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La casa familiar de Calderón de la Barca, usada como cuadra para el ganado

La Asociación Hispania Nostra incluye el conjunto medieval situado en Cantabria en la lista roja del patrimonio

Arriba la izquierda, la casa familiar de Calderón de la Barca en una imagen de la época. El resto de las imágenes son del estado actual de la vivienda.
Arriba la izquierda, la casa familiar de Calderón de la Barca en una imagen de la época. El resto de las imágenes son del estado actual de la vivienda.

Los orígenes de Pedro Calderón de la Barca están en Viveda, una de las 10 localidades que conforman Santillana del Mar (Cantabria). Los antepasados del dramaturgo, figura clave del Siglo de Oro español, eran conocidos como los Calderón de Oreña, el lugar de donde eran oriundos. Mudaron el apellido al llegar a Viveda, donde se dedicaron a trasladar personas y ganado con una barca a través de los ríos Saja y Besaya. La familia vivía en un palacete construido en el siglo XIV que incluía una torre fortificada desde la que vigilaban los márgenes fluviales. La Asociación Hispania Nostra denuncia que el conjunto se encuentra ahora en ruinas y lo ha incluido en la lista roja de patrimonio, una iniciativa que busca proteger los monumentos más importantes de España.

La torre medieval de los Calderón de la Barca es el edificio civil más antiguo de Cantabria. En la crónica de Atanasio Ayala (1627) se lee que en el siglo XII el comendador Mayor Sancho Ortiz fundó en ella la casa de la Estrella, luego De la Barca. También aparece en el expediente Calatrava, de 1695. El torreón, robusto y almenado, mide más de 10 metros de altura y está cubierto por un tejado a cuatro aguas. Fue reforzado años después de su construcción con un contrafuerte para evitar desmoronamientos. En su época de esplendor se encontraba rodeado de robles, limoneros y un huerto que satisfacía las necesidades de la casa, a tres kilómetros de los ríos que separan las orillas de Viveda y Torrelavega, donde hoy emergen lujosas urbanizaciones.

El conjunto, en manos privadas, fue declarado monumento histórico-artístico en 1982 y Bien de Interés Local (BIL) en 2002. Sin embargo, ninguna de estas protecciones incluye ayuda alguna para su conservación. “Venimos denunciando su dejación desde hace años. Hoy es una cuadra para el ganado. Está en un estado lamentable. Se ha ido deteriorando por el tiempo y la desidia”, se queja Aurelio González Riancho, un médico apasionado por la historia, que ejerce como delegado de Hispania Nostra en Cantabria. Su organización incluyó el inmueble en la Lista Roja del Patrimonio en octubre, lo que aumentó a 32 los monumentos en riesgo de desaparición o destrucción en la región. Su objetivo es lograr la restauración de todos los elementos patrimoniales.

“Puede ser que sus propietarios no puedan hacer frente a la rehabilitación, pero las instituciones están para algo”, insiste González Riancho. El activista afirma que su asociación ha instado al Ayuntamiento y al Gobierno regional a llevarlos a cabo, pero que “no tienen ningún interés”. Una portavoz del Ejecutivo cántabro explica que los presupuestos regionales incluirán este año, por primera vez, una partida de 250.000 euros para que los propietarios puedan hacer frente a dichos trabajos. El primer teniente de alcalde de Santillana, el socialista Ángel Rodríguez, sostiene que el Consistorio no posee competencias sobre el conjunto. “No se encuentra en ruinas. En caso de que lo estuviera, podríamos expropiarlo”, certifica. Rodríguez reconoce que los dueños pensaron en convertirlo en un hotel, pero que la idea no fructificó.

González Riancho cree necesaria su conservación por cuestiones patrimoniales y arquitectónicas, pero también económicas. Su rehabilitación sería un filón para el turismo, aunque Santillana del Mar ya recibe cada año miles de visitas, sobre todo desde que en 2013 fue incluida en la red de los pueblos más bonitos de España. Pero si existe una razón por la que debe ser rehabilitado el conjunto, esa es la histórica. “Calderón es el Shakespeare de España. En Inglaterra han musealizado su colegio y hasta la tasca donde bebía vino, algo que aquí es impensable”.

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