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Puro teatro

El calendario de otoño está lleno de festejos y aniversarios para los que Torra convoca a los suyos. Su intervención en un escenario en Barcelona ofreció grandes dosis de lirismo y de épica

Quim Torra, durante su conferencia en Barcelona. En vídeo, Lluís Bassets analiza las claves del discurso del 'president' catalán.

Torra en el escenario. Más cerca de la declamación, incluso del recitado lírico, que del discurso político. Ávido de citas y guiños históricos y literarios. Chorros de lirismo. Generosas raciones de épica. Palabras sentidas y llenas de sentimiento. Exagerado como demandan los escenarios, con el peligro del exceso y de la impostación. Grandes anuncios de enormes ideas, profundas y solemnes, que demandan mayúsculas: la Causa General contra el Independentismo, la Marcha por los Derechos Cívicos, el Foro Cívico y Social Constituyente, y el viejo conocido largamente anunciado y siempre pospuesto del Consejo de la República.

Es el Día de la Marmota de nuevo, pero en la versión letraherida del tercer presidente insurrecto desde 2012. Cada uno de ellos ha querido dialogar. Cada uno de ellos ha lanzado su órdago. Cada uno de ellos ha terminado rompiendo la vajilla. Ahora es el turno de Torra y lo está haciendo también a su manera, Torra’s way, letraherido y obvio como pocos, salido directamente del Diccionario de lugares comunes del independentismo en la versión del verbalismo más radical, que convierte a Cataluña en una colonia de la España autoritaria y a quienes no están por la labor secesionista en colonos y colaboradores con el invasor.

Torra ha marcado una diferencia respecto a Mas y Puigdemont, encaramado en la cima de sus amplificaciones retóricas, no ha proferido ninguna amenaza ni ha impuesto ningún plazo. Dice que lo ha hecho en homenaje precisamente a la Marmota, para no repetir el cuento de la hoja de ruta. Su única visión tenebrosa es una sentencia condenatoria en el juicio sobre la secesión. No nos dijo que hará entonces, al margen de rechazarla de nuevo verbalmente y de convocar a los parlamentarios catalanes, los de la Ciutadella, los de Congreso y Senado y también los de Bruselas para consultarles el caso: la asamblea de parlamentarios independentistas asoma la oreja para después de las sentencias. Con la eventualidad de un desacato, es decir, poner a los presos en libertad, unas elecciones anticipadas o nuevamente más discursos.

Cae todavía lejos. Antes está el calendario de otoño, lleno de festejos y aniversarios, para los que Torra convoca a los suyos y por reacción a los otros. El teatro, por más teatro que sea, cuando es un teatro tan encendido puede encender también las calles. A eso juega al menos una parte notable de la platea que le aplaudió sus incendios verbales. Antes está también el juicio, la "Causa General" le llama, la petición fiscal, la vista, las sentencias, zanjado todo por Torra y los suyos como un juicio injusto y una inocencia que no hace falta demostrar porque resulta que se les imputa por votar y no por pretender liquidar la vigencia de la Constitución en Cataluña.

Pero a la vez, junto a la soflama y la mentira, ahí está el guiño a Pedro Sánchez. Ha entendido que se trata de política y que se resuelve con la democracia. Ahí es donde el presidente insurrecto pone pie en pared rápidamente, no fuera caso que no pudiera terminar su personal ciclo de la Marmota: dialogar sobre todo, pero con un solo objetivo, un referéndum de autodeterminación. ¿Otro?

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