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Melilla desafía a Interior e instalará más concertinas en el puerto

El presidente de la Autoridad Portuaria, el popular Miguel Marín, ha anunciado que se blindarán las zonas de embarque y preembarque en los muelles

Un joven salta la valla del puerto de Melilla en 2017.
Un joven salta la valla del puerto de Melilla en 2017. AFP

La Autoridad Portuaria de Melilla instalará más concertinas en el puerto de la ciudad autónoma, pese a la expresa intención del ministerio de Interior de deshacerse de este tipo de alambrada en las vallas que separan Ceuta y Melilla de Marruecos. La nueva obra blindará por completo el perímetro portuario, según ha descrito el presidente del ente, el popular Miguel Marín, con la intención de evitar el acceso de posibles polizones a los barcos que salen hacia la Península.

Según Marín, nombrado por el Gobierno local del PP en 2015, la decisión no debería ser polémica. “Si el Gobierno (central) nos ofrece un medio igual o más eficaz, estaríamos encantados de retirar (las concertinas)”, ha prometido en referencia al compromiso del Ejecutivo de Pedro Sánchez de buscar métodos menos lesivos para el blindaje fronterizo. Aunque de competencia estatal, desde 1997, la gestión de los Puertos del Estado corresponde a las autonomías, encargadas de nombrar a la junta de gobierno de cada puerto.

En febrero de 2018, el ente portuario anunció la construcción del nuevo vallado, que incluiría alambre de espino y concertinas en determinados puntos clave para dificultar el acceso a la zona restringida, donde se encuentran los contenedores y camiones antes de embarcar. El Paseo del Espaldón, que separa el puerto comercial de la ciudad vieja, se cerró por completo y ahora luce un doble vallado de hasta cuatro metros con el que se ha aumentado la distancia al suelo y dificultar que los migrantes se descuelguen desde la escollera para acceder a la zona restringida de contenedores. El nuevo cerco se instalará a lo largo de la zona de embarque y pre embarque de los dos muelles donde atracan los barcos de pasajeros y mercancías.

“Después de 20 años de concertinas en la valla, tenemos la experiencia de que no valen para nada”, protesta José Palazón, activista y fundador de PRODEIN en Melilla, “los chavales saltan olímpicamente las concertinas; lo único que hacen es daño”. El risky (de arriesgado, en inglés) es un método habitual utilizado por migrantes para introducirse en el puerto con el objetivo de embarcar a escondidas en los buques que parten hacia la Península. Marroquíes y subsaharianos, algunos de ellos menores, que entran en Melilla por la frontera o saltando la valla se cuelan habitualmente en los bajos de camiones y contenedores de mercancías para escapar de los 12 kilómetros cuadrados de la ciudad y moverse con libertad por territorio continental, también hacia otros países de Europa.

Según Marín, las medidas tomadas sí han surtido efecto. Entre mayo y septiembre, se han reducido en un 37,5% las intrusiones con respecto al mismo periodo del año anterior en el tramo ya construido, de acuerdo a los datos aportados por el presidente de la Autoridad Portuaria. En 2017 se detectaron 7.986 polizones frente a los 4.989 de 2018. “Una vez concluida la obra (anunciada en febrero), preveíamos que la presión en esa zona iba a desaparecer y a trasladarse a otras”, explica, “ahora vamos a sellarlo”. Solo en la primera quincena de octubre, dice, el 85% de las entradas se han registrado en las zonas que aún no se han reforzado. La nueva obra se ha adjudicado por 84.640 euros, que se suman a los más de 467.000 euros de la primera instalación.

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