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La gestión de la crisis aleja a Rajoy del Gobierno madrileño

El portavoz del PP critica ante Mato al consejero Rodríguez por culpar a Romero de ocultar que trató a enfermos de ébola: “Las declaraciones son desafortunadas”

Ana Mato en la reunión con los portavoces parlamentarios.
Ana Mato en la reunión con los portavoces parlamentarios.

La gestión de la crisis del ébola reabrió ayer las hostilidades entre los Gobiernos de Ignacio González y de Mariano Rajoy o, lo que es lo mismo, entre el PP madrileño y la dirección nacional del Partido Popular. La estrategia inicial del consejero madrileño de Sanidad, Francisco Javier Rodríguez, de responsabilizar a Teresa Romero de su contagio por el virus provocó las críticas de la oposición pero también le distanciaron del Ejecutivo estatal y de la dirección nacional del PP.

Esta mañana, el presidente de la Comunidad de Madrid, Ignacio González, ha reconocido que el consejero de Sanidad, Javier Rodríguez, no ha estado "nada afortunado" en sus declaraciones de los "últimos días", y ha añadido que ya se lo ha dicho él mismo personalmente y que el consejero lo ha reconocido, en parte. Informa Ángeles García.

"El consejero no ha estado nada afortunado en sus declaraciones, en las forma de manifestarse de los últimos días. Se lo he dicho personalmente y él es consciente de que no ha estado afortunado en algunas de las declaraciones", ha afirmado González que no ha querido responder a la pregunta de si le ha pedido su dimisión.

El presidente autonómico ha defendido que hay que centrarse en combatir la enfermedad y ha recordado que está a favor de la creación de una comisión a nivel nacional que incorpore cuantos más profesionales y expertos "que ayuden a administrar la situación".

Rodríguez ha señalado, entre otras cosas, que Teresa Romero, la paciente contagiada por ébola, había ocultado que había tenido contacto con los misioneros infectados o que si la mujer había ido a la peluquería, no se encontraría tan mal. También ha indicado que no hace falta estudiar un máster para aprender a ponerse o quitarse un traje.

 

 

En su comparecencia el miércoles en la Asamblea de Madrid Rodríguez destacó que Romero reconoció ese día que podía haber cometido un error al quitarse el traje de protección. “Todo este tiempo lo negó sistemáticamente, como ocultó que había tratado a los dos enfermos de ébola a su médico de atención primaria”, la señaló Rodríguez. “Esto es de mi cosecha, pero no descarto que nos pudo haber estado mintiendo”, la acusó el consejero, que también destacó que después de ir al médico se fue a depilar a una peluquería. “Tan mal no estaría para ir a la peluquería”, rezongó ayer Rodríguez, que asumió la cartera de Sanidad madrileña tras la dimisión de Javier Fernández-Lasquetty por su desgaste en el intento de privatización de la gestión de seis hospitales.

Aunque Rodríguez matizó posteriormente sus declaraciones —“No creo que sea una negligencia, igual hizo un gesto instintivamente que ni valoró, pero no la responsabilizo. Involuntariamente ha tenido un accidente, bastante tiene con lo que tiene”—, las palabras del responsable de la sanidad de Madrid no encontraron el respaldo del Ejecutivo de Rajoy ni en el PP, hasta el punto de que la presión política sobre él crece sin que nadie le respalde.

En la reunión de la ministra de Sanidad, Ana Mato, con los portavoces parlamentarios de todos los grupos, quedó muy en evidencia esa distancia, según varios de los presentes. El que habló más claro y de forma muy dura fue el portavoz del PP, Rubén Moreno. Se sumó a las críticas de algunos portavoces de la oposición y dijo que las palabras del consejero madrileño habían sido “desafortunadas”. En otro momento llegó a plantear que había sido “algo más que un error”. La dureza de su crítica, nada habitual entre miembros del mismo partido, llamó la atención a varios portavoces de otros grupos. La ministra no criticó expresamente al consejero, pero cuando alguno de los portavoces le pidió que se parara la campaña contra la enfermera ella dijo que el Gobierno no pretendía responsabilizarla y que no se sacarían conclusiones oficiales hasta el final de la investigación, una forma indirecta de desautorizar al consejero. Rodríguez no se sentó en la mesa con Mato en la única rueda de prensa que ella ha ofrecido, el lunes, algo que llamó la atención a varios dirigentes políticos.

En esta batalla soterrada entre los dos Ejecutivos, el Gobierno de Ignacio González se escudó ayer en los protocolos de seguridad, competencia estatal, y eludió responder a las negligencias que se han producido en la crisis por el ébola. “La Comunidad no ha cometido errores en la aplicación del protocolo. Los protocolos del Ministerio de Sanidad se han cumplido y han funcionado”, se enrocó el portavoz del Gobierno madrileño, Salvador Victoria.

En su comparecencia no hubo la menor autocrítica. Ni respuestas a la cadena de errores producidos. Por poner dos ejemplos, Juan Manuel Parra, el médico que atendió durante 16 horas a Romero el lunes en el hospital de Alcorcón hasta su traslado al Carlos III, denunció que las mangas de su equipo de protección le quedaban cortas. A su vez, la ambulancia que trasladó a Romero al hospital de Alcorcón tampoco cumplía el protocolo de seguridad, ya que la cabina de los conductores no estaba aislada de la parte del vehículo donde se trasladó a la infectada. La ambulancia recogió posteriormente a otros siete pacientes sin ser esterilizada. Uno de los operarios que subió al piso de Romero iba protegido con guantes, mascarilla y una bata de papel.

Victoria insistió en varias ocasiones en que los protocolos dependen del Ministerio de Ana Mato, mientras a su vez portavoces de este departamento insisten en que su aplicación y el control de todos los médicos y enfermeros y de las instalaciones necesarias para hacer frente al ébola dependen de la Comunidad.

El consejero recibió críticas también de la oposición madrileña. José Manuel Freire, el portavoz socialista de Sanidad en la Asamblea de Madrid, lamentó las declaraciones “imprudentes” de Rodríguez y su estilo “bronco”. Rubén Bejarano (IU), pidió la dimisión del consejero. Él afirmó previamente que “si tuviera que dimitir, dimitiría”. El consejero afirmó que no tiene “apego” al cargo y “afortunadamente” tiene la “vida resuelta”. Rodríguez es catedrático de Patología General y jefe de la Unidad de Hipertensión del Hospital Gregorio Marañón. Antes de su nombramiento, era actual portavoz de Sanidad del PP en el Parlamento regional.

“Sus declaraciones le dejan en una situación insostenible y le dejan como mal referente de la Marca España, al descargar responsabilidades en la cadena de fallos humanos. Lo suyo no es un error en la estrategia de comunicación, es una irresponsabilidad política”, le reprochó Enrique Normand. El diputado regional de UPyD recordó a Rodríguez que su objetivo cuando relevó a Lasquetty era “recomponer” las relaciones con los profesionales del sector sanitario. “No lo ha conseguido”, concluyó.

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