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Guindos, sé fuerte

El PP trata de encubrir la responsabilidad de Rajoy con el fusible del ministro y ajeno al escándalo parlamentario que se avecina

El ministro de Economía en funciones, Luis de Guindos.
El ministro de Economía en funciones, Luis de Guindos. EFE

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El conato de atisbo de amago a la infalibilidad de Rajoy pretende purgarse en el PP con el sacrificio de los personajes subalternos. Produce, por ejemplo, compasión la vulnerabilidad de José Manuel Soria. Se diría que todas las crisis que admiten los populares empiezan y terminan con el exministro.  "Que renuncie Soria" adquiere así el valor de un cataplasma genérico para remediar cualquier problema político.

El último consiste en aliviar la responsabilidad de Mariano Rajoy en la trama del Banco Mundial. Pretenden sus costaleros sustraerlo de toda implicación. Un ejercicio voluntarioso e inducido de sumisión que aspira a apaciguar la rebelión de los barones y concentrar la culpa, toda la culpa, en la iniciativa del ministro De Guindos.

Se le acusa de haber enredado a Rajoy en el escándalo y de haberlo involucrado en las mentiras, aunque esta versión se resiente de un problema de credibilidad. Primero porque las grandes decisiones del PP las adopta Rajoy desde sus consabidos cesarismo y autocracia. Y en segundo lugar porque el caso Soria se antoja un pretexto para organizarle un sabotaje a De Guindos. Que no pertenece a la familia. Que aspiraba a cobrarse una hipervicepresidencia sobre el cadáver de Montoro. Y que se arriesga ahora a la carbonización del fuego amigo porque la exhibición de un trofeo de caza tan vistoso como el suyo disimularía la connivencia de Mariano Rajoy.

Es bastante viejo el recurso del fusible, aunque resulta bastante estéril recurrir a él para trasladar la imagen de un presidente que no se entera de sus decisiones y relativizar los enormes daños del "expediente Soria". Enormes porque la insólita promoción del exministro a Washington ha roto el principio de lealtad absoluta al presidente; porque representa un caso extremo de torpeza y de soberbia en la incredulidad de la opinión pública; porque conlleva el oprobio de De Guindos en el contexto de las rencillas domésticas; porque regala a la oposición un argumento providencial sobre la inmoralidad del marianismo; y porque malogra seriamente las relaciones con Ciudadanos, hasta el extremo de que Albert Rivera se ha adherido al PSOE y a Podemos con el propósito de que las responsabilidades se diriman en el ruedo del parlamento.

Decía ayer Alfonso Alonso, candidato a lehendakari, que el caso Soria se había resuelto con la renuncia de su protagonista. Conmueven la intentona y la pedagogía de la expiación, pero ocurre que el caso Soria, al contrario, se encuentra en una fase incendiaria y de consecuencias imprevisibles. Rajoy ha mentido. Ha fomentado un ejercicio de amiguismo. Y pretende encubrirlo sacrificando a Tom Hagen. Aquel abogado de la familia Corleone que nunca tuvo la sangre la familia.

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