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De carnicero a yihadista por 30 euros

Said Ben Iazza, encarcelado por los atentados de Barcelona, prestó su coche y documentación a la célula de Ripoll a cambio de 15 euros en metálico y 15 en gasoil

atentados barcelona
Guardias civiles introducen a Said Ben Iazza en un vehículo tras su detención en Vinaròs (Castellón) el 22 de septiembre del año pasado.

Said Ben Iazza estaba en Vinaròs (Castellón) cuando se perpetraron los atentados de Barcelona y Cambrils del 17 y 18 de agosto del año pasado. La Guardia Civil le llamó a declarar como testigo una semana más tarde. Su relación con dos de los integrantes de la célula yihadista que los había cometido, Younes Abouyaaqoub –autor material de los atropellos de La Rambla- y Mohamed Hichamy –abatido en Cambrils-, había despertado el interés de los investigadores por este marroquí que entonces tenía 24 años y que les aseguró haber llegado ocho años antes a España escondido en los bajos de un camión procedente de Tánger. Aquel día, Said admitió que conocía a ambos de la carnicería que su tío tenía en la localidad castellonense y en la que él trabajaba, ya que los terroristas acudían allí a comprar un par de veces al mes. También reconoció que, en cierta ocasión, Younes le había pedido que le dejara su documentación y la furgoneta Ford Transit que utilizaba para repartir carne porque querían adquirir productos de limpieza en un almacén para luego revenderlos. A cambio del préstamo, había recibido 15 euros en metálico y el compromiso de que el yihadista rellenaría el depósito del vehículo con gasoil con otros 15 euros. Sobre los planes para atentar insistió no saber nada.

Menos de un mes después de aquel interrogatorio, el 22 de septiembre, agentes del Instituto armado acudieron a su domicilio en la localidad castellonense y lo detuvieron. En el informe que la Guardia Civil entregó al juez de la Audiencia Nacional Fernando Andreu tras el arresto, se asegura que los terroristas habían contado con la ayuda de otras personas para hacerse con los elementos necesarios para elaborar el explosivo que iban a utilizar en los atentados y que finalmente estalló en el chalé de Alcanar (Tarragona) accidentalmente. Uno de esos presuntos colaboradores era, en opinión de los investigadores, Said, al que se señalaba como “cooperador necesario” de la célula encabezada por el imán Abdelbaki Es Satty. El documento policial tilda el papel del joven carnicero de “vital importancia” para los planes de los yihadistas ya que sirvió de “pantalla” para que los terroristas se hicieran con 340 litros de peróxido de hidrógeno, uno de los ingredientes básicos del explosivo que preparaban. Said, que permanece recluido en el Centro Penitenciario de Sevilla II, en Morón de la Frontera, siempre ha negado conocer qué preparaban los yihadistas.

La Guardia Civil no cree su testimonio. El documento policial que detalla la investigación sobre él confirma que Younes pidió al joven carnicero de Vinaròs la furgoneta y la documentación, pero no cuando afirma el hoy encarcelado. Este aseguró que fue un 3 de agosto, fecha en la que no consta que los yihadistas adquirieran ningún material. La investigación revela que fue semanas antes, el 12 de julio. Los agentes destacan que Said, que reconoció en su declaración que nunca antes había dejado el vehículo a nadie, lo cedió a cambio de los 30 euros. Ese mismo día de julio, otros dos miembros de la célula, Youssef Aalla y Mohamed Hichamy –el primero, muerto en Alcanar y el segundo, abatido en Cambrils-, acudieron a la empresa Industrial Sabonera, situada en Tortosa (Tarragona), a adquirir 100 litros de peróxido. Los yihadistas mostraron la documentación de Said para que la factura figurase a su nombre y se llevaron el material en garrafas que cargaron en la furgoneta prestada. La investigación también ha revelado que ese día Hichamy pagó con una tarjeta 15 euros de gasoil, como se habían comprometido con el carnicero.

La Guardia Civil considera que la adquisición de esos 100 litros fue el primer paso del grupo para pasar "de la ‘fase de planificación’ a la ‘fase de acción', poniendo en funcionamiento todas las tareas necesarias para conseguir el objetivo de cometer acciones terroristas en suelo español”. Solo quince días después, Aalla e Hichamy repitieron la operación utilizando de nuevo la documentación de Said. En esta ocasión, compraron 240 litros de peróxido. Los terroristas acudirían en los días siguientes en otras cinco ocasiones a establecimientos de las provincias de Castellón y Barcelona a adquirir 500 litros de acetona, el otro ingrediente necesario para elaborar la ‘madre de Satán’, aunque ya no utilizaron la documentación del carnicero de Vinaròs. La Guardia Civil estima que los terroristas podían haber elaborado con todo ello entre 80 y 120 kilos de explosivo.

Los intentos del joven marroquí por demarcarse en sus declaraciones de la célula no han convencido a la Guardia Civil. El informe policial concluye que Said “obvia de manera voluntaria y consciente datos de interés” para evitar “su implicación en las actividades de apoyo y colaboración” con los terroristas. Así, detalla que el móvil que utilizaba revela que en los meses y semanas anteriores a los atentados estuvo tres veces en las cercanías de la casa de Alcanar, situada a tan solo 15 kilómetros de Vinaròs y donde la célula elaboró el explosivo. Y ello pese a que, como desveló el terminal telefónico, prácticamente nunca salía de la provincia de Castellón. En dos de esas visitas, las de los días 1 y 13 de agosto, los terroristas estaban en plena fabricación de los artefactos. Además, lo hizo en franjas horarias en la que también estaban en la zona varios de los yihadistas.

Por ello, los investigadores consideran a Said Ben Iazza como “una persona de confianza” de los yihadistas. En este sentido, recalcan que este nunca hubiera cedido su documentación y el vehículo si no hubiera “recibido instrucciones para acceder a ello”, y sugieren un encuentro con el imán Es Satty en Vinaròs en la madrugada del día del préstamo. La Guardia Civil concluye su informe asegurando que Said colaboró “de forma directa en las actividades necesarias para la adquisición de precursores para la fabricación de explosivos” y que, por ello, “los posibles objetivos terroristas” de la célula yihadista “se vieron beneficiados y reforzados”. Casi un año después de su detención, el juez Andreu lo mantiene en prisión acusado de colaboración con grupo terrorista.

Dos consultas en Internet bajo sospecha

La Guardia Civil intervino a Said durante su detención un teléfono móvil que fue analizado inmediatamente en busca de nuevos indicios sobre su presunta implicación en los atentados de Barcelona y Cambrils. En su informe, los agentes aseguran que esas primeras pesquisas sobre el terminal permitieron descubrir que el joven marroquí había realizado tras los atentados dos consultas a páginas web que los agentes consideran de “importancia”. Una la realizó el 26 de agosto –cuatro días después de su declaración como testigo- a la página web de venta de billetes de una compañía marroquí de autobuses. Aunque el informe no detalla por qué consideran sospechosa dicha consulta, se sugiere un supuesto plan para abandonar España.

La otra consulta es del 18 de agosto, solo un día después de los atentados. Ese día consultó la noticia de EL PAÍS en la que se mostraban “las últimas imágenes de los terroristas antes del atentado de Cambrils”. Los agentes destacan que en los ocho días que transcurrieron entre esta y la anterior, Said no consultó ninguna otra página en Internet. La Guardia Civil –que anuncia al juez que entregará un informe más amplio tras clonar todos los equipos informáticos que le intervinieron- también destaca que Said tenía instalada en su móvil varias aplicaciones para obtener de manera irregular claves de redes WiFi y una denominada ‘Psiphon’, utilizada por “residentes en países sometidos a censura [para] superar los filtros de contenido”.

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