Los barones buscan distancia de Rajoy

Casi todos, algunos de forma rotunda, buscan una imagen propia para mitigar el desgaste Aguirre está sola en su ataque directo, pero los demás están preocupados por sus elecciones

De izquierda a derecha: Mato, Cospedal, Montoro, Gallardón, Rajoy, Feijóo, Pons, Arenas, Monago y García Escudero, en un comité ejecutivo del PP en 2011.
De izquierda a derecha: Mato, Cospedal, Montoro, Gallardón, Rajoy, Feijóo, Pons, Arenas, Monago y García Escudero, en un comité ejecutivo del PP en 2011.ANXO IGLESIAS

El PP siempre fue el partido del discurso único en toda España. Pero las cosas están cambiando a toda velocidad. “Es bueno que cada uno defienda lo suyo”, dijo el viernes la vicepresidenta, Soraya Sáenz de Santamaría, cuando le preguntaron por unas declaraciones de Alicia Sánchez-Camacho, líder del PP catalán, en las que directamente exigía a Cristóbal Montoro que concediera a su comunidad un déficit para 2013 del 1,8%, muy superior al 1,2 marcado por el Ejecutivo como media para las autonomías.

Santamaría, como los demás miembros del Ejecutivo, es consciente del ambiente de enorme preocupación que se vive en las direcciones regionales del PP, en los Gobiernos autónomos, en las llamadas baronías. Todos están empezando a temer por sus puestos, por sus cómodas mayorías absolutas. Y cada vez es más evidente, especialmente en algunos, según admiten barones y dirigentes consultados, el intento por alejarse del deterioro de la imagen del Gobierno. El Ejecutivo y especialmente el presidente están hundidos en las encuestas, y los dirigentes autonómicos tratan de marcar perfil propio. Las ausencias de esta semana en la cita en Génova, 13 con Rajoy fueron muy comentadas —cinco barones clave no acudieron con distintas justificaciones— pero ni siquiera son lo más relevante, explican otros dirigentes. Lo más importante son los discursos y gestos públicos de cada uno para intentar diferenciarse del Ejecutivo.

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La única que ha mostrado abiertamente sus críticas a la línea del Gobierno es Esperanza Aguirre, presidenta del PP de Madrid. Pero ella, analizan diversos dirigentes, no lidera ningún grupo. De hecho se quedó muy sola, como es habitual, en sus críticas a la subida de impuestos y en especial a Montoro, el ministro de Hacienda. Nadie apoyó a Aguirre. Pero algunos dirigentes notaron otra novedad: nadie la siguió, pero tampoco ningún barón habló contra ella, al contrario de lo habitual. Prefirieron dejar que la batalla fuera entre ella y Montoro. Ese silencio y algunas ausencias como la de la muy influyente Luisa Fernanda Rudi muestran, según este análisis, la preocupación de los barones por la situación política y su intento de no aparecer ni en fotos ni en gestos muy próximos al Gobierno.

Los demás por tanto no siguen a Aguirre, pero sí buscan su manera de diferenciarse. Algunos de forma muy evidente, como José Antonio Monago, el extremeño, otros de manera más sutil pero igualmente buscada. A Monago se le justifica siempre por su compleja realidad política: su puesto depende de que IU y PSOE no pacten una moción de censura que ahora mismo se antoja imposible. Pero él ha dado un paso más esta semana y no solo ha anunciado bajadas de impuestos en pleno debate interno sobre la subida del Gobierno, sino que además ha planteado un gran pacto de Estado precisamente cuando Rajoy lo ha descartado en el Congreso.

Lo cierto es que el ambiente está tan complicado que de momento tanto Montoro, desde el Gobierno, como Dolores de Cospedal y Javier Arenas, desde el PP, trabajan para suavizar la tensión interna en cuestiones clave como el reparto del objetivo del déficit. Pero la situación está lejos de resolverse. Tanto es así que de momento no hay fecha ni para el Consejo de Política Fiscal que debería cerrar ese acuerdo ni para la reunión de los barones del PP con el presidente de la que se lleva hablando varias semanas. Tanto se retrasa esa cita que el propio Alberto Núñez Feijóo, el presidente gallego, ha llegado a plantear que los presidentes, no solo los del PP, deberían establecer foros en los que reunirse sin la necesidad de que esté presente Rajoy. Feijóo dijo además que al Ejecutivo le falta “relato”, una forma de distanciarse más que evidente.

Otros, como el madrileño Ignacio González, sin llegar al nivel de críticas de su mentora, Aguirre, se diferencia con su rechazo a subir impuestos —ni siquiera aplica el de patrimonio— y sus discursos. El valenciano Alberto Fabra es más sutil y se concentra en sus críticas a la financiación. José Ramón Bauzá, el de Baleares, también va en esta línea y esta semana llegó a argumentar que no encontraba vuelo a Madrid para no acudir a la reunión con Rajoy. Juan Vicente Herrera, aunque no tiene intenciones de ser candidato, lleva meses con gestos de distanciamiento. Ramón Luis Valcárcel, que tampoco repetirá, fue tajante en el anterior Comité Ejecutivo al reclamar que él no aceptaría en el déficit ni un gramo menos de lo que le den a Cataluña.

“No pueden pedir que nos quememos con ellos”, resume un presidente

“Evidentemente, todo lo que hacen en el Gobierno nos afecta. Esta sensación depresiva generalizada nos afecta. Y la mala imagen del Gobierno nos perjudica. Todos somos PP y la gente tiende a vernos como un bloque. Es lógico que cada presidente busque perfiles propios”, explica un barón autonómico. “Es muy difícil la situación que tiene el Gobierno. Todos lo sabemos. Es evidente que podrían comunicar mejor pero en general en los barones hay comprensión hacia el Ejecutivo, sabemos que no es fácil. Pero lo que no nos pueden pedir es que nos quememos con ellos. Por eso es lógico que cada uno busque su perfil en su comunidad, para diferenciarse, aunque no hay ningún enfrentamiento serio con el Ejecutivo”, resume un presidente.

“La más enfadada de todos es nuestra gente. Son los votantes del PP los que más rechazan la subida de impuestos, por ejemplo, y sobre todo los que más frustrados están porque esperaban otra cosa, no que les digan que en cuatro años no se va a resolver el paro. Por eso el trabajo es más difícil. No se trata de luchar contra el PSOE, que está hundido, sino contra la desmoralización de nuestras filas, y para eso cada presidente autonómico busca sus propias técnicas sin atacar directamente al Gobierno, este es un partido muy presidencialista y muy disciplinado”, señala otro.

“Estamos en el momento más bajo. La gran duda es si nos dará tiempo a recuperar la confianza de los nuestros. Eso no se hace en dos días. Y aunque queda mucho para las autonómicas, dos años, el calendario es muy malo para los barones, como les pasó a los socialistas en 2011: vienen antes las autonómicas que las generales, y eso hace que la gente que tiene ganas de castigar al PP tendrá la primera oportunidad seria en las autonómicas, porque las europeas son unas elecciones irrelevantes”, analiza un dirigente.

La mayoría de los barones rechaza abiertamente el déficit a la carta

Aunque aún queda mucho tiempo, algunos barones tienen en la cabeza una imagen de 2012. Es la foto del fracaso de Andalucía: Cristóbal Montoro y Fátima Báñez flanquean a Javier Arenas en el balcón de la sede de Sevilla. Arenas hizo mucha campaña con ellos por toda Andalucía. Fue su gran error, admitido incluso en su entorno. La imagen de Montoro y Báñez, en un Gobierno que ya por entonces había aprobado la mayor subida de impuestos de la democracia y una durísima reforma laboral, desanimó a muchos votantes del PP.

El asunto del déficit a la carta está mostrando a las claras esos intentos. La última vez que Montoro citó a los consejeros de Hacienda, la reunión fue muy tensa y varios, en especial Pilar del Olmo, de Castilla y León, le expusieron sus críticas y le reprocharon que no reciben apenas información, que se enteran de las decisiones clave por la prensa. Los barones están indignados porque tienen la sensación de que Montoro va a favorecer a Cataluña por motivos políticos. Arenas tuvo que mediar, según algunos asistentes, y prometer que habría más coordinación. Pero Montoro prometió en esa cita que les daría hasta un 1,5% de déficit y finalmente lo ha dejado en 1,2%. El déficit es el tema central en este momento para mostrar distancia del Ejecutivo. Pero habrá otros, y si el Gobierno sigue con esta mala imagen, los gestos aumentarán a medida que se acerquen las elecciones. Nadie va contra el Gobierno, pero lo primero es lo primero, y eso casi siempre es ganar las elecciones.

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