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Grande-Marlaska aborda en Argel la inmigración y el terrorismo yihadista

El ministro del Interior afianza las relaciones con los países del norte de África para controlar los flujos migratorios

El ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, con su homólogo argelino, Noureddine Bedoui.
El ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, con su homólogo argelino, Noureddine Bedoui.

A Fernando Grande-Marlaska sus más cercanos colaboradores se lo han dejado claro: el asunto de la inmigración está aquí para quedarse, no hay más opción que tratar de controlarlo. Y, para ello, se hace indispensable la colaboración de los países de origen más directos: Marruecos y Argelia. Hacia allí, previo paso por París, donde vive la mayor parte del año Mohamed VI, el rey de Marruecos, ha dirigido sus primeros pasos el ministro. Primero acompañado del titular de Exteriores, Josep Borrell, al reino alauí. Y en esta ocasión, y con la incesante llegada de pateras a las costas gaditanas, acude en otro viaje relámpago a Argel, capital de Argelia, junto con los más altos responsables de Extranjería de la Policía y la Guardia Civil con el fin de afianzar las relaciones.

La antigua enemistad entre los dos países norteafricanos obliga a España a realizar equilibrios diplomáticos para que todos los esfuerzos vayan en el mismo sentido: un mayor control de los flujos de personas desde esas costas del norte de África hacia las españolas del Sur. 

La principal contrapartida en el caso de Marruecos siempre ha sido que España se presente como su socio ante la Unión Europea y defienda sus intereses allí, al igual que el intercambio de información en materia de terrorismo islamista. En el caso de Argelia, que mantiene un férreo control sobre sus costas y que también admite las devoluciones de sus ciudadanos, España ofrece —aparte del intercambio fluido de información yihadista— formación en ámbitos interesantes para ese país, como los relativos al control de fronteras marítimas y aéreas; el mejor control del funcionamiento del sistema del tráfico rodado o sobre cómo afrontar emergencias, o las crisis humanitarias y catástrofes naturales.  

La última visita de un ministro del Interior español a Argelia fue el pasado 14 de mayo. Acudía Juan Ignacio Zoido urgido por el auge de la ruta de las pateras entre el país norteafricano y la costa levantina española. La llegada masiva de pateras del mes de noviembre (más de 500 inmigrantes en pocos días) que llevó al Gobierno a estrenar la cárcel de Archidona (Málaga) como Centro de Internamiento de Extranjeros (CIE) provisional, puso de relieve el desplazamiento de los flujos migratorios tras el cierre de la vía italiana hacia Europa. La visita sirvió entonces para poner en marcha un Equipo Conjunto de Investigación (ECI) en materia de inmigración y terrorismo yihadista, que terminará de definir y cerrar ahora el nuevo ministro, Fernando Grande-Marlaska con su homólogo argelino, Noureddine Bedoui. Desde entonces las costas argelinas están selladas.

Grande-Marlaska ha trasladado en este sentido a Bedoui la preocupación de España por “la amenaza terrorista procedente tanto de la región del Sahel y de Libia como de otras zonas de conflicto desde las que regresan combatientes extranjeros, principalmente de Siria e Irak”.

Este tercer viaje, después de Francia y Marruecos y desde que el pasado 7 de junio tomó posesión, es una muestra más de las prioridades del Ministerio, que Grande-Marlaska desgranará este miércoles en la Comisión de Interior del Congreso de los Diputados.

Como socios estratégicos en la región, España y Argelia celebran periódicamente cumbres bilaterales entre los dos Gobiernos, denominadas formalmente Reuniones de Alto Nivel (RAN).