistas también se personaron políticos de otras fuerzas. Albert Rivera, líder de Ciudadanos, resaltó su “sentido de Estado”. David Bonvehí, Marta Pascal y Josep Lluís Cleries, del PDeCAT, acudieron a la capilla ardiente de Rubalcaba, obsesionado en los últimos años por la deriva secesionista en Cataluña. El portavoz del PNV, Aitor Esteban, fue de los primeros en pasar por la capilla ardiente, además del exjuez Baltasar Garzón. Sus compañeros del socialismo vasco rememoraban el dolor y las lágrimas de Rubalcaba tras cada atentado.

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