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El poder creativo de la corrupción

Las pantallas y teatros españoles acortan la distancia con la actualidad y reflejan, de la mano de una joven generación de creadores, las tramas ilegales que anegan la política

Corrupción
Pedro Casablanc en una escena de 'B, la película'.

En el plano de las artes escénicas y audiovisuales, las lealtades y traiciones, las mentiras y escarnios, el poder y la política han sustentado en todas las épocas intensas tramas teatrales, cinematográficas y televisivas. La fuerza dramática del dinero está fuera de duda, y el que procede del erario público no es una excepción. Ahora la alegoría y la metáfora dejan paso en producciones españolas recientes a alusiones más directas, y el “basado en hechos reales” resulta una advertencia casi prescindible de puro evidente.

En España, según datos del Consejo del Poder Judicial, entre julio de 2015 y septiembre de 2016 los tribunales procesaron o abrieron juicio oral por delitos de corrupción a 1.378 responsables públicos en 166 casos. Y esos casos que a diario y durante años llevan inundando informativos y titulares empiezan a traspasar la realidad y a calar en la ficción escénica y cinematográfica.

La obra teatral ‘Ruz-Bárcenas’ reprodujo un interrogatorio en la Audiencia Nacional

Apenas seis meses después de que fuese filtrado a la prensa el segundo interrogatorio a puerta cerrada del juez Ruz al extesorero del Partido Popular Luis Bárcenas, el actor Pedro Casablanc recibió un proyecto de Alberto San Juan para llevarlo a escena. El texto de Jordi Casanovas no añadió ninguna información que no estuviese en la transcripción, solo se modificaron y recortaron algunos fragmentos: los nombres y las palabras eran los mismos que se pronunciaron el 15 de julio de 2013 en la Audiencia Nacional.

La obra Ruz-Bárcenas estuvo dos años en cartel. El éxito de la modesta producción desembocó en el filme B, la película —también en un curioso encuentro del actor con el extesorero tras el estreno—. “La gente veía encarnado lo que había leído en la prensa, la recreación, y no hay nada tan atractivo como un hecho real”, explica en conversación telefónica Casablanc, que estuvo nominado como mejor intérprete a los Goya por su actuación. “La actualidad es un caldo de cultivo muy rico. Debería haber más, desde obras en centros nacionales hasta musicales en la Gran Vía. El tema de la corrupción es una ciénaga que nos está ahogando. Da para series, películas y obras a punta de pala”.

Cartel promocional de la película 'Selfie'
Cartel promocional de la película 'Selfie'

La dramatización de aquel interrogatorio abrió un fuego que ha tardado en prender en los escenarios. La llama se iba calentando en los juzgados con un chorreo imparable de casos e investigaciones. Y en esa misma línea de Ruz-Bárcenas de teatro documental, el dramaturgo Jorge-Yamam Serrano tomó la conversación entre Alicia Sánchez Camacho, presidenta en 2010 del PP en Cataluña, y la exnovia de Jordi Pujol Ferrusola Victoria Álvarez, grabada con micrófono oculto por la agencia Método 3 y filtrada también a la prensa, como base de la pieza Camargate 1.1. Aquella entrevista no ocurrió en un juzgado, sino en el restaurante barcelonés La Camarga, y sumada a declaraciones posteriores, sin añadir ni inventar nada, fue presentada como pieza de teatro primero en Barcelona y más adelante en el Teatro del Barrio de Madrid justo el fin de semana de las elecciones de diciembre de 2015.

Ese mismo año, con un proceso electoral que acabó prolongándose hasta el siguiente verano de 2016, fue el que eligió para rodar el director Víctor García León, “y la corrupción salió sola”, explica el director de Selfie. Su película, estrenada este verano, sigue los pasos de Bosco tras el encarcelamiento de su padre, imputado por una escandalosa y millonaria trama de corrupción política. El peregrinaje desde la exclusiva urbanización madrileña donde vivía con sus padres hasta el barrio de Lavapiés, y desde el ambiente de las juventudes del PP hasta los círculos de Podemos, termina esa noche electoral de diciembre de 2015 con un peculiar trío que asume la ausencia de una mayoría parlamentaria encogiéndose de hombros y concluyendo que ellos no están tan mal. “

“En este país, el poder da más para Berlanga que para Bergman”, declaró el cineasta Víctor García León

La corrupción es una vertiente interesante no sólo por el delito en sí, sino por todo lo que infecta, la familia y los amigos. Se crea un ecosistema moral que nos pringa a todos”, explicaba durante la promoción del filme el director. Su objetivo, asegura García León, fue sacar una fotografía, una instantánea de un momento moral, contextualizar la corrupción, “no soltar ideas a ladrillazos; era fundamental intentar que no fuera un panfleto”. La comedia le pareció el género más atinado. “¿Cuándo ha habido en este país un concepto sano de lo público?”, apuntaba. “En este país, el poder da más para Berlanga que para Bergman. Parece que si uno se sienta a pensar le da una insolación. Somos refractarios al idealismo intelectual. Todos somos responsables de un sistema corrupto”.

La familia parece ser una de las claves en el retrato y reflexión sobre la corrupción en España. Si en Selfie el protagonista es el hijo de un exministro preso en Soto del Real, en Refugio, la obra que Miguel del Arco presentó esta primavera en el teatro María Guerrero de Madrid, la familia al completo tomaba la escena. “Es importante reflexionar sobre lo que cada uno aportamos a esa idea de corrupción. Si tienes la posibilidad de colocar a tus hijos, ¿dices que no? ¿Te niegas a llevarte un 3% en una concesión de una obra? ¿Y a saltarte la lista de espera porque tienes un amigo que conoce al médico? Hay una cuota íntima en todo esto”, explicaba Del Arco, codirector del teatro Pavón Kamikaze de Madrid.

“La ficción exitosa hace que el espectador se plantee preguntas incómodas”,
dice Rodrigo Sorogoyen

Refugio arranca con una sesión de coaching, una tensa entrevista entre el político protagonista y su asesora. “La línea vertebral de la obra tiene que ver con quien tiene el poder de la palabra. En España hemos normalizado cosas que no son normales”. Quizá puede que sea por esto por lo que la ficción resulta un arma importante y atractiva para los creadores. Rodrigo Sorogoyen, inmerso este verano en el rodaje de El reino, un thriller sobre la corrupción en España que ha coescrito de nuevo con Isabel Peña, no tiene duda de que permite aportar más matices: “La ficción, cuando es exitosa, te hace darte de bruces con la realidad y hace que el espectador se plantee preguntas incómodas”. El director de Que Dios nos perdone piensa que su generación siente la necesidad de hablar de lo que está pasando. “Los más mayores creo que se sienten derrotados, se sienten engañados”. Después de tanto titular y metraje a la puerta de los juzgados, de tantos euros amañados y fraudes, ¿no busca el público evasión y entretenimiento? “Eso aún no lo sabemos, ahora se trata de quitar esa pregunta”, dice Sorogoyen.

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