Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra

Una apuesta de 52 hectáreas

Villar de Cañas contiene la respiración ante las dudas sobre el ATC

José María Bilbao, en el hostal de Villar de Cañas. Ampliar foto
José María Bilbao, en el hostal de Villar de Cañas.

100.000 euros de apuesta a 15 años. “Prefiero no pensar que no se va a hacer, porque si no, a ver qué hago”. La apuesta de Luis María Bilbao ha sido transformar la casa de su suegra, en Villar de Cañas, en un hostal de nueve habitaciones. Después de 24 meses en paro, este ilustrador de 52 años miró a este pequeño pueblo de Cuenca atraído por la promesa de que allí se haría el Almacén Temporal Centralizado (ATC) para residuos nucleares. Pidió un crédito y dejó en Madrid a su mujer —una abogada que también se ha quedado sin trabajo— y a sus dos hijos.

Bilbao cuenta su historia en el comedor de su reluciente hostal, El rincón de La Mancha. Abrió en octubre. Son las 12 de la mañana y aún todo está tranquilo. Dos horas después, el salón se llena de chalecos reflectantes y polvo. Trece de los trabajadores que están acondicionando la carretera CM-3118, que une este municipio con Villares del Saz, se sientan para comer guisantes con jamón y costillas. Por la noche, tiene las nueve habitaciones llenas.

Un paseo por este pueblo de alrededor de medio millar de habitantes podría dar a entender que es uno más de esos municipios de Castilla-La Mancha con una población que cae en picado. Pero hay algo que no cuadra. ¿Qué hace una oficina de Sacyr en un pueblecito de Cuenca? Esta constructora es la encargada de la reforma de los ocho kilómetros de una de las carreteras de acceso a Villar de Cañas. “Aquí hay gente trabajando de Ciudad Real, Toledo y Málaga”, cuenta un peón.

El alcalde, José María Saiz (PP), afirma que el ATC ha supuesto ya una revolución desde que su municipio fue el elegido, en diciembre de 2011. “Éramos 450 habitantes y ahora somos 550. Íbamos a cerrar la escuela y hemos contratado a una maestra”. Saiz no duda: el almacén para residuos nucleares se construirá. “Se va a hacer gobierne quien gobierne, porque es una obra de Estado. Lo que pasa ahora es que, a lo mejor, tarda un poco más”, cuenta junto a la valla que rodea las 52 hectáreas en las que está previsto que se haga el ATC. “Sería un disgusto muy grande”, dice cuando se le insiste sobre la posibilidad de que se cancele el proyecto. Pero no tarda un segundo en añadir: “Es imposible que no se haga”.

Detrás del alcalde están esas 52 hectáreas por las que muchos, de dentro y fuera del pueblo, han apostado. Frente a él, en otra finca aneja, hay tres naves y trajín de carpinteros. Se trata de un vivero de empresas, un laboratorio y un auditorio para Enresa. “El lunes recepcionamos la obra”, anuncia Ricardo Sánchez, jefe de obra de OHL, encargada de la construcción del vivero, que ha costado 2,4 millones. Sánchez tampoco es de Villar de Cañas. Vino hace un año desde Alcobendas (Madrid). “En cualquier suelo se puede construir”, dice sobre las dudas que han surgido en los últimos meses sobre los terrenos. “Solo hay que aclarar las dudas”, añade mientras atiende a los operarios que están dando los últimos retoques al proyecto. Enresa, encargada del ATC, está montando una exposición en una de las naves, que se prevé que se inaugure a mediados de marzo.

Y ¿qué hace una empresa de ingeniería en el centro del pueblo? Es Asteco, la primera empresa de este tipo que se instaló en Villar de Cañas al albur del ATC. Santiago Escobedo es uno de sus fundadores. Se trata de un arquitecto valenciano de 28 años que dejó su trabajo en República Checa hace tres para emprender esta aventura conquense. Ahora son cinco trabajadores y Escobedo hace un balance positivo de su apuesta. “No me genera dudas el suelo”, dice sobre los terrenos para el ATC.

En la oficina del banco Globalcaja también han notado la influencia del proyecto. “Varias empresas han abierto cuentas y el volumen de negocio ha aumentado”, explica un empleado. Y, cómo no, en el bar La Mezquita también se nota. “Yo tengo un piso alquilado en Villares del Saz a un ingeniero”, detalla el vecino Domingo Olmo mientras se toma un vino. Eso sí, todos coinciden en que solo ha llegado un porcentaje muy pequeño de lo que se espera para cuando comiencen las obras principales del ATC, cuya adjudicación ha sido paralizada ahora por el Gobierno hasta que el Consejo de Seguridad Nuclear termine sus informes.

Más información