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DECLARACIÓN DE LA PINTORA QUE MEDIó EN UNA VENTA DE CUADROS SOSPECHOSA

“Los cuadros no los he visto nunca y a la mujer de Bárcenas no la conozco”

Ruz interroga este jueves al extesorero y su esposa por falsedad y fraude procesal

La pintora y restauradora argentina Isabel Mackinlay no ha visto en su vida a Rosalía Iglesias, la esposa de Luis Bárcenas, nunca ha estado en Madrid ni jamás ha visto los dos cuadros que supuestamente se encargó de vender para el extesorero. Eso fue lo que dijo la pintora en su declaración ante el juez Pablo Ruz (a la que ha tenido acceso EL PAÍS) cuando se le preguntó por las entrañas de la supuesta venta de obras de arte en que ella hizo de marchante (sin serlo) y que sirvió para que la pareja del extesorero del PP justificase un ingreso en su cuenta de 500.000 euros en billetes de 500. El instructor del caso Gürtel ha citado este jueves a declarar a Bárcenas e Iglesias, acusados de fraude procesal y falsedad en los documentos que entregó el extesorero en la Audiencia Nacional para hacer pasar por verdadera una venta de obras de arte en la que no cuadra nada y todo está repleto “de inconsistencias”, como dice Ruz.

El juez quiere saber cómo es posible que en los documentos supuestamente firmados por Makinlay e Iglesias ponga que el contrato se cerró en Madrid, donde la argentina no ha estado jamás; o cómo puede ser que Bárcenas estuviera en 2006 en Buenos Aires cuando la policía (la brigada de Blanqueo de Capitales) ha comprobado que la primera vez que este fue a la capital argentina fue en marzo de 2007; o qué efecto espacio temporal permite que se firme un documento en 2004 con alguien a quien se conoce al año siguiente. Y sobre todo, si los papeles para justificar los 500.000 euros son verdaderos.

“¿Qué relación ha tenido usted con el señor Bárcenas?”, le preguntó el juez Ruz el pasado 5 de junio a Isabel Mackinlay, sentada frente a una cámara en Buenos Aires y conectada con Madrid por videoconferencia:

“Yo he firmado unos papeles en la oficina de un amigo, en donde estaba un señor español que yo en ese momento no conocía. Muchos meses después, viéndolo por Internet, supe que era el señor Bárcenas”, contesta la mujer quien añade: “Tomé café en presencia del señor Bárcenas; lo vi cinco minutos y nunca más, ni antes ni después”.

La pintora explica que la reunión se celebró “en la oficina de La Moraleja [en la calle Talcahuano de Buenos Aires], que pertenece al jefe de Patricio [Bel, recurrente factótum de Bárcenas en sus negocios americanos], el señor Ángel Sanchis”. Este es otro extesorero del PP, quien posee un imperio agrícola en Argentina, llamado La Moraleja (SA), y que en los informes policiales y de Hacienda sobre Bárcenas entra y sale como socio, amigo y negociante de Bárcenas.

La mujer cuenta que conoció a Bel en 2005. ¿Y cómo entonces pudo firmar el contrato de venta en 2004? “Patricio me dijo ‘no te preocupes ni de las fechas ni de las gentes; son toda gente que yo conozco... Y ese fue mi grave error, haber confiado en Patricio Bel”. Este fue quien ofreció a la pintora ganarse un dinero (1.500 dólares) por hacer de mediadora en la compra de dos cuadros que supuestamente fueron vendidos por una abuela de Bárcenas a la mujer de este y que Iglesias quería ahora vender (o fingir su venta, como sospecha el juez). Los contratos de mediación (el original y otro rectificado) tienen fechas de 2004 y 2006. En ambos figura la esposa de Bárcenas.

“A la señora Rosalía Iglesias, ¿la conoce?”, inquiere el juez.

“Nunca, no la he conocido nunca, no la he visto, nada no, absolutamente”, replica la pintora, tajante. El juez insiste en el primer contrato entre la marchante y la mujer de Bárcenas. “Verá”, arranca Ruz, “en ese papel dice que se hace en Madrid el 15 de noviembre de 2004 ¿Usted estuvo en Madrid en esa fecha o no?”

Makinlay: “Yo no he estado nunca en Madrid (...) Yo recuerdo haberle preguntado por qué el pasaporte francés [la pintora antes se llamaba Ardanaz, por el matrimonio con un diplomático francés], por qué la fecha y por qué Madrid, sobretodo, [porque] estábamos firmando acá y me dijo que eso era cosa corriente que no me preocupara”.

El contrato quedó en palanca y se reactivó con alguna modificación (se cambió una de las obras) el 19 enero de 2006. El documento recoge que Rosalía Iglesias entregó “en ese acto a Isabel Ardanaz [Makinley tras su divorcio] los cuadros” y que la mujer de Bárcenas recibió en ese momento (y así lo firma) “500.000 euros”. Y ese mismo día, Iglesias ingresó esa cantidad, en billetes de 500 euros, en una sucursal de Caja Madrid en la capital española, a 10.000 kilómetros de distancia de donde estaba la pintora, que jamás ha visto Madrid.

“¿Usted ha visto físicamente esos cuadros?”, le preguntó el abogado de Adade a Makinlay.

La pintora y restauradora replica: “No, nunca”.

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