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Sánchez e Iglesias rebajan la tensión ante unas largas negociaciones

Tras más de dos horas de reunión, el líder de Unidas Podemos anuncia que Irene Montero y Adriana Lastra negociarán la conformación de la Mesa de Congreso

Pedro Sánchez durante la reunión en el Palacio de La Moncloa al líder de Unidas Podemos, Pablo Iglesias. En vídeo, comparecencia de Iglesias tras la reunión.

El Gobierno de España depende de la relación entre el PSOE y Unidas Podemos, que juntos tienen 165 diputados de los 176 necesarios. En los últimos días, ambos mantuvieron un pulso porque el PSOE apostaba por un Gobierno en solitario y Podemos por uno de coalición. Pero, tras dos horas largas de reunión, Pedro Sánchez y Pablo Iglesias pactaron rebajar esa tensión y darse un tiempo para una larga negociación. “Nos hemos puesto de acuerdo en que tenemos que ponernos de acuerdo”, resumió Iglesias, lacónico, esquivando todas las preguntas.

La tensión había llegado a tal nivel que los dos hombres clave para la gobernabilidad en España en los próximos tiempos decidieron resolverlo con una frase que recuerda a Groucho Marx. El propio Iglesias, en una extraña rueda de prensa que duró menos de cinco minutos, era consciente de que sonaba un poco absurdo, y esbozó una media sonrisa cuando lo repitió por segunda vez: “Es una demanda social que nos pongamos de acuerdo. Si en algo nos hemos puesto de acuerdo es en que vamos a trabajar para ponernos de acuerdo”.

Detrás de esta alambicada fórmula para no decir nada está un acuerdo de fondo para ganar tiempo. Fuentes del PSOE y de Unidas Podemos admitían estos días que la situación había ido demasiado lejos. La izquierda ha ganado las elecciones, no hay ningún Gobierno alternativo al de Sánchez con apoyo del grupo de Iglesias —el líder de Ciudadanos, Albert Rivera, se encargó de descartar cualquier otra opción tras su reunión con Sánchez en La Moncloa, por la mañana— y sin embargo, lejos de celebrarlo, ambos se habían enzarzado en una batalla cada vez más dura, sobre todo entre los colaboradores más directos, acerca de la forma de Gobierno para los próximos cuatro años.

El PSOE ha intentado convencer en privado a Unidas Podemos de que este no era el momento para mantener esa batalla en los medios. Pero el partido de Iglesias también veía que los socialistas insistían en público en el Gobierno en solitario. José Luis Ábalos, mano derecha de Sánchez, llegó a pedir a Iglesias que reflexionara sobre su resultado electoral, que en su opinión no le permite reclamar la entrada en el Ejecutivo porque ha perdido 28 escaños.

Con esa tensión creciente se llegó a la cita en La Moncloa, que Sánchez había dejado para el final, en un gesto para marcar distancia que no sentó nada bien en Unidas Podemos. Sin embargo, ambos líderes han entablado en los últimos meses una buena relación y sobre todo han tomado la decisión política de fondo de entenderse, algo que parecía muy difícil en 2016, cuando Podemos aún soñaba con el sorpasso. Tanto sus electores como la lógica política les empujan a ponerse de acuerdo. El pulso para determinar la forma de gobierno se mantiene, pero ahora se hará en los despachos, y no en los medios. Será una larga negociación, según explicó Iglesias, en la que se pactará con toda probabilidad un documento programático detallado —a la manera de las coaliciones en Alemania y Holanda— sobre la base del acuerdo que ambos alcanzaron para los Presupuestos de 2019, que finalmente decayeron por el bloqueo de los independentistas.

Pero antes vendrá una campaña electoral —la de las municipales, autonómicas y europeas— en la que el PSOE y Podemos siguen compitiendo por un electorado fronterizo. Tanto el Gobierno como la formación de Iglesias habían descartado en los últimos días que se pudiera alcanzar ningún acuerdo de Gobierno antes del 26 de mayo. Será el 27, con los resultados encima de la mesa y las posibles combinaciones de ejecutivos locales y autonómicos, cuando se retomen con fuerza las negociaciones.

Pero de momento se pacta algo clave: dejar de pelear. Al menos en público. Sánchez necesita a Iglesias para todas las decisiones de los próximos años. Sin él no hay prácticamente posibilidad de aprobar nada, porque Cs ya ha avanzado una oposición dura y el PP, en plena pelea por el liderazgo de la derecha, tampoco está dispuesto a ayudar a Sánchez.

El primer acuerdo que ambos tienen que lograr es el de la Mesa del Congreso. Sánchez e Iglesias pactaron que esta negociación la lleven sus portavoces parlamentarias, Adriana Lastra e Irene Montero. El PSOE y Podemos pueden controlar la Mesa con cinco miembros, elegir al presidente y dar a la oposición los otros cuatro. La sintonía que hubo sobre ese asunto es otra muestra de que ambos van hacia un acuerdo.

Tanto Iglesias como las fuentes de La Moncloa que comentaron la reunión —Sánchez decidió no comparecer al final de esta ronda— se esmeraron en destacar que la cita había ido bien. Otras fuentes consultadas del máximo nivel de ambos grupos insisten en que fue incluso mucho mejor de lo esperado, y aunque no se cerró nada, ni siquiera la presidencia del Congreso, quedó muy claro que hay una voluntad de fondo de ponerse de acuerdo en todo, aunque costará.

Se habló de cuestiones de fondo, que tendrán que estar en ese acuerdo programático, como la precariedad en el empleo, las pensiones, el medio ambiente o la situación internacional. También hubo coincidencia en que hay que abrir el acuerdo a otras formaciones: con el PSOE y Podemos solos no se logra la mayoría absoluta. Iglesias evitó referencias explícitas a Cataluña, uno de los asuntos en los que hay diferencias más claras entre Podemos, que defiende el referéndum pactado, y el PSOE, que lo rechaza de plano. “Estamos de acuerdo en que hay que hablar con todos los actores políticos y en la necesidad de que empiece una nueva época en España para que la expresión multipartidista de los ciudadanos tenga traducción en forma de diálogo y no de insulto”, dijo Iglesias en una escueta referencia indirecta al futuro de Cataluña.

La decisión clave, que debería mantenerse en las próximas semanas, es la de evitar hablar en público de la principal discrepancia, la de la entrada de ministros de Podemos en el Gobierno de Sánchez. Para Iglesias, esa sería la mejor manera de garantizar estabilidad y evitar que el PSOE cayera en manos de la derecha, que tiene 149 escaños. Los socialistas señalan que el Gobierno en solitario ha funcionado bien y quieren repetir la experiencia. Algunos sectores del PSOE recelan de ese acuerdo con Podemos porque creen que tiraría demasiado a su partido hacia la izquierda. Pero esta pelea se deja para más adelante. Después de las municipales llegará el momento definitivo. Ahora solo se sabe que habrá acuerdo: entonces se verá cuál.

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