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Los comicios andaluces, primer test para un año electoral

Los partidos miden sus expectativas en unas elecciones que serán evaluadas también en clave nacional

Las elecciones andaluzas de este domingo tendrán gran trascendencia en el panorama nacional, en vísperas de un año que se anuncia repleto de citas con las urnas. Las repercusiones del resultado andaluz se prevén mayores para los partidos de la oposición al Gobierno de Pedro Sánchez. El centroderecha libra allí una batalla por quién liderará ese espacio político en España. El PP y su nuevo líder, Pablo Casado, se juegan el dominio que los populares han ejercido sobre ese espacio político en las tres últimas décadas, amenazado ahora por Ciudadanos e incluso por la posible aparición de un nuevo actor, el extremista Vox

Susana Díaz vota junto a su familia en un colegio electoral en Sevilla.

No todos los partidos han jugado en Andalucía la baza nacional, o al menos no con la misma intensidad. En el lado derecho del espectro político, PP y Ciudadanos convirtieron la campaña en un asunto propio de unas elecciones generales, mientras que en la izquierda, tanto el PSOE como Adelante Andalucía —la alianza entre Podemos e Izquierda Unida— han jugado a envolverse en el verde y blanco de la bandera andaluza. La competencia entre la candidata socialista, la actual presidenta, Susana Díaz, y su rival por la izquierda, Teresa Rodríguez, se ha librado sin apenas interferencias de sus líderes nacionales, Pedro Sánchez y Pablo Iglesias.

Lo hayan querido o no los candidatos del PP, Juan Manuel Moreno Bonilla, y de Ciudadanos, Juan Marín, sus líderes nacionales han hecho una intensísima campaña en Andalucía. El nuevo presidente del PP, Pablo Casado, no se ha movido de esa comunidad autónoma, pese a los malos augurios de las encuestas y al hecho de que una implicación personal tan a fondo le hará partícipe en mayor medida del resultado. Aunque algo menos, el presidente de Ciudadanos, Albert Rivera, ha estado muy presente, así como la presidenta del partido en Cataluña, Inés Arrimadas, andaluza de origen. Para la formación de Rivera es la gran ocasión de arrebatar al PP la condición de primera alternativa al Gobierno socialista. Y tanto él como Casado han competido por ver quién era más incisivo en las críticas a Pedro Sánchez.

La política de inmigración o los pactos de Sánchez con los independentistas y Unidos Podemos han sido algunos de los asuntos más esgrimidos por Casado y Rivera en sus actos, en la misma línea que siguen en el Parlamento nacional: Andalucía como una prolongación de las sesiones de control al Gobierno en el Congreso. Esta ha sido la decisión estratégica de los líderes de esos dos partidos en la creencia de que en estas elecciones se dirime quién ostenta la preeminencia de la derecha, que el PP ha ejercido de modo indiscutible en España desde mediados de los ochenta.

La situación a ambos se les ha complicado ante la aparición de Vox, la formación de extrema derecha, cuyo resultado no solo preocupa a los más afectados, Casado y Rivera, sino también a la izquierda. En este caso, la traducción nacional sería directa, ya que, de cumplirse lo que anuncian las encuestas —algunas le vaticinan hasta cinco escaños— Andalucía se convertiría en la puerta de entrada del partido extremista en las instituciones democráticas, con la vista puesta en las elecciones municipales y autonómicas de mayo e incluso, si se diese el caso, de las generales.

No hay esa traslación nacional en los casos del PSOE y Unidos Podemos. Siempre que el PSOE vuelva a ganar en la única comunidad autónoma que no ha conocido la alternancia en 36 años, y lo haga a una distancia considerable del segundo partido, los planes de Sánchez se mantendrán inalterables. Esta es la tesis que trasladan fuentes gubernamentales, que aseguran incluso que el resultado de hoy no tendrá vinculación con la fecha de las elecciones generales. “Influirá más lo que ocurra con los restos de Franco y la subida del salario mínimo que la pérdida de 10 escaños en Andalucía”, señalan fuentes socialistas cercanas al presidente. “Se examina la derecha, no la izquierda”, proclaman esas fuentes. Esta distancia que ponen el Gobierno y el PSOE con el resultado andaluz no es menor que el establecido por los candidatos de Adelante Andalucía en relación con Unidos Podemos. La autonomía de Teresa Rodríguez está fuera de toda duda y control. La política nacional sí afectará, sin embargo, en sentido inverso, en los pactos que con toda probabilidad serán necesarios para formar gobierno.

La incógnita de los pactos

El PSOE ganará, según todas las encuestas, pero muy lejos de tener una mayoría para gobernar. La preferencia de los socialistas andaluces se dirige a una repetición del acuerdo que han mantenido con Ciudadanos los últimos cuatro años. Nadie apuesta, sin embargo, a que Rivera vaya a autorizar que sus parlamentarios en Andalucía propicien la investidura de la actual presidenta. A menos de seis meses de las elecciones de mayo, no resulta verosímil que Rivera vaya a comprometerse con los socialistas cuando su crecimiento viene sustancialmente desde la derecha.

La opción con más probabilidades sería que Adelante Andalucía permitiese la investidura de Díaz. Durante la campaña, la dirigente socialista apenas se ha referido a su rival por la izquierda para no alejar a posibles votantes de IU decepcionados por haber quedado su formación diluida en la confluencia con Podemos.

Los socialistas han llegado al final de la campaña confiados en lograr una diferencia holgada con respecto al segundo. Su victoria sería así incontestable, y, si como también apuntan las encuestas, el centroderecha no suma, ni siquiera con Vox, al PSOE se le antoja difícil, según dirigentes del partido, que se produzca una situación de bloqueo en el futuro Parlamento cuando no hay otra opción de Gobierno salvo la suya. Desde la perspectiva de Sánchez, según fuentes cercanas, no preocupa el resultado andaluz siempre y cuando la pérdida de votos resulte ligera y el resultado de Vox no sea significativo. Ninguna de las dos condiciones está garantizada.

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