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El 28-A dará paso a un Congreso renovado y muy fiel a sus líderes

Sánchez y Casado aceleran la retirada de muchos diputados veteranos o díscolos para adaptar sus filas a sus exigencias

Los líderes que pueden gobernar el país, en especial Pedro Sánchez (PSOE) y Pablo Casado (PP), han elaborado unas listas preparadas para conformar un nuevo Congreso a su medida, pensando más en fidelidades personales que políticas. De esta forma controlarán sus grupos parlamentarios. Los del PSOE y el PP se renovarán en más de un 70%, con pocos veteranos y más caras nuevas, ideadas para la disputa mediática y la nueva política, tan pendiente de las redes sociales.

El exministro de Hacienda, Cristobal Montoro. En vídeo, el PP de Casado solo mantiene 10 de los 52 cabezas de lista de Rajoy en las elecciones generales.

La nueva dirección popular habla de “renovación con unidad” para garantizar la supervivencia. La vieja guardia recurre a términos tales como “escabechina” y “depuración”. En todo caso, esto era algo que no ocurría en el PP desde el crítico congreso de Valencia de 2008, cuando José María Aznar ni saludó a Mariano Rajoy y Esperanza Aguirre estuvo a punto de montarle una candidatura alternativa. Casado ha pasado en nueve meses de hacer campaña por los barrios para ser aspirante a la alcaldía de la capital a sentenciar la carrera de Soraya Sáenz de Santamaría, sus partidarios y un buen tropel de exministros: Fátima Báñez, José Luis Ayllón, Cristóbal Montoro, los hermanos Álvaro y Alberto Nadal, José Manuel García Margallo, Jorge Fernández, Cristóbal Montoro, Juan Ignacio Zoido, Fernando Martínez Maillo.

La misma desolación que cunde entre las decenas de parlamentarios excluidos del PP se ha instalado en ciertos sectores del PSOE y hasta en los partidos independentistas. Los líderes de todas estas formaciones han prescindido de aquellos que no les respaldaron en sus procesos de elección por primarias.

Porque la elección de candidatos a diputado o senador por primarias solo es avalada si coincide con la voluntad del líder. Uno de los máximos responsables del PSOE, de confianza total de Sánchez, lo explica así de gráficamente ante los conflictos vividos esta semana con las federaciones de Andalucía y Aragón: “Si no hay acuerdo, la alternativa es que entremos con cirugía o con la sierra eléctrica”.

“El afán desmedido de lo nuevo, el filoneísmo, fue denunciado por los griegos. Decían que no se trata tanto de los nuevos como de los buenos”, apunta el socialista José María Barreda, el expresidente de Castilla-La Mancha “ilusionado” a sus 66 años por volver a la universidad a dar clase. En su partida pone en duda las primarias porque entiende que camuflan de democracia interna algo que, al final, se traduce “en que no prima la elección de especialistas y expertos para el bien de la sociedad sino en que los aparatos puedan ejercer el control”.

La “modernidad líquida” no consulta a los veteranos

J. C./A.D., Madrid

Celia Villalobos, 69 años y 33 en el Congreso, también ha sido forzada a jubilarse. En su marcha ha sido crítica con “Twitter y la política líquida”, en alusión a las tesis del sociólogo Zygmunt Bauman, que denuncia una "modernidad líquida”, ese mundo actual fluido, flexible e impredecible. Volcada ya en el tertulianismo de plató, su otra gran pasión, observa que de los ataques duros y con respeto de su época se ha pasado al “insulto más frívolo y trivial”. Aboga por el cuidado de las formas en democracia, en las Cortes y en los medios, pero no es nostálgica: “Todo se aprende en la vida y la edad no tiene que ver con la capacidad de ser buen parlamentario, lo que a mí más me preocupa es la fragmentación y radicalización del independentismo y la vulgarización de los problemas”.

Así lo corrobora el exministro de Exteriores, José Manuel García Margallo, de 74 años, 17 en el Parlamento Europeo, que le parece más divertido: “En las Cortes no se discute de nada ni aportas nada, los diputados rasos hacen y votan lo que diga la dirección de su grupo, la política nacional ha perdido interés y atractivo porque el nivel se ha empobrecido extraordinariamente”. Margallo constata que los debates no son relevantes o en profundidad porque “Twitter ha matado la política”.

Mariano Rajoy rescató a Margallo como diputado por Alicante hace siete años para la política nacional y él se considera un experto en Europa, el Brexit y Venezuela, por poner algunos ejemplos. Pero también comprueba que la nueva dirección de su partido, como sucede en las de los demás, no valora esos conocimientos. Asegura que cuando se cruza con antiguos dirigentes socialistas de su quinta piensan lo mismo: “Lamentamos mucho que hay mucha materia prima desaprovechada y que no se nos consulta ni sobre lo que sabemos”.

Teófilo de Luis, un histórico diputado popular del Congreso desde 1995 que no repite, se muestra preocupado por la pérdida de conocimiento: “No hay un manual de cómo ser diputado y aquí ocurren muchas cosas que tienen precedentes, como ha pasado ahora en parte con Cataluña sobre lo que sucedió con el plan Ibarretxe o con la crisis económica”. Y añade: “A mí me da más seguridad si veo en mi grupo —como en las empresas privadas— a los mejores, una cabeza jurídica como Arturo García Tizón, o a un economista como Cristóbal Montoro, porque hay que estar preparados para todo, en la oposición o en el Gobierno”.

García Tizón, abogado del Estado, 73 años, 17 en las Cortes y partidario de Santamaría en el PP, se marcha defraudado por la vida política actual y por el rumbo hacia la derecha de su partido: “En la Transición, los partidos principales intentábamos confluir hacia el centro. Pero ahora, con la nueva política, se ha provocado una reacción en sentido contrario: el PSOE se ha radicalizado hacia Podemos y el PP, por culpa de la escisión de Vox, hacia la extrema derecha. Son los líderes los que tendrían que embridar esas tendencias”.

Organizaciones juveniles

García Tizón también es crítico sobre cómo se nutren ahora los partidos: “El evidente rejuvenecimiento de la política está produciendo que llegue más gente de las distintas organizaciones juveniles de los partidos que profesionales asentados procedentes de carreras liberales. Y eso conduce a la radicalización”.

Este domingo el comité federal del PSOE cerrará su proceso de listas y ahí se apreciará la magnitud de “la purga” final, según expresión de varios de los consultados. Estos esperan caerse de las candidaturas y piden anonimato para expresar sus posiciones. Pero con lo que se sabe ya de estas listas, sí se puede asegurar que nadie que apoyara en su momento a Susana Díaz (que logró un 39,9% de los votos en las primarias) tendrá posibilidades de estar en las candidaturas al Congreso o al Parlamento Europeo. La anhelada integración de los perdedores no se ha producido en el PSOE y han quedado fuera reputados parlamentarios como José Enrique Serrano, Antonio Hernando, José Andrés Torres Mora, Juan Carlos Campo, Antonio Gutiérrez Limones, Soraya Rodríguez o Micaela Navarro. Esta última seguramente tendrá puesto en el Senado, una salida muy cotizada. También se ha roto la regla no escrita de “respeto” a quienes han sido vice secretarios generales del PSOE y secretarios de Organización. Así lo muestran las muchas dificultades que parece encontrar José Blanco o la imposibilidad de Elena Valenciano para volver a Europa. Blanco fue impulsor de la primera candidatura de Sánchez pero en la segunda se pasó a Díaz y ahora había emprendido una fase de acercamiento que no le ha bastado. No hay aún certeza de que César Luena pueda repetir y se va también Ciprià Císcar. Ante esa realidad, los afectados se lo toman con resignación o comprensión disciplinada.

Uno de los diputados con fama de duro en el PP, Rafael Hernando, con nueve legislaturas en el Congreso, ha pedido esta vez “el traslado de expediente” al Parlamento Europeo. Entiende que en la política nacional tocó techo. Cree en la renovación “con buenas formas”. “Con el cambio de liderazgo es normal que haya renovación. Habrá menos escaños, hay veteranos que lo han sido todo pero ¡Qué pintan en las Cortes para ir a votar cuando hay gente pidiendo paso desde hace varias legislaturas!”.

Cristóbal Montoro, de 68 años y presente en las Cortes desde 1993, está también de retirada tras 15 trienios cotizados. Siempre le habían ido a buscar para incluirlo como fuera en las listas. Esta vez no ha sido así. Esperó una llamada hasta el último minuto y manifestó, como su colega Jesús Posada, que le gustaría seguir si se lo pedían, aunque asumía como razonable que no fuera así. La fragmentación y el estilo de la nueva política les ha pasado factura. Les gustaría que sus relevos tuvieran más en cuenta su experiencia y conocimientos pero comprueban que no es así. Posada, 73 años y expresidente de las Cortes en las que ha estado desde 1993, asume que “los tiempos nuevos requieren personal nuevo” pero defiende el legado de su generación: “En los últimos 40 años ha habido un tipo de política que ha funcionado bien. Pero eso ha cambiado, por eso cambian las personas”.

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